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“Mi primer periódico y mi primer libro” (Parte 3)

Por domingo 18 de mayo de 2014 Sin Comentarios

….”seleccionando un libro que limpió delicadamente con una fila tela y el cual puso en mis manos diciendo: no sólo te regalo el periódico, te entrego también este libro que te llevarás en préstamo es una de las obras más leídas en la historia de la literatura mundial”… EL AUTOR.

Por Salvador Echeagaray*

Para la fiesta del  toreo se perdió una figura que quedó en promesa.

Para cientos de familias de las comunidades rurales del Municipio de San Ignacio, se ganó un médico de excelencia  que atendió y sirvió con largueza y generosidad a las gentes, imprimiendo el sello que caracterizó siempre a Don Federico como una persona que hizo el bien, con un gran sentido de lo humano y social, como ya lo hemos señalado.

A Don Federico hijo, le fue imposible “matar” el “gusanito” por la tauromaquia, y se empeñó en enseñar con paciencia y tenacidad el arte del toreo a todos los jóvenes que residían en la hacienda, y a los que  se interesaran en su aprendizaje procedentes de los pueblos vecinos, con la esperanza puesta quizás, en que de alguno de sus alumnos surgiera para la fiesta brava, otro “Españolito”.

El que escribe así como otros más, recibió clases prácticas de Don Federico,  los fines de semana  durante todo un ciclo escolar,  y tuve el arrojo de enfrentar – no me atrevo a decir torear – , varias vaquillas, que en ocasiones “revolcaron” mi flaca humanidad entre el  estiércol  y la tierra del corral  habilitado como  redondel en la hacienda.

Deseo destacar que  nuestro personaje, realizó una enorme cruzada humanitaria en la región del Piaxtla.

Realizaba continuas visitas a las escuelas que funcionaban en los pueblos vecinos a la hacienda, enseñando prácticas de higiene preventivas contra la tuberculosis, paludismo, parasitosis y otras enfermedades propias  de las zonas aledañas a la costa, acciones de tipo profiláctico que  representaban  una novedad para la época.

Atendía, además a un gran número de enfermos humildes que llegaban al rancho  de todos los rumbos del Municipio.

Es de justicia histórica señalar el hecho de que recibía y curaba a niños y jóvenes afectados de tuberculosis, que durante el tratamiento, se alojaban en un “pabellón” que acondicionó en la hacienda, logrando la recuperación de la mayoría de los pacientes, a base de buena alimentación y ejercicios en ese ambiente campirano.

En una visita de fin de semana junto a varios compañeros de escuela para recibir las clases de toreo, al tener la necesidad de usar el retrete de la casa grande, dado que los alumnos teníamos el permiso correspondiente – para evitar “hacer del dos” al aire libre, – me di cuenta que usaban las hojas de periódico como papel higiénico, lo que para mí representó un banquete de lectura con énfasis en las noticias sobre las últimas batallas que los ejércitos aliados presentaban contra el diezmado  ejército alemán de Hitler,  en los suburbios  de la capital de la Alemania Nazi, punto  éste que significaba el “cierre”  de la “pinza” en el que coincidirían los ejércitos  de los Estados Unidos e Inglaterra así como el ejército Ruso,  lo que causó la derrota total  de los sueños del predominio de la raza Aria sobre las demás “razas inferiores”, y con ello, se evitó, el surgimiento del tercer  Reich, que pretendidamente iluminaría y orientaría a la humanidad, durante mil años.

*Notario público y autor.

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