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EL BANQUETAZO DE DON ROQUE… HISTORIAS DE LA CAPITAL

Por domingo 9 de septiembre de 2012 2 Comentarios

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

“Ahora, hermano, repite conmigo en esta oración las palabras que te ayudarán a que todas aquellas cosas que tu corazón anhela y con gran fe vuela hasta el corazón del dueño del cerca y el junto… Ora conmigo y todo irá encontrando su camino…” El traje blanquísimo de manta aunado a la pluma, el pelo largo y grisáceo atado en cola de caballo, los collares y pulseras que se antojaban parte del ritual chamánico, complementaban de manera perfecta la imagen que junto con el sahumerio se movía alrededor de quien recibía la limpia… las palabras del chamán se alcanzaban a escuchar como murmullos a la distancia que estábamos de él… Hacia abajo, hacia los lados, haciendo movimientos en cruz, el incienso y el copal, lo sabía por el aroma del mismo, ahumaban todo el cuerpo que se abandonaba al ritual… La cara hacia el cielo, los ojos cerrados, las palmas al frente y los brazos semiabiertos para recibir el auxilio que por medio del curandero llegaba de algún misterioso sitio en el universo… La fila era de unas diez personas esperando la limpia… Una vez terminado el ritual, volví la vista al otro lado de la calle… Perfectamente bien pintados y ataviados, un par de payasitos (hombre y mujer), discutían cada vez más acaloradamente… Recargados en un remolque que parecía abandonado, parecían esperar que los papás de algún niño solicitaran sus servicios pero la discusión subía de tono y la chamba pasaba a segundo plano… Las miradas, de cuando en cuando, se volvían hacia ellos para seguir con cierto morbo el rumbo de la discusión… El oído se aguza para alcanzar a escuchar lo que ella argumenta y lo que él suplica, pero solamente percibo sonidos incoherentes… Intentando descifrar las palabras de los payasitos, llaman mi atención varios aplausos y un sonoro: “¡Pásele, pasele… Acá están sus mariscos frescos mire mire camarones, mojarra, pulpo, ostión que es el único y verdadero remedio para los efectos del tiempo en los caballeros, paseleeee…!” la voz salía de Roque, quien con un sombrero charro de palma animaba a los paseantes para sentarse a la mesa a disfrutar de los mariscos que con toda dilección, servían los meseros a diestra y siniestra en mesas a ambos lados de la calle… Javier Arteaga, mi compañero y gran intérprete del canto tradicional mexicano, me había recibido para indicarme dónde estacionar mi auto encargándoselo al viene viene y después del efusivo saludo de Roque nos dispusimos a disfrutar de los mariscos y del ambiente sin par que se vivía ahí, sobre la banqueta, justo atrás del Mercado de Sonora que goza de gran fama en todo lo referente a yerberías, remedios, hechizos, amuletos, etc. Al otro lado de la calle, frente a la mesa donde estaba sentado, había una gran sombrilla-camerino-cabinadesonido… No pude evitar fijarme que otro compañero, Memo Saucedo, preparaba su atuendo en el improvisado camerino al aire libre… De pronto la voz de Javier me hizo volver a los mariscos:

—¿Qué quieres beber, mi estimado Alberto… Una Tarántula…?
—¿Una Tarántula…? jajajaja ya me imagino cómo ha de estar jajajajaja… Y cómo es…
—Un tarro de a litro lleno de cerveza, pulpo, ostiones, camarones… Levanta muertos…

