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JUAN O´GORMAN UNA INVITACIÓN A LOS JÓVENES QUE QUIEREN CAMBIAR EL MUNDO

Por viernes 31 de julio de 2020 Sin Comentarios

ADRIANA SANDOVAL

Juan O´Gorman

Dedicado con especial cariño a mis alumnos

Si bien Juan O´Gorman participa de estudios especializados en diversas disciplinas representa hoy día, también, una valiosa oportunidad para dialogar con los jóvenes; jóvenes universitarios, jóvenes que se encuentran por decidir qué profesión eligirán y, más aún, todos aquellos jóvenes que guardan en su espíritu la necesidad imperiosa de transformar su entorno. Esos jóvenes con quienes he tenido la oportunidad de aprender en el aula y quienes, confío plenamente, serán sujetos de cambio.

Juan O´Gorman (1905-1982) vivió 76 años y en el transcurrir de su vida fue testigo de cambios significativos en lo local y en lo global. Atravesó por tiempos de esperanza, por periodos de transición y grandes momentos de decepción. Su trabajo, tanto en la arquitectura como en la pìntura, sin embargo, se convirtió en una constante fructífera a través de la cual logró mantenerse, siempre, en la posibilidad de generar soluciones ante problemas específicos.

Si bien la obra de O´Gorman consta de una producción ininterrumpida que supera los cincuenta años y alberga grandes logros del arte mexicano para el mundo, quizás una manera ecuánime de referirse a ella deba incluir la necesidad de O´Gorman de poner su trabajo a disposición de las grandes mayorías así como su conocimiento en función de la construcción de narrativas capaces de contribuir en la educación del pueblo. O´Gorman fue un factor de cambio y es esa cualidad, quizás, uno de sus legados más valiosos.

Arte y revolución

O´Gorman nació casi a la par de la Revolución Méxicana (1910-1921). En su autobiografía, dictada a su amigo Antonio Luna Arroyo, O´Gorman compartió tempranas memorias del caos en que se imbuyó la Ciudad de México a causa del movimiento armado y de las cuales fue testigo siendo apenas un niño. Pero la Revolución otorgó, también, a O´Gorman un ánimo de transformación que lo acompañó a lo largo de su vida, un ímpetu de cambio que lo hizo partícipe de una valiosa generación de artistas y pensadores capaces de denunciar lo que otros callaron y que puso manos a la obra al momento de reconstruir un país tras la guerra.

O´Gorman se matriculó en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de México en 1922, lo que le permitió imbuirse en el ánimo de transformación que permeó los años posteriores a la Revolución Méxicana pero que no hizo muy feliz a su padre, ya que Mr. Cecil Crawford O´Gorman (1874-1943), deseaba que Juan estudiara medicina. O´Gorman había cursado su educación básica bajo la enseñanza de su padre, de profesores como Abraham Gómez y en el Colegio Franco Inglés, por lo que su ingreso a la Escuela de Arquitectura, ubicada entonces en la Academia de San Carlos, implicó una apertura significativa para el joven estudiante así como un motivo para viajar en tranvía de San Ángel, donde habitaba con su familia, al Centro Histórico y así conocer la Ciudad de México, su efervescencia política y ver los primeros automóviles que se desplazaban por sus calles.

Durante su tiempo de formación profesional O´Gorman observó de cerca el nacimiento del muralismo mexicano en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Ahí conoció, a Diego Rivera (1886-1957), a Carlos Mérida (1891-1984), a Marte R. Gómez (1896-1973), a Francisco J. Múgica (1884-1954) y a José Vasconcelos (1882-1959), sin dejar de mencionar que fue ahí mismo donde conoció y se enamoró de Frida Kahlo (1907-1954) con quien mantuvo una larga relación amistosa una vez que Frida y Diego se casaran y fuera Juan el encargado de construir la casa-estudio donde habitarían los recién casados.

Los años de formación de O´Gorman fueron determinantes para comprender el momento histórico al que pertenecía y, más aún, fue en ese momento donde comenzó a simpatizar con “todo aquello que significaba mejorar las condiciones sociales del hombre” y en donde surgió, también, en él “una fe que sustituyó a la mística que antes guardaba; una fe que sirvió como medio de desarrollo y que le unió a la izquierda intelectual de México”. Juan O´Gorman, como muchos de sus compañeros y maestros, simpatizaba, a corta edad, con el pensamiento socialista de corte soviético, lo que hace comprensible sus tempranos deseos por “mejorar el futuro para toda la humanidad” así como haber sido él quien, años más tarde, construyera la tumba de León Trotsky (1879-1940) en la misma casa donde fue asesinado el revolucionario.

El jóven O´Gorman encontró una vinculación natural entre la arquitectura y la pintura tempranamente cuando trabajó como dibujante en los despachos de los reconocidos arquitectos Carlos Obregón Santacilia (1896-1961) y Carlos Tarditi. Ahí se le encomendó la tarea de ejecutar murales decorativos en varias pulquerías y cantinas de la Ciudad de México (1924-1925), acto que recuerda los trabajos de Frida Kahlo y sus alumnos los Fridos en pulquerías como “La Rosita” en 1943. Si bien, los registros que se guardan de las intervenciones de O´Gorman en dichos sitios permiten observar que las obras fueron ejecutadas en forma muy sencilla, la relevancia del acto se orienta hacia el contacto del joven de 19 años con la cultura popular, ya que previo a ello O´Gorman practicaba solamente y por influencia de su padre pintura de caballete al temple, siendo su trabajo en estos sitios el antecedente de su destacada labor como muralista y el surgimiento de un compromiso incorruptible de ejecutar obras capaces de contribuir en la educación de su espectador.

