Nacional

LA MÚSICA TRADICIONAL MEXICANA Y LA INDEPENDENCIA

Por domingo 15 de septiembre de 2013 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

La-Musica-Tradicional1Hace unos ayeres, me preguntaba uno de mis alumnos en esa charla a veces deliciosa que se produce al término de la clase cuando las emociones quedan a flor de piel, especialmente las emociones que el amor a lo nuestro produce…

—Maestro… ¿Desde cuándo existe la música tradicional mexicana…? O sea… ¿A partir de cuándo debe o puede ser considerada así?

—Bueno, me acaba usted de poner en una situación difícil. Hablar de Música Mexicana, siempre será controversial. Y es que los tiempos atraviesan en miles de sentidos y direcciones este concepto de identificación nacionalista en tanto que su origen pluricultural.

Podríamos hablar, propiamente dicho, de música mexicana si nos referimos a la época prehispánica porque aún cuando no se tengan documentos o grabaciones de las mismas de manera directa, sí tenemos instrumentos y consignada de alguna manera en la memoria histórica así como por referencia de los musicólogos, que nos hablan de ésta en el México antiguo, una música que incluso no se sabe si mantenía un carácter pentafónico o ya multitonal dodecafónico como la música contemporánea occidental. Muchos de los instrumentos musicales prehispánicos que han sido encontrados, reproducen esos doce sonidos de nuestra escala, de tal manera que sería un tanto absurdo pensar que se hayan construido así para ejecutar solamente cinco sonidos. Desde ahí comienza la controversia de la música mexicana, la música de los mexicas, pues, para ser más claros. Lógicamente, hablar de mexicanidad en el sentido del mestizaje que sería lo que a partir de la colonia o la conquista misma sería lo adecuado, implica muchas otras consideraciones en torno a sentires y pensares que de manera relevante incluyen a la música.

Por unanimidad, se ha llegado a considerar como el comienzo de la música mexicana como resultado de una integración y una emoción territorial nacionalista (debemos recordar que aunque el imperio azteca era enorme, no dejaban de considerarse distintas naciones los pueblos tributarios del imperio) a los años de la segunda mitad del siglo XVIII, cuando poco después de 1750 surgen las primeras manifestaciones nacionalistas en los llamados sonecitos del país. Fue, según nos cuentan muchos historiadores musicólogos, durante el periodo del Virrey Fernando de Gálvez cuando se registran de forma contundente y pública, esas primeras músicas nacionales. Pero la música mexicana no era solamente una forma de divertimento para los habitantes de nuestro país de aquel entonces, no. Los sonecitos del país constituyeron un verdadero movimiento social que llegó a amenazar de tal manera la ideología de la corona, que se hizo necesario, en primera instancia, permitir (tal vez como válvula de escape) la inclusión de los sonecitos del país en los teatros y sitios donde también se ejecutaban tonadillas y demás canciones españolas tales como el Teatro Coliseo de la Metrópoli. Pero ¿cuál era el carácter amenazante de la entonces naciente música mexicana? Para comenzar, sirvió como aglutinante y posibilitador de una identificación popular alrededor de la música que surgió con características ya propias de un pueblo que tenía mucho en común sobre todo en sus ideales y búsquedas de identidad. Eso, per se, ya contenía un sentimiento independentista según aquellos que estaban a favor de la colonia. En los lugares donde se exponían los sonecitos del país, las emociones se inflamaban y resultaban ser verdaderos detonantes para manifestar inconformidades a manera de levantamientos y sublevaciones como preludio a una revolución generalizada. La música española de pronto fue amenazada por aquellas variantes de género musicales que por ser producto de ese México naciente, fueron llamadas justamente sonecitos del país. Seguidillas, fandangos y zapateados de origen español, fueron siendo sustituidos por los géneros nacionales tales como jarabes, jaranas, huapangos, gatos, rumbas, etc. Todos esos géneros fueron de inmediato condenados duramente por parte de las autoridades eclesiásticas quienes manifestaban su lealtad como siervos de la corona. Las autoridades virreinales entonces, comenzaron a negar los permisos para organizar fiestas y saraos donde se pudieran escuchar los tan llevados y traídos sonecitos del país. Prohibiciones iban y venían castigando a quienes ejecutaran dichos sones a “penas de vergüenza pública y dos años de presidio”. No logrando resultados totalmente favorables, se optó por castigar también a los espectadores de aquellos mitotes y danzas también con la cárcel. De nada sirvió… La fiebre nacionalista creció como reguero de pólvora para incendiar los ánimos independentistas convirtiéndose nuestros géneros tradicionales musicales en verdaderas armas complementarias y símbolos del nacionalismo junto con otros tales como la Virgen de Guadalupe… Poco a poco, los insurgentes, los levantados contra el reino, fueron tomando como himnos los llamados jarabes que habían sido prohibidos. Los Enanos, El Gato, El Palo, El Perico y otros sones fueron impresos y difundidos a nivel popular motivando el levantamiento o reforzándolo en su emoción. Con la consumación de la La-Musica-Tradicional2Independencia, los sonecitos del país en todos sus géneros, fueron ya ejecutados con toda libertad lo mismo en fiestas de rancherías que en los más elegantes salones e incluso en teatros a manera de concierto. Tanta fuerza cobró entonces la música mexicana que aquellos músicos o cantantes extranjeros que venían a México, se veían obligados a incluir en su repertorio uno o más números de la música tradicional del México naciente en su independencia. Ejemplos como el del violonchelista alemán Maximiliano Bohrer que incluyó en su programa una compilación de sones titulada “El Carnaval de México” o como Enrique de Hera quien compuso basado en muchos sonecitos del país lo que fue llamado “Aires Nacionales Mexicanos”, se hicieron más frecuentes cada vez obteniendo un éxito arrollador. La música tradicional mexicana, finalmente se había impuesto… Antes perseguida, ahora aplaudida y requerida en todos los ámbitos, contribuía a la cohesión popular bajo el principio de identidad nacional. Así pues, podemos hablar de música tradicional mexicana en su acepción actual, tal vez a partir de la guerra de Independencia y los sonecitos del país.

Considerándolo a manera de respuesta a aquellos mis alumnos con la inquietud por el origen de la mexicanidad en nuestra música.

*Cantante, compositor y escritor.

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