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Las historias de Wajdi Mouawad

Por domingo 19 de febrero de 2012 Sin Comentarios

Por Iván Escoto Mora*

Wajdi Mouawad es actor, director y escritor francófono de origen libanes, naturalizado canadiense. Como muchos otros, huyó con su familia del Líbano en la década de los setentas, durante la guerra civil que enfrentó a las comunidades religiosas cristiana-maronita y musulmana.

Mouawad nace en el convulso año de 1968 y con apenas ocho años de edad se ve forzado a escapar a París y de ahí, viajar a Canadá.

Imágenes de guerra y muerte, de tumultos despavoridos por el estruendo de bombas, fuegos surcando el aire y automóviles en llamas, son los primeros recuerdos de una larga generación que ha sufrido para encontrar la paz. Desde la fundación de la República Libanesa en 1941, muchos han sido los avatares sorteados por su pueblo.

Con motivo de la guerra civil libanesa que estalló en 1975, miles de familias cortaron de un tajo su pasado para poder sobrevivir, dejaron atrás recuerdos e historias y llevaron consigo heridas que nunca cicatrizan, que marcan por siempre. Entre dagas indelebles clavadas en la garganta se entiende la obra del dramaturgo franco-libanes.

Wajdi Mouawad estudió en la Escuela Nacional de Teatro de Canadá. Actualmente es director del Teatro Francés del Centro nacional de las Artes de Ottawa. Hablar de su obra es remontarse a los inicios de la pasada década de los noventas, aunque quizá la fama del dramaturgo se vio catapultada después que su coetáneo, el realizador canadiense Denis Villeneuve, llevara a la pantalla grande la obra teatral “Incendios”, la cual fue nominada como mejor película extranjera en la octogésima tercera entrega de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas.

La primera vez que tuve oportunidad de acercarme a la obra de Wajdi Mouawad fue cuando asistí a la puesta en escena de “Alphonse” en el teatro Casa de la Paz de la Universidad Autónoma Metropolitana. Aquella ocasión la dirección estuvo a cargo de Boris Schoemann. Recuerdo haber quedado prendado de aquel relato fantástico sobre Alphonse y su alter-ego Pierre-Paul-René. En ese cuento de ensoñación, se presentaba la mirada de un niño en un viaje mágico y profundo hacia su interior para entender, para entenderse. Los actores en escena eran Hugo Arrevillaga, Bernardo Gamboa, Angélica Rogel y Mahalat Sánchez.

Recientemente pude ver “Dos historias breves de Wajdi Mouawad”, puesta en escena dirigida por Hugo Arrevillaga. El montaje gira sobre dos monólogos: “Cuchillos” y “Un obús en el corazón”, con las actuaciones de Javier Oliván y Adrián Vázquez. La obra fue presentada en una corta temporada que corrió del 19 al 29 de enero del 2012 en el foro “A poco No” del centro histórico de la Ciudad de México.

“Cuchillos” es la historia de un joven prostituto que cuenta a un interlocutor silente y abstracto su historia, la de un niño que de pronto, se halla años mas tarde en medio del frio invernal dando servicios sexuales a grotescos clientes demandantes del placer furtivo.

¿Cómo pasa un niño de los ojos humedecidos por la emoción de un regalo atado con listones brillantes frente a un árbol de navidad, a la mirada humedecida por la rabia de una vida que no fue lo que se esperó? Quizá esta es la pregunta que puede plantearse el espectador, luego de escuchar las duras palabras del monólogo de Mouawad.

Hacia la parte final de su discurso, el prostituto cuenta lo difícil que es pensar al niño que alguna vez fue y que ahora no reconoce ante sus ojos, él mismo se ha vuelto un extraño de pecho vacío y garganta de silencios, una soledad frente al espejo.

En “Un obús en el corazón”, se presenta otro joven. Este se halla extraviado pero en busca de respuestas, aún no se rinde. El muchacho ha recibido una llamada telefónica, urge su presencia en el hospital, su madre está muriendo. En el trayecto de su casa al nosocomio toma el autobús y vuelve sobre su pasado, sobre la historia de su vida surcada por el abandono, la necesidad de huir de un país en guerra para refugiarse en otro que le es extraño, tan frio que parece congelar todo rostro humano a su alrededor.

En este monólogo el protagonista enfrenta los mayores temores de la humanidad, la muerte y la pérdida de lo amado. Sin embargo, en medio de sucesos fantásticos, logra vencer sus miedos y reconocer en el recuerdo de su madre la fuente del amor más puro e imperecedero. Cierra sus reflexiones el joven con palabras de consuelo: “A partir de ahora, siempre estarás en el centro de todas mis historias. Yo no te abandonaré jamás”.

La soledad, la memoria, el reencuentro con el pasado, son los ejes de la obra de Wajdi Mouawad, desde “Alphonse” hasta la tetralogía “La sangre de las promesas”, integrada por las piezas dramáticas “Bosques”, “Litoral”, “Incendios” y “Cielos”.

Se agradece el empeño de directores, actores y traductores arriesgados como Hugo Arrevillaga y Boris Shoemann, por traer lo mejor de la dramaturgia contemporánea a nuestro país.

*Abogado y filósofo/UNAM

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