Nacional

El alcalde de Lagos

Por domingo 25 de septiembre de 2011 Sin Comentarios

Tercera y última parte

Por Álvaro Delgado*

En un país atormentado por la violencia delincuencial y de Estado, cuyo territorio se congestiona con cada vez más cadáveres, ya no es novedad convocar a los ciudadanos a una marcha por la paz.

Pero si ese llamado surge del clero y es, al mismo tiempo, para pedirle a Jesucristo que llueva, porque la siembra languidece por la sequía, entonces la movilización se convierte en un acontecimiento inusitado.

Y si, además, en la descubierta de la marcha va la imagen de Nuestro Padre Jesús, que en tres siglos ha salido de la parroquia sólo en los momentos de calamidad, eso sólo puede ocurrir en Lagos, la tierra del alcalde de las consejas.

Eso fue, justamente, lo que se tenía previsto hacer en Lagos de Moreno, Jalisco, la tarde del jueves 22 de septiembre, una “rogativa” a Jesucristo para que cese la violencia en ese municipio alteño y traiga buen temporal, iniciativa que surgió de la comunidad sacerdotal, según José Luis Aldana Wario, párroco de El Calvario, un soberbio templo en cantera rosa edificado en la parte alta de la ciudad.

“Nosotros como hombres de fe, cuando los recursos humanos están trabajando pero aun así sentimos que no estamos haciendo todo lo necesario, sentimos que tenemos que voltear hacia el cielo, y por eso queremos convocar a toda la población a una rogativa, así se llaman este tipo de celebraciones, una rogativa pública en la que vamos a poner en los brazos de Jesucristo estas dos necesidades: la necesidad de una paz más sólida en nuestra ciudad y la necesidad de la lluvia”, explicó Wario.

Tan singular movilización armoniza con la peculiar caracterología de los oriundos de Lagos –que antiguamente se llamó Santa María de los Lagos–, donde una conseja cuenta que se construyó un puente en uno de cuyos muros se mandó inscribir un letrero que ordenaba a los usuarios pasar por arriba de él.

Se trata de la más famosa de las consejas del Alcalde de Lagos, recogidas por Alfonso de Alba en su libro que aquí hemos reseñado en las dos semanas recientes, y que enseguida transcribo íntegramente:

Este puente se hizo en Lagos…

Cuesta trabajo pensar en la existencia de un pueblo que no tenga, cuando menos, un puente. Ya que, como afirmaba un maestro de química, al explicar las propiedades del agua, “debemos dar gracias a Dios porque los grandes ríos pasan a orillas de las grandes ciudades…”

Y aunque no muy grande, la villa de Santa María de los Lagos tuvo su río, cuya caudalosa corriente durante la época de lluvia interrumpía el tráfico en el centro del país.

La historia del puente de Lagos es la de otras tantas construcciones similares. Impresionaba su urgente necesidad en tiempo de aguas, con apremio se preparaba la iniciación de la obra. Bajaba el nivel de la corriente… y, por el resto del año, nadie se volvía a preocupar de la construcción de la misma. Se reunían los influyentes del pueblo y no lograban ponerse de acuerdo sobre el lugar en que debía ser levantado. Y así transcurrieron 297 años. La desaprensiva actitud del vecindario precisó a un valiente “escritor público” laguense para que estampara en letras de imprenta el siguiente artificio lógico que caló hondo en la conciencia ciudadana: “Los laguenses son amantes del progreso. Distingo: Si se trata de palabras, concedo. Si se trata de hechos niego”.

Lo cierto es que después de múltiples intentos desde finales del siglo XVI su fabricación fue una realidad hasta el siglo XVIII. Durante diez años se trabajó en la cimentación y edificación de los tres arcos. En forma provisional se puso en servicio. Esto motivó que no se volvieran a preocupar por hacer las bóvedas, el puente por el puente improvisado era temerario, pues no ofrecía seguridad alguna. Los viajeros se veían precisados a pasar por abajo. De nuevo gestiones, colectas y se hicieron las bóvedas.

La conseja cuenta que debido a la tardanza y contrariedades en la conclusión del puente una vez en servicio, los laguenses muy engreidos y satisfechos hicieron grabar, en lugar visible, una inscripción:

ESTE PUENTE SE HIZO EN LAGOS Y SE PASA POR ARRIBA

Son múltiples las explicaciones tendientes a justificar el letrero que la conseja afirma haber lucido el puente de Lagos. La primera segura que el ayuntamiento, para resarcirse de la fuerte erogación, fijó una cota de dos tlacos a todo el que pasara por el puente. Y que, con el fin de eludirla, muchos e iban por debajo con riesgo de ser arrastrados por la corriente, costando bastante su rescate. Otra dice que los viajeros de pueblos circunvecinos no sabían hacer uso de él porque no conocían puentes de esa magnitud, etcétera.

Al respecto, Alfonso de Alba, en el ensayo sobre el origen de las consejas contenido en el propio libro de El alcalde de Lagos y otras consejas, da una explicación histórica sobre el origen de ese letrero en el puente. “En este caso el origen es bastante claro: nace del resentimiento”.

Y es que, en 1824, poco después de la consumación de la Independencia, Lagos logró el título de ciudad con el consecuente resentimiento de las villas vecinas. Hubo planes inclusive de crear el estado del Centro, cuya capital sería Lagos, pero se frustró por la protesta airada de “cincuenta vecinos” de San Juan de los Lagos, donde se levanta el segundo santuario católico más importante de México.

Por eso no es extraño que algunos de esos resentidos, escribe Alfonso de Alba, difundieran esta cuarteta:

Este puente se hizo en Lagos
con dinero de San Juan
y se pasa por arriba
como ustedes lo verán…

*Periodista.

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