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La ruta de las misiones jesuitas Hernando de Tovar, mártir sierreño

Por domingo 27 de marzo de 2011 Sin Comentarios

Por Gilberto J. López Alanís*

El criollismo americano del siglo XVI, produjo caracteres exaltados, algunos llenos de un misticismo histórico y social que no hemos comprendido a cabalidad, en ese tono vibra la existencia de Hernando de Tovar, originario de la villa de San Miguel de Culiacán (Nueva Galicia), nacido en 1581; hijo de Isabel de Tovar una de las mujeres más bellas de la Nue­va España, según lo expresó en 1603 Fray Bernardo de Balbue­na cuando llevado por una entusiasta admiración anotó:

“En este pueblo, (San Miguel de Culiacán) digno por sola esta ocasión de hacer su cuenta aparte con los famosos de la tierra, se crió desde sus primeros años Doña Isabel de Tovar y Guzmán, una señora de tan raras partes, singular entendimiento, grados de honestidad y aventaja­da hermosura, que por cualquiera de ellas puede muy bien entrar en número de las famosos mujeres del mundo…”.


Tamaña definición del creador de La Grandeza Mexicana, con­siderado como el primer poema americano, dedicado a esta mu­jer que le pidió le describiera la ciudad de México, nos sacude al imaginar el gozo de tan singular belleza. El hogar de don Luis de los Ríos Proaño, y doña Isabel, fue asidua­mente visitado por sacerdotes je­suitas en su paso a los confines de la provincia de Nuestra Señora de Cinaloa, y el pequeño Hernando, conoció a Gonzalo de Tapia, Martín Pérez, Juan B. Velasco y Hernando de Santaren, los cuales dejaron una duradera impresión en un niño de brillantes dotes intelectuales, por lo que se decidió ingresarlo en la formación jesuítica en la Congre­gación de la Anunciata, pero estu­diando en el Colegio de San Pedro y San Pablo, de la ciudad de México . Recibido en 1598 en la Compañía a los 17 años, siendo comisionado a la misión de Parras, donde trabajó por ocho años. Después fue llama­do a la capital de la Nueva España a petición de su madre que segu­ramente lo necesitó de compañía cuando ella ingresó al convento de San Lorenzo, con el nombre de Sor Isabel de San Bernardo. Cumplida esta obligación filial, fue comisionado a Topia, en la pro­vincia de Nueva Vizcaya (Duran­go), reconociendo sus dotes en la predicación, su vocación mariana y su inclinación a las comunidades indígenas. En 1614, pronunció sus cuatro votos en la iglesia de la Compañía de Guadiana (Durango) y en 1616 fue comisiona­do a investigar un milagro del entonces beato San Ignacio de Loyola en la región.


Volvió a visitar a su madre y de regreso de Culiacán pasó a la región de los tepehuanes, en la sierra de Durango, 1616, donde fue capturado por los naturales y sacrificado a golpes. La labor evangélica de Hernando de Tovar es un tema que de­sarrollaremos más delante, baste esta breve semblanza para saber que Culiacán, tiene un mártir jesuita.

*Director del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.

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