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LA HISTORIA DESDE OTRO PUNTO DE VISTA

Por jueves 31 de mayo de 2018 Sin Comentarios

CARLOS LAVÍN FIGUEROA

Desde siempre empecé a investigar de historia por intuición y por placer intelectual, después la fui escribiendo relacionando cosas, datos, palabras, objetos, y con el tiempo fui rastreando, probando y comprobando que los temas que yo iba descifrando se iban convirtiendo en verdades sustentadas, cada investigación era como haber entrado en una vieja casa y antes de recorrerla saber cómo había sido construida, como era su distribución y como se había vivido en ella, y al irlo comprobando, paralelamente iba enriqueciendo mis trabajos inéditos en la búsqueda de certezas en más y más fuentes, que abriendo puertas me sorprendía a mí mismo. La simple curiosidad fue un determinante detonador, los viajes porque ilustran aparejado con la relación de nuestra lengua hispana con otras palabras latinas y no latinas que me dieron caminos para andar y trazar. La historia se puede recrear hasta con detalles y pasajes no dichos con anterioridad solo que para lograrlo se requiere de sensibilidad y “percepción humana” que es válida también en el contexto jurídico para aplicar la ley llegando a una verdad legal, lógica, e histórica, pero esto no lo entienden, o no lo quieren entender los impasibles académicos.

Hoy tengo la satisfacción de haber contribuido a enriquecer la historia de mi ciudad con temas torales, y algunos otros de carácter e interés nacional. Apenas a mediados del siglo XIX la historia se convirtió en una ciencia, pero lo que no quieren reconocer los historiadores académicos es que la historia ya existía desde que se invento la escritura jeroglífica, luego la cuneiforme, la ideográfica, la pictográfica como la nahua, la cursiva, la demótica y la moderna alfabética, sus significados y mensajes eran ya historia desde sus inicios, miles de años atrás y no apenas a partir del siglo XIX.
La historia no es una ciencia pura, está entre la literatura, la escritura, el texto, el contexto, el subtexto y su interpretación, por lo tanto, más bien es un género literario apoyado, si, con bosquejos teóricos y científicos, pero al fin, es -y así se debe reconocer- como un género de la literatura, sólo que a los historiadores académicos les da pena reconocerlo. Las mejores historias no las han escrito ellos, sino los literatos, como Fernando del Paso en su obra “Noticias del Imperio”, también los mejores trabajos de investigación lingüística y filológica son aquellos en que sus autores están alejados del academicismo, como mi maestro Gutierre Tibon quien vivo aquí en Cuernavaca la mayor parte de su vida, milanés de origen, multipremiado, entre otros fue nombrado Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, fue quien descifro hace apenas unas décadas que la palabra México significa “En el ombligo de la luna”, él, escribió extensamente sobre temas de identidad cultural, mezclando las ideas de la antropología, la lingüística, la psicología, la filosofía, la etnología, la sociología y la ciencia política, de él dijo el investigador emérito y doctor en Historia Albaro Matute “Qué bueno que existen los sabios no académicos como Gutierre Tibon, Ernesto de la Peña y Ricardo de Alcazar; Tibon podía escribir y decir cosas interesantísimas sobre los significados de las palabras que sólo un gran erudito con mente libre puede hacerlo”, es decir sin estar atado intelectualmente a procedimientos y frías técnicas académicas.
En estos tres sabios sustento mi previa investigación de que la palabra Cuernavaca no es nahua ni de origen, sino hispana, con raíces hispanas, que proviene de otra población hispana con la que guarda cierto parecido fonético, a esto se suman destacados intelectuales en historia lingüística como Concepción Company; José Moreno doctor en lingüística, miembro del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua; Pablo Escalante Gonzalvo vecino de esta ciudad, especialista en toponimia prehispánica e inicios de la época colonial, es decir del mestizaje idiomático.

Y después de haber realizado amplios y muy diversos trabajos inéditos me encuentro también con lo dicho genéricamente por el maestro Antonio García de León Griego -de apellido- pero mexicano nacido en Jáltipan Veracruz y vecino hace más 20 años en Tepoztlán Morelos a poca distancia de Cuernavaca, a quien se le otorgó el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2015, dice que “a los historiadores académicos les apena reconocer que la historia no es una ciencia, sino que es un género literario. Así que la historia no es una ciencia que sólo puede ser tratada por quienes han pasado antes por las aulas. Aunque les duela a los historiadores académicos que se quieren adjudicar sólo ellos todo el derecho de escribir de historia.

Hasta la próxima

*Historiador y cronista de Cuernavaca

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