Nacional

Sguardo Nuovo

Por domingo 22 de julio de 2012 Sin Comentarios

El poeta Juan Manz es traducido al italiano y publicado en “Proa Italia”

Por Juan Diego González*

Hace unos días fui a la oficina del poeta Juan Manz (Cajeme, Sonora), ubicada en la plaza comercial “María Cristina”, atrasito del Bancomer de la Miguel Alemán. El asunto era ver temas relacionados con la colección Yo´hoara, una serie de poemarios en coedición con Mantis Editores y Escritores de Cajeme A.C., (después hago un artículo sobre la colección). Una vez frente a su escritorio, me llamó la atención un libro azul, que antes no había visto. Lo tomé para hojearlo y me percaté, primero de su idioma, el italiano y segundo, en la contraportada una gran foto de Jorge Luis Borges con un planeta en la mano.

“Te cuidado, me acaba de llegar desde Italia” me dijo Juan Manz, con cierto aire de satisfacción en sus palabras. Se acomodó en su silla reclinable, como si fuera a impartir cátedra, pero guardó silencio y con la mirada me invitó a revisar el interior del libro. Picado por la araña de la curiosidad, me fui al índice. Mis antiguas clases de latín me ayudaron a entender más o menos bien el italiano. No es un libro, es la revista “Proa Italia”, publicada por Sentieri Meridiani Edizioni D.R., correspondiente al primer cuatrimestre del 2012. Mi sorpresa fue enorme cuando veo en la página 19 la foto del poeta cajemense y uno de sus poemas traducidos al italiano.

Obviamente sonreí de gusto y Juan Manz sonrió de orgullo. ¿Recuerdas a Emilio Coco? -me dijo- Ya me había dicho que quería traducirme al italiano. Cómo se llevó unos libros míos, escogió ese de la antología “Para repasar el círculo”. ¿Está bien no?

Juan es como la tierra que cultiva, porque han de saber estimados lectores que además de poeta es agricultor, hijo de agricultor. Es inocente de corazón, así como los surcos de tierra roja, puros para recibir la semilla y regalarnos la espiga nuestra de cada día. Su pregunta es cristalina, ignorante de la trascendencia de ser traducido y publicado en Italia. Como si eso sucediera todos los días.

Lo felicité, con apretón de manos y toda la cosa. Hablamos sobre la colección antes mencionada: estrategias de distribución, una posible presentación en Hermosillo y otra aquí en Cajeme. En estos años de amistad, he aprendido que cuando Juan Manz está relajado y tranquilo, le da por fumar. No se acaba el cigarro, unas pocas aspiradas y lo deja. Sin embargo, esta vez le falló, su cajita estaba vacía. Cerramos la charla con sus recuerdos de Perú. Nos despedimos. Aproveché su excelente estado de ánimo y le pedí la revista para escribir algo sobre el acontecimiento. Y eso hago.

El traductor del poema es Emilio Coco, poeta italiano que vino el año pasado al Encuentro Internacional de Escritores “Bajo el asedio de los signos”. Emilio Coco presentó aquí su poemario “El Don de la noche y otros poemas” (reseñando en el número 76 de La Voz del Norte).Todo un personaje, de lo más amable y dulce. Lleno de sabiduría y palabras afables. Mi mujer Claudia se enamoró de su poesía y milagrosamente consiguió el último de sus libros, con dedicatoria y autógrafo. Bueno pues el poeta italiano, tiene ya varios años de estudio sobre la poesía hispanoamericana y en especial la mexicana. Me permito ahora, trascribir fragmentos del poema en italiano:

Sguardo Nuovo
Grande Incantatore, prestami la cantante
dalla voce nasale, un po´acuta,
che maggiormente s´impone nel lodarti,
per insegnarle un canto nuovo.
(…)
Lei, la dea,
non dà retta al dio del vento
quando non la beve qualche mortale,
di quelli che ancora
circulando nel tu regno;
e quando non allata
le bocche della terra
non sente scaturire alimento dai suoi seni,
anche se lei, la gravida,
da sempre scaturisce da se stessa.

Mirada Nueva
Encante mayor, préstame la cantora
algo nasal, algo atiplada,
que más cumple en alabarte
para enseñarle un canto nuevo.
(…)
Ella, la diosa, no atiende dios del viento
cuando no la bebe algún mortal, de esos,
que todavía ambulan por tu reino;
y cuando no amamanta las bocas las bocas de la tierra
no siente manar sustento de sus pechos,
aunque ella, la preñada,
mane de sí misma desde siempre.

Justo es decir, que otros poetas mexicanos, puros norteños por cierto, también fueron traducidos por Emilio Coco y aparecen en la revista, como el tijuanense José Javier Villarreal y la neoleonesa Minerva Margarita Villarreal, pero el más cercano a la querencia es Juan Manz, por eso le dedico este espacio.

*Docente y escritor sonorense.

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