Estatal

Las repercusiones políticas del cardenismo en Sinaloa

Por domingo 25 de julio de 2010 Sin Comentarios

Por Francisco Padilla Beltrán*

1° de diciembre de 1934, Lázaro Cárdenas rinde protesta como Presidente de la República y con ello da inicio al periodo conocido como el cardenismo. En Sinaloa de inmediato se identificaron con esta ideología los coroneles Rodolfo T. Loaiza, Alfredo Delgado y Gabriel Leyva, y los generales Pablo Macias, Macario Gaxiola y Felix Lara. Estos militares primero tramarán un alianza para oponerse a los que representaban a Plutarco Elias Calles en el estado y más tarde sostendrán una rivalidad entre ellos por el poder político del estado.

El profesor Manuel Páez había sido electo gobernador constitucional del estado para el periodo 1933 – 1936 y tenía todo el respaldo y la amistad del Presidente Calles, tuvo el honor, comenta José María Figueroa Díaz en su libro sobre los gobernadores de Sinaloa, ser el primer candidato a gobernador que jugó bajo la siglas tricolores. En la pugna entre Calles y Cárdenas este último logró que el 16 de diciembre de 1935 la cámara de senadores declarara la desaparición de poderes en el estado (el gobernador, la XXXV Legislatura y los magistrados del Supremo Tribunal de Justicia) dando fin al callismo en Sinaloa.

Una vez desparecida la corriente callista en Sinaloa los que se asumían como cardenistas inician entre ellos la pugna por el poder. En cónclave designan a Gabriel Leyva Velázquez gobernador provisional, pero no ostenta el cargo por mucho tiempo, Rodolfo T. Loaiza lo hostiga e intriga y logra que el presidente Cárdenas lo destituya y en su lugar nombre al loaicista Guillermo Vidales para que termine el periodo para el que había sido electo Páez.

LOS CORONELES CONTRA LOS GENERALES

En 1937, el proceso electoral por la gubernatura enfrentará de nuevo a los militares, el primero que dice yo quiero ser gobernador es el general Pablo Macias Valenzuela, se vanagloriaba de tener la bendición del presidente Cárdenas, pero se encontró con otro que también tenía la misma aprobación el coronel Rodolfo T. Loaiza. Y como suele suceder en esas situaciones se escogió aún tercero en discordia: El coronel Alfredo Delgado. El consuelo que le quedó a Loaiza es que éste era su amigo y aliado.

El coronel Alfredo Delgado contó con el apoyo del presidente Cárdenas, del PNR y del coronel Loaiza. Pero no le fue tan fácil llegar a ser gobernador, le compitieron por el puesto el general Félix Lara y el civil Félix M. López. El mismo José Maria Figueroa señala que “las elecciones no fueron pacíficas ni tranquilas y hubo que lamentar la pérdida de muchas vidas, que las pasiones se desbordaron no por la popularidad de los precandidatos, sino por la cerveza y el alcohol que ingerían los particiapantes a tarros llenos y vinieron los pleitos y los balazos por supuestos fraudes y anomalías en el proceso”.

Al coronel Delgado le tocó gobernar un cuatrienio de muchos conflictos políticos y sociales en el  estado. La política agraria que impuso el cardenismo tuvo una violenta respuesta de los caciques terratenientes del sur del estado, estos armaron a un grupo de sicarios y comuneros llamados “Los del monte” y los enfrentaron a los agraristas. También tuvo que enfrentar a movimientos sociales de trabajadores agrícolas y maestros que exigían mejores condiciones de vida.

En enero de 1940 el estado comenzó a ser escenario de una gran agitación política provocada por la coyuntura electoral que se acercaba. Al interior del PRM estatal se formaron dos tendencias para disputarse el cargo de gobernador, la diputación federal y la estatal. Por un lado se registraron como precandidatos el ingeniero Guillermo Liera, el coronel Gabriel Leyva y el cetemista Alejandro Peña. Y por el otro el coronel Rodolfo T. Loaiza, Guillermo Vidales y Raúl Simancas.

Desde inicios de la campaña, tanto Rodolfo T. Loaiza como Guillermo Liera se jactaban de tener el respaldo del presidente Cárdenas y del candidato a suplirlo Manuel Avila Camacho, pero lo cierto es que el primero apoyaba a Loaiza y el segundo a Liera. Esto hizo que la contienda al interior del partido cobrara un alto grado de intensidad y apasionamiento. Sin embargo la dirección nacional y estatal del partido se cargó hacia el lado de Liera y desplegaron una estrategia para desplazar de los cargos partidarios a los loaicistas y de esa forma asegurar en las elecciones internas el triunfo de Liera.

En marzo de 1940 se dieron a conocer los resultados en donde Guillermo Liera salió triunfador y se le declaró candidato del PRM al gobierno de Sinaloa. Rodolfo T. Loaiza y sus partidarios se negaron a aceptar el triunfo y se declararon en rebeldía. Un mes más tarde en la ciudad de México el Comité Ejecutivo Nacional del partido decidió expulsarlo acusándolo de indisciplina y traición. Loaiza y compañía decidieron formar el Partido Acción Revolucionaria Sinaloense (PARS) y participar en la contienda de manera independiente.

Se agregó a esta reñida competencia por el poder la candidatura del general Ramón F. Iturbe que volvía por sus fueros cobijado por el general Juan Andrew Almazán que contendía por la presidencia del país.

El ambiente político se complicó todavía más pues el movimiento obrero y campesino, pilares del cardenismo, se dividió ya que un sector mayoritario de la CTM, de la FROC y la CNC se pronunciaron por Liera y el otro por Loaiza. Esto llevó a una serie de riñas políticas por las direcciones sindicales en todo el estado. Los sectores conservadores del sur del estado que apoyaban a Liera y a Iturbe también aprovecharon la coyuntura para llevar agua a su molino y arremetieron contra los campesinos agraristas y asesinaron a algunos de sus dirigentes que eran simpatizantes de Loaiza. Lo mismo hicieron los militares simpatizantes del candidato Ávila Camacho y la elección se volvió tan complicada que el gobernador Delgado emitió una enérgica protesta a nivel nacional y pidió la intervención del presidente Lázaro Cárdenas.

En septiembre de 1940, tras una violenta contienda electoral se declaró triunfador a Rodolfo T. Loaiza. Detrás de este triunfo estaba la decisión del presidente Cárdenas (todavía le quedaba agua al bule) sobre la del candidato Manuel Ávila Camacho. Guillermo Liera que había ganado las elecciones apoyándose en el aparato del partido tuvo que aceptar la decisión presidencial y se retiró de la política. Paradójicamente el PRM había sido derrotado por quienes le dieron vida en el estado. Loaiza y sus seguidores de nueva cuenta salían victoriosos, pero también como es usual en los políticos, empezaron a cambiar de color como los camaleones y transitarán hacia un nuevo “ismo”: el avilacamachismo. Sin embargo Loaiza no pudo terminar su periodo como gobernador al igual que Páez y Leyva pues en 1944, en pleno carnaval mazatleco, cayo abatido por las balas de “Los del monte”.

* Presidente de La Crónica de Sinaloa, A.C.

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