No quedaba más que intentar comprobarlo así que acepté la famosa tarántula, más por curiosidad que otra cosa… La gente fascinada, se acomodó cuando Javier anunció con toda propiedad que la variedad estaba a punto de comenzar… Debo confesar que cuando me invitó, pensé que se trataba de algo así como un restaurante y al ver el ánimo con que anunciaba una “variedad”, no pude más que sentir admiración por mis compañeros… Después de todo, nuestra música es del pueblo y qué mejor que sea el pueblo en sus lugares de paseo quien la reciba por parte de quienes la difunden y la defienden con toda dignidad y convierten mágicamente una banqueta en todo un escenario… “Bien venidos sean todos ustedes, damas y caballeros… El Banquetazo de Don Roque les da la más cordial bienvenida… Esta tarde te nemos muchas sorpresas para todos ustedes…” “¿Qué les voy a traer de comer, ya vieron la carta…?” “A ver, niña, todo lo que quiera pedir el señor y su familia es por la casa y atiéndemelos como se merecen, como reyes ¿eh?” “Sí, claro don Roque con todo gusto… ¿Qué les traigo? Todo está muuuy fresco ¿eh?” “¡Golpe… Golpe… Ahí va el golpe…” Y la gente sin el menor gesto de molestia simplemente se hacía a un lado para dejar pasar al diablito que llevaba una carga gigantesca… Y la voz de Javier ya entonaba la primer canción recorriendo a lo largo de la banqueta las mesas abarrotadas de comensales fascinados con la variedad… “Dicen, que yoooo no te merezcoooo, que yo debo estar locoooo soñando en tu quereeeer…” Sale, Don Cuervito, cocktail de camarones grande, quesadillas de marisco y su filete relleno… ¡Ufff, a ver si me acabo todo, están enormes los platillos!” y entre la tarántula, el filete, las quesadillas y los camarones, fueron transcurriendo canción y degustación… Un señor maduro con bastón que pasa por el lugar, me señala con una sonrisa pero no dice nada, sólo sonríe, luego me entero que es mudo y con una discapacidad intelectual pero sigue diciendo a señas que sabe qué soy yo… La gente, fascinada, escuchaba a Javier que acompañado por las pistas, se conducía como todo un profesional que es… “Mire, llévelo, para los nervios, para la intranquilidad, para las noches de insomnio por las preocupaciones, no se deje derrotar por los nervios, ya está aquí el remedio que le sirve también para problemas del riñón, de la piel y del asma… Llévelo barato y si lleva dos o tres le mejoramos el precio…” “Si me llaman el locoooooo, porque el mundo es asíiiiiiiii…” “¡Merengueeeeees, aquí están sus merengueeeeeees…” Y la gente feliz agradeciendo el entusiasmo de Javier que entre canción y canción conminaba a la gente a que pasara a las mesas a comer los superfrescos mariscos de Don Roque, “el único lugar donde puede estar seguro que se come el mejor marisco de La Merced…” Después de un tiempo, Javier anuncia a Memo Saucedo quien muestra las tablas adquiridas con los años… Luego Yamira que se confiesa “imitadora más que cantante, y es un honor tenerte aquí, Alberto, gracias por acompañarnos…” Al final, los merengues infaltables con ese color rosa tan mexicano y su exquisito sabor… Las limpias siguen una tras otra… Los payasitos encontraron por fin niños a quienes ofrecerles su digno trabajo, la gente me pide que les cante y accedo… Javier me presta una pista de su acervo y “Me canséeeee de rogarleeeeee, me cansé de decirleeeee que yo sin ellaaaa de pena mueeeeroooo…” … El aplauso es maravilloso, distinto, por demás honesto… Algunos autos se detienen a saludarme en la angosta calle de Canal… El merenguero, detuvo la venta y de plano se sentó a escucharme con gran deleite… Las fotos, las gracias, la despedida… Y camino hacia el auto entre merolicos, el curandero, puestos de cerámica, yerbas, tacos y la maravillosa gente de mi Ciudad de México que una vez más, me da la oportunidad de aprender, reflexionar y lo más importante, situarme en la realidad… Gracias, Javier, Roque, Yamira, Memo y todos aquellos que me brindaron su afecto y su enseñanza en otra historia bella de mi Ciudad.

Aún en la reflexión…

*Cantante, compositor y escritor.

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