Nacional

Concepción Acevedo De La Llata Una queretana en la historia

Por domingo 29 de septiembre de 2013 Sin Comentarios

Por Andrés Garrido del Toral*

Concepcion-Acevedo1Nació en Querétaro en 1883, otros dicen que en 1891, lo cual representa una gran diferencia. Desde los 17 años se dedicó a la vida religiosa, ingresando a los 19 años a la Orden de las Capuchinas Sacramentarias. A partir de 1924, fue superiora del convento Hijas de María. Lo hizo aceptando el voto de silencio o, al menos, aceptando un estado en el que su palabra debía reducirse al mínimo. El aislamiento permitía sostener ese voto. Su historia parecía destinada a recorrer un paradigma compartido por otras jóvenes que vivían el desamparo económico, social, moral e ideológico de esos años tan duros —caída de don Porfirio, auge y esplendor de la Revolución, lucha fratricida de y entre los caudillos revolucionarios—. En ese marco la fe brindaba un albergue a los más desamparados. Las mujeres sumaban a esa situación la devastación del ninguneo. Se trataba no sólo de un refugio económico, también era un asilo espiritual.

En noviembre de 1925 el Congreso de la Unión procedió a modificar los artículos 82 y 83 de la Constitución. La modificación dio un toque de legalidad a la ruptura de la palabra empeñada: “No reelección”. Era un pacto de palabra entre los jefes revolucionarios, una palabra de honor pronunciada por quienes sostenían una posición de amos en la evolución. No se trataba sólo de que un presidente no volviese a ocupar ese lugar, se trataba de garantizar a los demás caudillos la rotación del poder. El general Obregón ganó una batalla legal al obtener esas modificaciones, y en el mismo momento perdió el amparo de la palabra empeñada. El 17 de julio de 1928 en el restaurante La Bombilla, de San Ángel, mientras el maestro Alfonso Esparza Oteo interpretaba “Limoncito”, un corazón partido por un limón, Obregón caía de bruces: una bala se albergó en el corazón, lo partió. La acción fue ejecutada por un dibujante de caricaturas, que con el nombre de “Juan” integraba las brigadas de Liga de Defensa de la Religión en la ciudad de México. Cuatro días después serían conocidos su nombre y apellido: José de León Toral. Luego se le conduce con una persona que daría plena “fe de su palabra”: “Actuó solo…” Al corazón partido de Obregón se le ofrecía otro corazón para dar consistencia a una declaración, deterioro de la palabra al requerir de otra cosa —un fragmento del cuerpo— para darle consistencia. Así irrumpe en el escenario trágico de la historia de México, Concepción Acevedo de la Llata. Esa proposición toral fue la prueba necesaria y suficiente para montar la matriz de un complot: un autor material supeditado a una autora “espiritual”. “Juan” cambió su vida por la de Obregón y fue reconocido como “José de León Toral”, mientras ella sería conocida como “La Madre Conchita”.

Esa acción toral ofrece a la luz pública otro nombre: la Madre Conchita. Una monja, María Concepción Acevedo de la Llata, destinada a la devastación, consagrada al silencio para sostener su amor por el Señor, “hace” de ese amor la causa espiritual que permite la desaparición de un señor de la guerra. Ella saltó con su voz a la vida pública. La Madre Conchita decía que “los designios divinos requieren a veces de una ayuda”. Ante el fiscal reconoce la amenaza de esas palabras y añade: “Eso era algo de lo cual todo el mundo hablaba”. En efecto, el Vox Populi había pronunciado esa sentencia y ella lo repetía. ¿Acaso no era verosímil? Semanas antes del atentado Toral escuchó en un tranvía que un rayo segó la vida del fundador de la aviación comercial en castigo por el supuesto bombardeo a una estatua de Cristo Rey, en Guanajuato. Conchita provocaba un severo malestar a la jerarquía de la Iglesia y a los personajes políticos del México de los caudillos. Los primeros no dudan en declarar que proviene de una familia de “degenerados”. Las “locas” de la Iglesia, no son “inspiradas por la fe”. Mientras que los fiscales y el procurador en turno querían velar cualquier viso de crimen político y allí encontraban a la monja queretana sosteniendo el retorno de lo reprimido: la muerte de Álvaro Obregón era un secreto compartido por el público y difundido entre los medios públicos de la época. Esa extraña coincidencia rodea cada uno de los casos de magnicidio: el criminal ejecuta una orden dictada ya, tiempo antes, por el Vox Populi. A esa voz nadie hace caso, comenzando por el afectado. Obregón rechazo la advertencia de sus cuatro atentados previos.

La monja que renunció a la voz, dejo que el Vox Populi se hiciera carne en y a través de ella. La Madre Conchita, una madre de los años locos, una monja paradigmática: escribe dos veces su biografía: una a pedido del director de la penitenciaría de las Islas Marías donde purgó una parte de los 20 años de su condena; luego, redactó otra: Yo, la Madre Conchita (Planeta, México). En la cárcel conoció a su hombre —Castro Balda— y se casó con él; ya en libertad recuperó su voz y subió a la escena, al escenario, recorriendo los teatros del país dando conferencias.

