Estatal

El amor inmortal de Pedro Infante por Guamúchil

Por domingo 12 de junio de 2011 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

La música mexicana es semi­llero de ídolos, en el pasado siglo, Agustín Lara, Jorge Negrete, Javier Solís, Pedro Infante, formaron una cadena de iconos populares que tienen como origen común: el canto. Los cuatro ¡cantando por la vida! enraizaron en lo más profundo de la memoria colectiva. Carlos Monsiváis escribe a propósito del tema: “La voz de los cantantes populares es una de las mejores autobiografías a la disposición. Allí se transmite con pun­tualidad y exactitud el cortejo, las comprobaciones de la derrota, la angustia de haber sido y el dolor de ya no ser, el humor desenfa­dado, el jolgorio en compañía, la gravedad de la poesía inespera­da”. Pedro pertenece al grupo de los elegidos que lograron impactar los sentimientos nacionales de ma­nera significativa.

El trabajo de Infante en el canto y cine sobrevive al paso del tiem­po; los cancioneros, libros, ensa­yos, artículos periodísticos, sobre su figura y trayectoria –tantas ve­ces contados que parecen nuevos–, continúan editándose para ali­mentar su historia que pertenece a México. Los amores constituyen su esencia sin ellos no se le podría explicar, imaginar, escuchar, ver y recordar. En los aniversarios de su fallecimiento se vuelve a hablar de los “amorcitos corazones” que ilu­minaron su camino; se platica de uno que lo enorgullecía, el que le nacía bien adentro por Guamúchil, Sinaloa, lugar que no lo vio nacer pero que a cambio lo conquistó para siempre. Jesús Gabriel González cuenta:(su padre) “…Tomo la determinación de mudarse seis años después (1923- 1925) a la ciu­dad de Guamúchil llevando con él al futuro ídolo… Fue también ahí donde comenzó a demostrar su de­bilidad por las mujeres”. La tierra que se ama y su aroma de hembra, las hembras que se aman con olor a tierra fue un argumento/manda­miento en su existencia.

Su afecto al poblado ubicado al norte de la capital del estado de Sinaloa brotó en sus prime­ros años. Ese amor creció bajo la figura paterna del señor Delfino Infante García y la ternura de su madre Refugio Cruz. Entre los seis y los 8 años de edad- Pedro nació en Mazatlán, Sinaloa, el 18 de no­viembre de 1917- se instaló junto a la familia Infante/Cruz en la po­blación que lleva el nombre de un árbol de la familia de las legumi­nosas que produce un fruto comes­tible y que en esos ayeres formaba parte del Municipio de Mocorito, pujante ciudad nombrada en 1962 capital del municipio de Salva­dor Alvarado. Uno de los valores principales de las ciudades es su historia humana, constituida por los personajes que la identifican; pienso en esta unión y recuerdo a Lara/ Tlacotalpan, López Velarde/ Zacatecas, Gardel / Buenos Aires, Rulfo/Comala, Dante/Florencia/, Elvis/Craceland, José Alfredo/Do­lores/etc. etc., la unión persona­je-terruño (se da no importa la dis­cusión sobre el lugar de origen de los ídolos) es indestructible. Claro siempre vale la pena señalar que el amor se construye entre perso­naje-terruño- con la participación de ambos polos.

El amor de Pedro Infante por Guamúchil es una de las joyas de la Región del Évora, difundirlo es honrar el trabajo del sinaloen­se que con su arte se quedó para siempre entre nosotros. Debe ser por ello que siempre tengo ganas de escuchar en Guamúchil un con­cierto con la música que el cantó ejecutada por la Sinfónica de Si­naloa; ir a un festival (anual) con las películas que cuentan con sus participación; un festival de canto para cantantes campiranos, disco­teca y librería que difunda su obra tal y tal, actividades que realcen el vinculo Pedro Infante / Guamú­chil. Amor del bueno que el 15 de abril de 1957 adquirió la categoría de inmortal.

*Investigador y compositor

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