El egoísmo en la teoría económica

Por Francisco Torres Vega*

El egoís­mo es para la teoría económica un ins­tinto fundamental de los seres humanos que se deriva de su propia conservación, este principio egoísta es lo que obliga al hombre co­mún a aten­der primero que nada sus propias necesidades y las de su familia, después ten­drá en cuenta las necesidades de la sociedad a la que pertenece. El instinto egoísta de conservación indivi­dual, fue considerado por los precursores de la teo­ría económica como un principio fundamental para el estudio de la economía, el egoísmo penetra hasta convertirse en el motor de la vida social e implica una relación muy estrecha entre necesidad y satis­facción.

En la teoría económica, el concepto del egoísmo se analiza desde que Adam Smith hizo referencia a la economía basada en la división del trabajo, los hom­bres, decía Smith, no tienen nada que agradecer a los demás hombres por el suministro de bienes y servicios que necesita para cubrir sus necesidades, sino a su egoísmo. Lo que está planteando Smith, en principio, es que el instinto básico de conservación es la vía que conduce a la división del trabajo y al intercambio de los bienes y servicios producidos, es en última instan­cia, el intercambio en los mercados libres es donde se establece la unión social entre los hombres.

En las doctrinas económicas clásicas la conducta individual con sus teorías del afán de lucro y de la competencia están erigidas sobre la ley fundamental del egoísmo, es en ésta teoría que también se funda­menta el contenido de la economía neoliberal, tan en auge en nuestros tiempos, la base filosófica de la teoría del egoísmo debe buscarse en la filosofía em­pírica. Antes debemos reconocer que la realidad em­pírica no puede ser comprendida en sus múltiples fa­cetas por ninguna ciencia o conjunto de ciencias, por lo que entonces siempre estaremos reducidos a hacer deducciones a base de hipótesis aisladas, como por ejemplo, es el caso de la proposición de si el egoísmo es la fuerza impulsora de la economía coinvirtiéndose por tanto en el objeto del estudio de la ciencia económica.

Si ante esta interrogante nuestra res­puesta fuese afirmativa, supondríamos que la cien­cia económica aparentemen­te puede ser construida sobre la única hipótesis del egoísmo, pero como sabemos que todas ciencias requieren de una teoría y la teoría se construye no con una sola hipóte­sis, sino con todo un sistema de hipótesis, en el caso de la teoría económica necesitamos de un conjunto de hipótesis inherentes a la razón del orden económi­co. En todo caso, el concepto sobre el egoísmo en las doctrinas clásicas y neoclásicas es un medio substan­cial para delimitar un interesante campo de estudio de la economía colindante con la sociología.

Si la respuesta fuera en sentido contrario, tendría­mos que rechazar tanto la teoría del egoísmo, como el instinto de conservación y también el planteamiento de los problemas económicos partiendo de la conducta individual y partir del concepto de la sociedad como una organización mucho más compleja, esto es, una concepción universal de los fenómenos económicos.

La teoría del egoísmo debe valorarse como un re­curso metódico en la obra de Smith cuando denomina a la economía como la “esfera de acción del egoís­mo”, es una concepción que enuncia el principio de que el egoísmo es una cooperación automática de la sociedad, un principio de acción de la economía y base de la política económica punto de apoyo del li­beralismo económico.

Conforme a esto, es la teoría del egoísmo la base de la concepción neoliberal del mundo actual y, en todo caso, cualquiera que sea la valoración del efecto del egoísmo como móvil de la actividad individual, es el propio interés del individuo la fuente de las pugnas de intereses, cuya única limitación para el hombre es el ejercicio del poder para obtener lo que se desea al precio que sea.

*Economista

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