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Vida cotidiana

Por domingo 26 de febrero de 2012 Sin Comentarios

Por Juan S. Avilés Ochoa*

Afirma la historiadora de la vida cotidiana Pilar Gonzalbo Aizpuru, que la preocupación de los historiadores por la gente común y por las actividades rutinarias de la vida diaria tiene sus antecedentes en obras aisladas de autores de la primera mitad del siglo veinte. Pero que también podríamos retroceder en el tiempo y recordar los relatos de Herodoto, para quien las costumbres y las relaciones entabladas entre los individuos particulares merecían reseñarse junto a los acontecimientos políticos y las hazañas bélicas.

Y son precisamente las costumbres las que conforman la vida cotidiana; costumbres que determinan la vida de los individuos; costumbres cambiantes en el tiempo y diversas en el espacio; costumbres que se convirtieron en leyes y que constituyen la conciencia de las personas, como auténticos códigos de moral y de justicia. Siguiendo a esta historiadora de lo cotidiano, coincidamos en que distinguir vida cotidiana y vida privada es un poco complicado, salvo porque lo cotidiano se vive en el medio público tanto como en la intimidad y lo privado se limita espacialmente.

Las postales centenarias del Évora que se divulgaran en esta columna, rescatadas principalmente del semanario Voz del Norte durante la segunda mitad de 1904 y la primera de 1905, descubrirán elementos que componían la agenda social de un pueblo: se trataba de solucionar los problemas de salud, economía, comercio, comunicaciones, educación, gobierno, fiestas tradicionales, demografía, epidemias, elecciones, etcétera. Podríamos decir que no aparecían en el horizonte nubarrones que preocuparan en demasía a la clase gobernante. Los años, como dice el poeta, discurrían mansamente.

En el antiguo distrito de Mocorito, igual que en el resto del país, muy pocos presentían lo que se venía encima. A nivel nacional, nos dice el gran historiador Friedrich Katz, “Ni don Porfirio Díaz ni casi nadie tenía algún presentimiento sobre la revolución mexicana de 1910 unos meses antes de su estallido”. Karl Bunz, ministro alemán en México, escribió a su gobierno, ya en vísperas de la revolución: “Considero, al igual que la prensa y la opinión pública, que una revolución general está fuera de toda posibilidad”; y si eso era meses antes, mucho menos se podía presentir con cuatro o cinco años de antelación.

Vamos, pues, a adentrarnos en la vida cotidiana de la región del Évora poco antes del estallido revolucionario.

*Cronista de Mocorito.

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