Nacional

Marketing político… o como ser un representante popular de carrera

Por domingo 27 de marzo de 2011 Sin Comentarios

Por Miguel Angel Avilés Castro*

El joven se sacó la lo­tería en un crucero. Un carro se le emparejó a su moto islo cuan­do iba por unas medicinas para su mamá y le pidió que se orillara. De una expedition co­lor vino bajo un viejo conocido: “El Nava-rojas”. Es­trechón de manos, abrazo de aleteo, pormenores, pre­guntas por amigos en común, recuerdos de la universi­dad, risas, sorpre­sas, la invitación para mañana, una tarjetita de presentación y otra vez un abrazo para la despedida.

II

El joven llevaba una hora buscando esa dirección. Tarjetita en mano izquierda (de rigor), el cuerno de la moto en la derecha (que también le era útil), el joven, a vuelta de rueda, recorría las calles de esa colonia sin encontrar la oficina donde estaría su amigo: El Nava-rojas. Su vista se alzaba hasta los rótulos y anuncios luminosos que ya esperaban la obscuridad. Nunca vio cuando pasaba a unos metros de su tenis, esa expedition color vino.

III

El joven se empinaba una soda cuando a sus espaldas escu­chó la risa escandalosa e inconfundible de un amigo. Ahí otros y otros más: todos festinaban no se que cosa intrascendente que les contaba el Nava-rojas (pero habría que reírse). Volteó y frente a él quedó una vieja casona de tres pisos, cristales amplios, paredes húmedas y carcomidas, banqueta llena de hojarasca. Encima de la puerta el letrero que buscaba: PARTI­DO DE LA RESURRECCION NACIONALISTA…

IV

El joven, cohibido, entró en aquella casa. Una señora de voz gruesa le pidió que se sentara y le alcanzó una revista. Ahorita te atienden, confió la dama. Así esperó otra hora.

V

El joven escuchó la letanía de su amigo: una síntesis de la his­toria del partido la supo en diez minutos. Si acaso le dio los apellidos de algunos personajes cuyos rostros colgaban de la pared. No pudo preguntar mucho: su amigo fue al grano: esa noche se cerraban los registros en la contienda interna para las candidaturas del PRN y como había mas de veinticinco co­rrientes al interior del partido, aún era hora de que su grupo no completaba la planilla y que….

VI

Desde que supo en la clase de Historia de México lo que le había pasado a los estudiantes del 68 juró que nunca se iba a meter en esas chingaderas, pero a su amigo, el que tantas broncas le quitó en la universidad gracias a su cartera en el sindicato (que le ayudó a pasarse cuatro años sin dar clases), no le podía decir que no y por él estaba dispuesto a todo. Por eso de pronto, sin reparar en ello, el joven ya ocupaba una candidatura suplente por el onceavo distrito. Asambleas, campañas, golpeteos, entrevistas en los medios, descalifica­ciones, apodos, volantes tirados en el piso, mítines de cin­cuenta gentes y, dos meses después, las elecciones.

VII

El joven no fue a votar. La embriaguez de la noche anterior había dejado sus recuerdos y ese domingo despertó a las once de la mañana. Un baño con agua helada y seis tacos de cabeza lo revivieron, pero en el camino a la casilla cambió el patriotismo del sufragio por un accidente de tránsito. Sin ba­jarse de la moto pudo ver la silueta del infortunado cubierto con una sábana blanca. Patrullas, mirones, ambulancia, mu­chas versiones, levantamiento del cadáver, el regreso a casa para ir a contar lo sucedido a su mamá a quien encontró con todas sus dolencias y le dio las pastillas de la presión. Así se fueron las horas.

VIII

Dejó encargada a su mamá con las vecinas y llegó a la casa del PRN hasta en la tarde. Sólo se encontró con caras largas y voces casi inaudibles. Se palpaba la derrota. En el escritorio, donde antes había sido recibido por aquella secretaria, esta­ba una fotografía de un señor muy feo de barba larga, flan­queado por un par de veladores. El joven buscó a su amigo. Lo encontró en el cuarto de prensa revolviendo con una pluma el azúcar en la taza de café. La información le vino sin pedirla: “te quedaste sólo carnal…”, le disparo a quemarropa su ami­go, y luego se le entrecortaron las palabras…

IX

El joven palideció. El tono le sonó a desgracia y de inmediato se le vino su mamá a la mente. Su amigo, quitándose los rastros de mocos con la mano terminó de informarle: “un camión ruta 2 mató al Joel, carnal…”. El nombre no le sonaba. Su amigo se lo aclaró con otra noticia: “si la tendencia no cambia, carnal, ahora tu vas a ser el bueno del partido por ese distrito…” El joven nunca tuvo los ojos tan grandes como esa vez.

X

Pasan los días. El maquillado rostro del joven cuelga por todos lados, aquí y allá, arriba de los postes. Desde lo alto, multiplica­do como los peces y los panes, con unos exagerados retoques en su cara vigila toda la avenida principal de la ciudad.

XI

La voz del joven se escucha en la radio. También se le ve en los periódicos y en la televisión. Invita, con voz nerviosa, a votar por él. Una conocida banda musicaliza su promocional. En los mítines sacude su puño y arenga a una veintena de gentes que lo siguen.

XII

El joven sube al techo de una combi. Atiza contra el gobier­no, cita los apellidos de los personajes de la revolución, otros tantos de la independencia, los mezcla con los nombres de los que cuelgan de la pared en su partido, pide un minuto de silencio para el Joel (de quien nunca conoció sus apellidos); pide una J…pide una O….pide una E…pide una L…y enciende a la concurrencia. Su mirada, entonces, se pierde en cual­quier punto.

XIII

Día de la votación: ¡Pero mira nada más!

XIV

El joven se afloja desesperado el nudo de su corbata. Mete la mano a la bolsa de su pantalón. Sus ojos van de un lado a otro. Nada entiende sobre lo que discuten sus colegas. Sus colegas tampoco entienden pero alegan. El joven se sienta, se para, vuelve a sentarse, pide una taza de café y otra y otra mas.

XV

El joven mueve su cabeza sólo por hacer un ademán cual­quiera. Baja la vista y, con dificultad lectora , deletrea algunas líneas de los documentos que están en su palestra. La mayoría de sus pares levanta la mano y él hace lo mismo. El no se quiere quedar atrás y pide la palabra. El secretario lo ignora. Llega una segunda ronda de intervenciones y vuelve a pedir la palabra. Hasta el cuarto intento le llega su turno: dice no estar de acuerdo con el último párrafo (citó el primer número que se le vino a la mente). Observa las caras en el pleno y cree haber provocado una gran discusión y de ahí no lo sacan. Así en la otra sesión y así en la otra. Va y viene al partido para presumirles que trae en jaque al congreso. Sus correligionarios lo ven y emprenden la retirada. El congreso vuelve a sesionar y el insiste en la observación que le hizo a ese párrafo.

XVI

El tiempo pasa: los años se van volando (y mas cuando son tres)

XVII

El joven mueve su cabeza, nomás por hacer una ademán cual­quiera. En el congreso ya no hay nadie. El joven insiste en ese párrafo. En el congreso ya no hay luz. El joven pierde su mirada desafiante en cualquier punto. El congreso está a obscuras. El joven sale patinando del congreso en su moto Islo.

XVIII

El joven se sacó la lotería en un crucero…pero ya se la aca­bó.

*Abogado y Premio del Libro Sonorense.

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