Nacional

Los corridos de la Revolución

Por domingo 27 de junio de 2010 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

Este 20 de noviembre el aniversario 100 del inicio de la Revolución Mexicana, simpatizantes y detractores del movimiento casi siempre llegan a un punto de acuer­do, la importancia que tienen esos tiempos (1910-1928) en el México contemporáneo.

Esta etapa se distingue por tener, entre otros elementos, expresiones de arte popular generadas por el realismo de los hechos violentos, de los personajes participantes, de lugares geográficos, de crónicas orales, de leyendas populares y secre­tos contados a media voz que obligaron al arte masivo a ser testimonio y arma ideológica.

El corrido cumplió la encomienda y tema en el género mu­sical, se convirtió en la llave fundamental en su desarrollo y popularidad, no es aventurado decir que en este período se convierte en parte de la identidad cultural nacional.

Álvaro Custodio dice: “El corrido adquiere su verdadera di­mensión y su máxima popularidad cuando comienza la Revo­lución de 1910, aunque ganaría como género lírico durante el porfirismo”. Y agrega: “El mexicano tiene un temperamento musical nato: Lo que hay que decir lo hace cantando”.

De los corridos de la Revolución, apunta Andrés Henes­trosa: “Habrá y hay corridos para Villa, para Obregón, para Argumedo y para todos los hombres de la Revolución, para ensalzarlos y para denigrarlos. Pero donde mejor se encuen­tra es en el elogio, en la glorificación. Ahí es donde es más el pueblo”.

Esta breve antología de fragmentos de corridos de la Re­volución es memoria que nos pertenece y que se encuentra plasmada en el universo músico-literario con alto valor socio­cultural. Estos corridos compilados son obras de autores dis­tinguidos, populares y del México que el 20 de noviembre de 1910 transformó su destino.

…Con mi guitarra en las manos
Que me afusilen cantando, con mi guitarra en las manos,
gritó valiente un muchacho que era un revolu­cionario,
del 23 regimiento, arma de caballería, tenía por grado sargento, y què chulavos tenía.
Cuando le entraba al combate, peleaba siempre cantando,
y no cambiaba el semblante aunque lo andaban quemando.
Pero una noche espantosa, que le tocó verse herido
fue prisionero entre rocas en la boca del enemi­go.
Y le formaron el cuadro después de lo que el pedía:
Que me afusilen cantando al despedir a la vida….

Despierten ya mexicanos (fragmento)
Despierten ya, mexicanos, los que no han podido ver
que andan derramando sangre para subir a otro al poder.
¿Dònde está el jefe Zapata que esa espada ya no brilla?
¿Dónde está el bravo del norte que era don Francisco Villa?
Fueron líderes primeros que empuñaron el acero
hasta subir al poder a don Francisco I. Madero…
yo no he visto candidato que no sea convenen­ciero,
cuando suben al poder no conocen compañero.
VIII Zapata le dijo a Villa ¡Ya perdimos el albur,
tú atacarás por el norte, yo atacaré por el sur!
Ya con esta me despido porque nosotros nos vamos:
aquí termina el corrido de la Revolución, mexi­canos.

La muerte de Obregón Samuel L.Lozano. (fragmento)
Vengo a cantar estos versos si me prestan su atención
De los últimos sucesos y la muerte de Obregón.
Después de ser aclamado en su gira triunfadora
regresó hasta Navojoa del Estado de Sonora.
VI
Los días 15 y 16 muchas fiestas en su honor
le ofrecieron sus amigos del gran centro director.
Al principiar ya los postres notaron en un instante
a un hombre desconocido que era un joven dibujante.
XII
Aquel joven dibujante con grande resolución
se acercó junto al asiento del candidato Obregón
breve, con la mano izquierda el dibujo le mostró,
y con la otra por la espalda seis tiros le descargó.
XIII
Ya con esta me despido…perdonen mi narración,
aquí se acaba el corrido de la muerte de Obre­gón.

La muerte de Emiliano Zapata
Escuchen señores, oigan el corrido
de un triste acontecimiento;
pues en Chinameca fue muerto a mansalva
Zapata el gran insurrecto.
IX
Corre, corre conejito, cuéntales a tus hermanos:
ya murió e señor Zapata, el coco de los tiranos.
Canta, canta gorrioncito, di tu canción melodiosa:
cayó el general Zapata en forma muy alevosa
XXXII
Jilguerito mañanero de las cumbres soberano,
¡Mira qué forma tan triste ultimaron a Emiliano!
Señores y me despido que no tengan novedad.
Cual héroe murió Zapatas para dar Tierra y Li­bertad.

Martirio y muerte del señor Madero (fragmento)
En mil novecientos trece aprehendieron a Ma­dero,
en Palacio Nacional el dieciocho de febrero.
Cuatro días estuvo preso de Palacio en la Inten­dencia,
porque no quiso aceptar el dejar la Presidencia.
Lo apretaron donde era hombre hasta que se desmayó.
Con tan sañuda crueldad, pero ni así renunció.
Pero todo eso fue en vano por su enorme valen­tía;
porque prefirió morir. ¡Què gran corazón tenía!
Adiós mi México hermoso, donde Madero murió,
Adiós, adiós al palacio en que el apóstol cayó.
Señores no hay nada eterno y no hay amigo sincero;
miren lo que le pasó a don Francisco I. Madero.

Los combates de Celaya  (fragmento)
El día veintitrés de abril los combates principiaron
en la Ciudad de Celaya, los carrancistas triunfa­ron.
Un gran número de gente que traiba Álvaro Obregón
fueron los que resguardaron por todita la esta­ción.
XVIII
Obregón decía a los yaquis: “No tengan miedo que mueran
muchachos les aconsejo, revivirán en su tierra”.
Respondió un soldado de ellos: “No es cierto, mi general,
le escribí a un hermano muerto, no me ha vuelto a contestar”.
XXVI
En la Hacienda de Santa Ana, tres leguas lejos de León,
allí fue donde perdió el brazo el general Obregón.
Ya con esta me despido, antes de que yo me vaya,
ya le canté a mis amigos los combates de Celaya.

Carabina 30-30 Arreglo: G.Nùñez  (fragmento)
Con mi treinta treinta me voy a alistar
y engrosar las filas de la rebelión,
para conquistar, conquistar libertad
a los habitantes de nuestra Naciòn.

Con mi treinta treinta me voy a pelear
y a ofrecer la vida en la Revoluciòn,
si mi sangre piden mi sangre les doy
por los habitantes de nuestra Naciòn.

Carabina treinta treinta
que cargamos los rebeldes,
que viva el señor Madero
desde el veinte de noviembre.

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