El ánimo revolucionario de O´Gorman lo llevó a plantear en los años treinta un proyecto de construcción de edificios escolares siendo Jefe del Departamento de Edificios de la Secretaría de Educación Pública. Pese a las críticas éstas, y no otras obras, fueron la expresión mejor lograda de O´Gorman en el ámbito de la arquitectura pues fue a partir de la proyección y construcción de varias decenas de escuelas en barrios populares y semi rurales de la Ciudad de México que O´Gorman logró poner en práctica el concepto de arquitectura moderna que guardaba, es decir, una técnica económica de construcción a beneficio de sus habitantes y, más específicamente, al servicio de las grandes mayorías. Si bien las escuelas de O´Gorman fueron señaladas por algunos críticos como “monumentos a la miseria” por lo parco de sus espacios, los edificios proyectados por el jóven arquitecto lograron dignificar la educación básica de hijos de obreros y campesinos quienes por primera vez gozarían de tener baños, agua corriente y ventilación en sus escuelas.

Las escuelas de Juan O´Gorman en los barrios obreros y campesinos de la Ciudad de México detonaron, también, la traza urbana de zonas pobres y marginadas, mejoraron las condiciones de habitación de sus usuarios y llevaron a sus espacios expresiones de pintura mural de manos de artistas como Pablo O´Higgins (1904-1983), Alfredo Zalce (1908-2003) y Julio Castellanos (1905-1947) entre otros. Cabe mencionar que para muchos de los artistas invitados por O´Gorman fueron los muros de las escuelas primarias la primera oportunidad de participar del movimiento muralista acaparado por otras figuras y que su trabajo tuvo una injerencia real en el día a día de las clases populares cumpliendo así, cabalmente, el sentido de arte público.

A Juan O´Gorman se le reconoce actualmente como uno de los arquitectos más relevantes de América Latina del siglo XX. Su incursión en la escena pública ocurrió en 1929 cuando construyó la primera casa totalmente funcionalista de México. Sin embargo, este acto no fue reconocido en lo inmediato, no sólo por la resistencia de ciertos sectores académicos frente a los lenguajes arquitectónicos de avanzada y la competencia que en torno al mérito existía en el gremio de arquitectos sino, también, por el desdén mismo de O´Gorman, quien jamás disputó la presea.

La construcción que valió a O´Gorman formar parte de la escena creativa nacional y a México participar de la arquitectura moderna guardó particularidades dignas de señalar, lejos del acontecimiento meramente histórico. O´Gorman logró realizar dicha casa con total libertad, gracias a ser él mismo dueño del futuro inmueble y es que años atrás Juan había ejecutado proyectos donde sus clientes coqueteaban con la arquitectura moderna sin entregarse totalmente a sus preceptos. También resulta importante señalar que la ejecución de la casa del 29´ se llevó a cabo sobre un terreno comprado por O´Gorman con los ahorros de sus primeros sueldos como dibujante y fue proyectada y resuelta por Juan a la edad de 24 años sin tener aún su título de arquitecto. Juan construyó la primera casa totalmente funcionalista de México, además, en retribución de los gastos efectuados por su padre en su educación y es que la intención de O´Gorman, en ese sentido, era la de liquidar con la casa “cualquier tipo de deuda” que pudiera tener con su progenitor.

Juan O´Gorman vivió muchos años más y produjo una gran cantidad de obras, entre ellas, un tríptico de gran formato (1938) en el que narraba la historia de la aviación pero en el que se dio la oportunidad de criticar al régimen de Hitler (1889-1945) y Mussolini (1883-1945) para ser exhibido en el aeropuerto de la Ciudad de México y sus contenidos le valieron su destrucción. Intervino el

altar principal del exconvento agustino de la Ciudad de Pátzcuaro, Michoacán hecho Biblioteca Pública bajo las órdenes de Lázaro Cárdenas (1895-1970). Ahí O´Gorman sublimó la historia purépecha y realizó un retrato de Eréndira, la heroína indigena líder de la resistencia local frente a la invasión española. En 1952, O´Gorman ejecutó el petro-mural “Representación Histórica de la Cultura” de Biblioteca Central en Ciudad Universitaria, Ciudad de México. Ahí realizó una de sus mayores críticas al discurso creativo de los años cincuenta sin que los especialistas notaran su postura disidente considerándola una obra representativa del México moderno.

Juan O´Gorman fue un hombre profundamente humano y en ese sentido no temió a opinar y a rectificar en el momento indicado. Su vida fue un constante transformarse y con ello una constante transformación de su entorno. Contó con amigos entrañables como el músico Conlon Nancarrow (1912-1997), la escultora Ángela Gurría (1929) y la crítica de arte Ida Rodríguez Prampolini (1925-2017), esto sin dejar de mencionar a todos aquellos que lo acompañaron en sus proyectos y coadyuvaron en la materializaron sus objetivos.

Maestra en Estudios de Arte por la Universidad
Iberoamericana, gestora y curadora, especialista en la obra
de Juan O’Gorman

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