Nacional

XV ENCUENTRO NACIONAL DEL MARIACHI TRADICIONAL

Por jueves 15 de septiembre de 2016 Sin Comentarios

Por: Alberto Ángel “El Cuervo”

encuentro nacionalAl final del encuentro, mil reflexiones se entrelazaban alrededor de todo lo bellamente experimentado en mi siempre amada Guadalajara… XV años ya… Con pastel y vals y toda la cursilería necesaria, comenzó el XV Encuentro del Mariachi Tradicional a las puertas de ese magnífico Teatro Degollado. Asistíamos después a la primera muestra de mariachi tradicional en la categoría infantil. Una maravilla ver a los niños de 5 ó 6 años tocando los instrumentos tradicionales del mariachi… Guitarra quinta de golpe, arpa, violines y en algunos grupos incluso el Guitarrón de Górgoro o la guitarrita chachalaca o periquita… Muchas cosas, mucho aprendizaje, mucha emoción la que genera este encuentro año tras año… Por si fuera poco todo lo que sucedía, este año tendría una significación sumamente especial para mí. La clausura del Encuentro, se daría presentando un espectáculo escrito, conducido y cantado por mí teniendo como conductora e intérprete invitada a la talentosa Marcela Anzures. Intentando asistir al mayor número de eventos que se ofrecían en el Coloquio que este fabuloso Encuentro del Mariachi Tradicional ofrece, me encontré con algunas ponencias de gran interés para todo aquel que busque conocer nuestras raíces musicales tradicionales…

—Maestro, me da mucho gusto saludarlo… Perdón, Doctor…
—Mire, si me vuelve a decir así, voy a traer una frase de mi hermano gato que es: ¡No me esté chingando…!
—Jajajajaja pero por qué, es con todo respeto por su doctorado… Por eso, insisto en darle mis parabienes
mi querido Doctor aunque me diga como su hermano jajajajaja…
—¡Uh qué la canción y ahora hasta parabienes…! Ni que estuviéramos en mi velorio…
—¿Por qué velorio…?
—Estamos en el Encuentro del Mariachi Tradicional, cómo se ve que a usted nomás le interesa la época industrial de la música mexicana… Los parabienes son una parte relevante de la tradición musical de nuestro país.
—Pues barájele más despacio… Soy todo oídos…

Cuando escuché por primera vez los famosos parabienes con el acompañamiento del mariachi tradicional, me transportó a mi infancia aunque en realidad la música era muy distinta no obstante que se trataba de despedir a los niños al momento de su fallecimiento… viajaba de la música istmeña melancólica en voz de las plañideras acompañando el desprendimiento del niño inocente, a la novela de Bruno Traven “El Puente en La Selva”… Pero los parabienes, también llamados “despedimientos de angelito” o “coronación de angelito”, llevan implícita una dualidad emocional muy particular… Oscilan entre la supuesta alegría porque el angelito va directo al paraíso al lado de Dios dada su condición pura y la tristeza que toda despedida causa. Desde tiempos muy antiguos, se consideraba que al morir un niño no debía de hacerse misa ni llevar luto. Por el contrario, se lanzaban cohetes, se sentía o debía sentirse alegría porque iría directo al cielo y se le cantaban los parabienes o despedimientos en los que la letra era una suposición de lo que el niño decía a sus padres para que no se quedaran tristes porque él iba a un lugar mejor. Sin embargo, siempre se palpaba el dolor que en los que se quedan permanece…

“Me despido tristemente/De la casa donde estoy/Adiós… Adiós…/Madre porque ya me voy.”

“No llores, madre querida/Deja de tanto llorar/Que allá le pido a mi Dios/Que te venga a consolar.”

encuentro nacional 2Así, cuando un niño fallecía, de inmediato se llamaba a los músicos que acudían como una contribución a su comunidad a cantar los parabienes o despedimientos. Se comenzaba con una exposición de los llamados minuetes, piezas instrumentales que se utilizaban para las ceremonias religiosas y de manera especial en los fandangos de angelitos. El angelito, se despedía de la familia, de los padrinos, de su tierra y de la vida en general por medio de los versos que se imaginaba los cantaba el angelito vestido de blanco con coronas de flores o de papel brillante y rodeado de flores.

“No llores madre querida/Tu siempre sigue llorando/Adiós… Adiós… La tierra me está llamando/Adiós mi padre y mi madre/ Adiós también mis padrinos/Adiós… Adiós…/Yo ya voy en el camino…”

Otra de las cosas por demás interesantes que durante este XV encuentro pude aprender, fue lo referente al llamado baile de tabla. Esto es algo relevante en lo que al mariachi tradicional se refiere. Debo recordar aquí que desde sus inicios prehispánicos (según apuntan los más serios investigadores), el mariachi utilizaba un tablado que era parte de su música y dentro de los grupos tradicionales, la tarima es casi infaltable donde los bailadores zapatean. Pero el llamado baile de tabla, es distinto. Por principio, en el baile de tabla no es importante la estética, es decir, la coreografía que la danza en general procura ya sea ballet clásico, tradicional, contemporáneo o jazz en el baile de tabla no necesita de cuidar coreografía ni estética alguna dado que no es una danza propiamente dicho, sino es parte de la instrumentación. La tabla es un instrumento de percusión que se utiliza como complemento del mariachi tradicional en algunas regiones de la considerada zona mariachera (léase, Jalisco, Colima, Nayarit, Michoacán y algunos lugares de Guerrero y Guanajuato y Zacatecas).

En el baile de tabla, se entra con botón y se sale con otón, es decir, se cae con los dos pies al mismo tiempo. El hombre baila con huaraches y la mujer con zapatos para que ella haga un sonido más agudo y el hombre de un sonido grave y a contratiempo.

En el baile de tabla no importa la estética de los que están bailando porque incluso ni siquiera se ve dado que se cierra un círculo alrededor de la tabla y solamente se alcanza a escuchar. Los géneros más utilizados para el baile de tabla son el gusto y el son. Los estilos de baile de tabla, varían más que de región a región, de familia a familia. Cada familia le imprime un estilo y un juego rítmico distinto que se va a convertir en una especie de sello de la familia que se va transmitiendo de generación en generación conservándolo con gran orgullo y realimentándolo dentro de la manera tradicional familiar de ejecutarlo. Los músicos permanecen tocando el tiempo que sea necesario hasta que haya pasado el último bailador y bailadora. Cuando ya no hay más bailadores es cuando se acaba el baile de tabla.

* Pinto, autor e intérprete

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