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MI EDUCACIÓN PRIMARIA

Por domingo 15 de marzo de 2020 Sin Comentarios

SANTOS LÓPEZ LEYVA

Mi familia arribó a Mocorito, Sinaloa, el 16 de marzo de 1956, mis padres decidieron abandonar el Rincón de los Santos en la búsqueda de un lugar donde sus hijos pudieran estudiar y no crecieran sin saber leer ni escribir. Por esos años, casi 50% de las personas mayores de 15 años no sabían leer ni escribir en México. Mis progenitores no querían que sus hijos formaran parte de esa estadística. En septiembre me inscribí en la escuela primaria Benito Juárez, que en ese tiempo era la escuela de niños y la Agustina Ramírez, era la escuela de niñas.

La política educativa del momento

En los años 50s del siglo XX uno de los principales objetivos de la política educativa de nuestro país era reducir el analfabetismo, ya que al inicio de esa década casi el 50% de la población mayor de quince años no sabía leer ni escribir. Ya desde 1944, don Jaime Torres Bodet, quien fue Secretario de Educación Pública durante el gobierno del general Manuel Ávila Camacho (1940-1946), había lanzado un plan de alfabetización para todo México; además había creado el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, el cual tenía como objetivo preparar los maestros que el país necesitaba. En 1958, que llega a la Presidencia de la República el licenciado Adolfo López Mateos, don Jaime Torres Bodet es nombrado Secretario de Educación Pública de nueva cuenta; los programas que había fundado en su anterior administración seguían funcionando, pero en esta nueva época se puede destacar otras medidas muy pertinentes, tales como haber lanzado el Plan de Once Años, que constituyó un gran proyecto educativo para México, este plan contemplaba un programa ambicioso de construcción de escuelas, con sus respectivas pequeñas bibliotecas; se crearon los libros de texto gratuitos, los cuales eran verdaderas fuentes de conocimiento, entre otras medidas. Para mi, si duda, don Jaime Torres Bodet es el mejor Ministro de Educación que ha tenido nuestro país. Otra medida educativa que en ese tiempo se impulsaba era la coeducación, o sea escuelas y grupos escolares integrados por niños y niñas, con base en ello, creo que fue en 1960, cuando grupos de niños se pasaron de la escuela Benito Juárez a la Agustina Ramírez, y de niñas de la Agustina a la Benito. En la Agustina Ramírez era directora la profesora María del Refugio Velázquez y de la Benito Juárez era director el profesor Jesús Manuel Ibarra Peiro.

Los profesores de la Benito

En la planta magisterial de la escuela Benito Juárez se encontraba en primer grado grupo A, la profesora Macrina Medina Jiménez, que cuando llegué a la escuela me formé con su grupo; pero al realizar mi registro me tocó el grupo B, con la profesora Salomé Cárdenas Navidad (Chamé), una excelente profesora, llena de paciencia, atención y cariño hacia sus alumnos. El método para la enseñanza de lectura y escritura era el “Onomatopéyico”, desarrollado por Gregorio Torres Quintero, un profesor mexicano. El centro pedagógico de ese método eran los sonidos emitidos por los animales, los sonidos se trasladaban a letras y los alumnos repetíamos el sonido hasta identificarlo con la letra.

Cuando pasé a segundo año, también había dos grupos, en uno estaba Lupita Payán Navidad y en el otro, la profesora María Cleofas Fierro, fui alumno de esta última, una profesora muy amable con los niños, quizá porque tenía muchos hijos, a veces faltaba por la necesidad de brindarles atención maternal, a quienes, en ocasiones traía al salón de clases. Ella era la esposa del profesor Epifanio Sainz Aguilar, el inspector escolar. El tercer grado lo cursé con la profesora María de Jesús Enciso, muy buena profesora, era muy estricta, no había salones y recibíamos clases en aula improvisada en el portal de la escuela; en el otro grupo estaba la profesora Armida Sosa. Ya en cuarto grado estuve con la profesora Lupita Payán Navidad, tenía fama de estricta, pero la verdad que era una excelente profesora. En quinto grado había dos profesores, uno era Rafael Jiménez Zazueta y el otro Javier Ortega Landeros, me tocó estar con este último, este fue un profesor que trabajó muy poco en Mocorito, siempre estuve en el grupo B, pero ya en sexto había grupo único y su profesor era Juan Valdez Inzunza, era un profesor muy dedicado, pero falto de paciencia, en sus clases aprendí mucha geografía universal, era su materia preferida.

El profesor en el tiempo

Siento que el profesor ha perdido peso en el imaginario social de la población, las nuevas generaciones no le brindan el valor que debe tener como agente cultural e intelectual de una sociedad, lo cual se deriva de múltiples factores, algunos provienen de la actitud asumida por el propio maestro, existen mentores que no han aceptado la profesión con la responsabilidad que esta requiere, no han desempeñado el papel que les corresponde; otra, es el desarrollo de las nuevas formas de comunicación y aprendizaje en la sociedad, pero quizá, la más importante es la forma de concebir al maestro de algunas autoridades educativas y sindicales, existen sindicatos y partidos políticos que conciben al profesor como un activista político, alguien que va a traer votos para el partido o para el sindicato, para ellos no importa su preparación, atención a los niños y dedicación en el aula, sino la capacidad que tenga para el convencimiento político. El maestro debe ser el eje de trasformación, sin él, no hay reforma educativa.

* Profesor de la Facultad de Economía y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Baja California

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