Estatal

Un cantor romántico sinaloense. Efraín Montoya

Por domingo 8 de abril de 2012 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

Una noche antes de los tiempos políticos del 2012, en uno de los hoteles principales de la capital del Estado de Sinaloa, una guitarra y una voz afinada, transportaban en un viaje romántico a los parroquianos que se apagaban el calor primaveral con bebidas etílicas que les ayudaban a desnudar las emociones. En el centro del escenario, con el dominio que tiene los que conocen como se maneja el timón de la canción popular, Efraín Montoya, conocido afectuosamente como “Payin”, cantaba y cantaba con el sentimiento de los que saben que si no se ama no se pueden existir. Al término de su actuación le solicité al cancionista que por favor me acompañara a tomar un café y, a charlar sobre su oficio y el tema de la canción romántica sinaloense.

Breve curriculum:
Payin nació en Guasave, ciudad ubicada al norte de Sinaloa, una década después de la mitad del siglo XX. Es cantor, ejecutante de la guitarra, autor de métodos para la emisión de la voz, pedagogo musical, orientador de jóvenes que encuentran en la música y en el canto una forma de vida. A temprana edad en su lugar natal, mostró claras inclinaciones por lo que hoy es su profesión; en 1984 ingresó en Culiacán, a la Rondalla de la Escuela de Música de Universidad Autónoma de Sinaloa, organización artística surgida de la institución educativa donde tomó clases; al poco tiempo formó parte del trío de trova: “Antología” agrupación conformada por Manuel Tanamachi y Olga E. Sahagún; más tarde ingresó al Grupo Folklórico Sinaloense compartiendo la dirección con el afamado trompetista “Chino” Flores; en su camino artístico participó con el Cuarteto Nocturnal. En los 90 del siglo pasado determinó ser solista y en 1997, formar la Academia de guitarra y canto, Scala; ha escrito un programa titulado, “Curso de técnica y recurso de la voz hablada” y el libro “Mi voz como herramienta de trabajo” actualmente comparte su tiempo entre actuaciones y la dirección de la Rondalla del Club Rotario y el Coro de jubilados y pensionados del ISSSTE.

Sus preocupaciones:
El aroma del café inundaba la mesa mientras Efraín con una sonrisa franca contestaba a mi pregunta de ¿que significa en su quehacer diario la canción popular?, es una expresión del sentir de lo cotidiano y del sentido del pueblo, una expresión estética del amor y del desamor; con voz firme afirmó: los expertos la han dividido en culta y popular, algunos melómanos han desarrollado el gusto con verdadera exquisitez, otros solo tienen sus sentimientos para apreciarla, a estos últimos la canción los embruja, los enamora o los conforta cuando las penas amorosas los flagelan. A mi me gustan sobre todo las canciones de José Alfredo y Álvaro Carrillo. Las luces de la cafetería comenzaban a apagarse y el público de Montoya aplaudía para que regresara a deleitarlos con las canciones, había que aprovechar el tiempo, interrogué: ¿que piensas de la canción romántica sinaloense? con gesto adusto comentó: el compositor local trabaja con pocos tonos musicales y con una pobreza lingüística que es lamentable. Desde luego la centralización discográfica, la mayoría de compañías de discos importantes se encuentran en la capital del país y ello plantea una problemática de desplazamiento que no siempre los creadores locales pueden subsanar; el Internet ayuda un poco a sortear el problema, cada vez existe una mayor cantidad de autores, intérpretes y ejecutantes que suben a este medio su trabajo artístico, ojala lo virtual tenga un mayor impacto y por lo tanto se pueda promover mejor la canción popular sinaloense, está es una de mis principales preocupaciones, mejorar la ejecución, la interpretación y la composición, dedico mi mejor esfuerzo a cambiar las condiciones imperantes, lo intento.

Para cerrar la plática con “Payin”
¿Montoya nombra tres canciones y tres compositores sinaloenses que sea tus preferidos; ¿Por qué lloras?, danza de mi admirado guasavense Miguel C. Castro; Dios no lo quiera de Enrique Sánchez Alonso y, Cariño nuevo de Ferrusquilla, desde luego agregó se me quedan otras en la lengua que me son familiares y que son bellísimas pero estas tres son mis favoritas. La hora de la Cenicienta se oía en el reloj del Parque Revolución; las campañas políticas comenzaban, en el escenario Efraín Montoya cantaba al amor.

*Investigador y autor.

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