Concepcion-Acevedo2Antes, tras la implementación de la llamada Ley Calles por el presidente de México, Plutarco Elías Calles, en 1924, fijando penas en el Código Penal por violación en materia a cultos y enseñanzas, Concepción Acevedo y sus subordinadas son denunciadas por violar este código . Como consecuencia, sufren una persecución que las lleva a cambiar de domicilio de manera constante durante dos años.

La Madre Conchita”, a principios de 1928, acude de manera regular a las reuniones realizadas en casa del Chopo 133, donde se llevan a cabo conspiraciones a favor del movimiento Cristero y contra las recientes reformas del gobierno que limitaban el poder del clero en el país. En estas reuniones, conoce a José de León Toral y aunque al principio se sabe que las conversaciones se limitaron a temas de índole religiosa, en una de estas pláticas llegan a la conclusión que para solucionar los conflictos y conservar la influencia del catolicismo en el país debe morir el general Calles, Álvaro Obregón así como el Patriarca Pérez.

Concepción Acevedo dijo no recordar dicha plática, sin embargo existieron pruebas que fueron presentadas para ser acusada como instigadora y autora intelectual del asesinato de Álvaro Obregón.

Álvaro Obregón es asesinado por León Toral el 17 de julio de 1928 y el día 18 de julio de ese mismo año, Concepción Acevedo es aprendida, interrogada y torturada. El 6 de noviembre es declarada culpable en un juicio irregular y es condenada a prisión por 20 años, trasladándola a las Islas Marías el 14 de mayo de 1929. El 29 de mayo de 1932 regresa a la ciudad de México, y contrae matrimonio con Castro Balda, para de esta manera contar con privilegios a su retorno a las Islas Marías dos años después. El 20 de octubre de 1934 se efectúa la boda civil en las Islas Marías, y tras los privilegios otorgados, es liberada en 1940, 8 años antes de cumplir su condena.

Una vez en libertad se dedica a viajar por toda la República mexicana dando conferencias a dar conferencias acerca de su religión, sus vivencias, la persecución religiosa, su aprehensión, destierro y su liberación. También hace mención de como quisieron involucrarla con el movimiento cristero.

Tras su regreso a la ciudad de México se une a la Sociedad Civil Luz Fernández Semallera en apoyo a niños otomíes.

Ya en México su esposo Castro Balda se encontró con que nadie quería darle trabajo ya que había un boicot en su contra y para evitar represalias del gobierno nadie quiso comprometerse.

Un día se presentó el Sr. Isaac Araiza, jefe de redacción de la revista “Hoy”, contrató a Conchita para que escribiera una serie de artículos sobre temas de su vida. El compromiso fue escribir un artículo semanal de ocho cuartillas que fue bien recibido. La madre Conchita redactaba y Carlos Balda transcribía, y les pagaban $75.00 semanales.

Construyeron un internado para niños otomíes, un puente, un camino para entroncar a la carretera México -Laredo. Para todo esto influyó la madre Conchita ya que personalmente acudió a Margarita Rodríguez Aguilar, secretaria particular de la esposa del presidente de la República Adolfo Ruiz Cortines. Posteriormente les fue donado un automóvil para transportar a las madres que asistían a los niños otomíes en el internado y colegio. Obtuvo también un subsidio mensual del Monte de Piedad de mil pesos.

En 1965, en Madrid, de Gráficas Marciegas, S.A. salió a la luz, como edición privada, un libro de 638 páginas titulado; “Una Mártir de México”, por Concepción Acevedo de la Llata. Había pensado titularlo simplemente “Memorias” pero a sugerencia del Papa Juan XXIII se le cambió el titulo.

Dio varias entrevistas a los medios, la primera fue con Jacobo Zabludovsky en 1970, en 1978 con la periodista Cristina Ochoa para la revista “Siempre”.

En sus últimos años de vida, retoma la promoción de su religión y se dedica a dar entrevistas y relatar públicamente su versión de los hechos vividos en 1928 sobre todo por la insistencia de diferentes reporteros que la buscaban.

Muere en la Ciudad de México en 1978, a los 87 años, a causa de una crisis bronco respiratoria. Le fue permitido ser amortajada con su hábito de monja por permiso del Papa Pablo VI poco antes de morir éste. Y si estos elementos tan característicos de los años locos fueran pocos, su vivienda, lugar de sus funerales, se ubicaba en la misma calle y manzana del lugar al que fue conducido el cadáver de Obregón después del atentado.

Un Álvaro Obregón al que precisamente conoció en su natal ciudad de Santiago de Querétaro en el Congreso Constituyente al cruzarse con éste en las entonces bulliciosas calles del centro citadino no sin intercambiar pullas ideológicas, además de recibir piropos cargados de eróticas intenciones de parte del mujeriego militar.

*Cronista del Estado de Querétaro.

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