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De las editoriales y la narración breve

Por domingo 10 de noviembre de 2013 Sin Comentarios

Por Horacio Valencia*

Editoriales-y-NarracionEn el género literario que sea, la expresión humana busca la pasión de las conductas, los pensamientos y las emociones auténticas. Pero ahora vivimos en el tiempo de la novela y los recetarios: esto no es nuevo para nadie. Las editoriales tradicionales apuestan por obras extensas como las de Gabriel García Márquez, Haruki Murakami, E. L. James o J. K. Rowling entre muchos nombres más. En cuanto a los recetarios morales o “espirituales” están Jack Canfield, Paulo Coelho o Deepak Chopra.

Temas van y vienen en las librerías o en los ciberespacios de venta: hechicería, política, narcotráfico, biografías de cantantes o personajes históricos, que por cierto, casi todos buscan arruinar los méritos que la versión oficial construyó. Por fortuna también están los clásicos (a precio económico) que van desde Las mil y una noches, Herman Melville o Víctor Hugo. Existe otro nicho de publicación: las editoriales universitarias o las instituciones culturales. En su gran mayoría en estos espacios se publican autores que escriben poemas, crónicas o ensayos. Poco a poco los escritores saltan de estas editoriales oficiales a las firmas privadas. Esta es parte de nuestra realidad editorial. Este es el mundo de los productos culturales. Nos guste o no.

A propósito del VI Congreso Internacional de la Lengua en Panamá, el periodista Winston Manrique escribe en su artículo Los cordiales enemigos de la lectura en el mundo hispanohablante. Él dice:

En el centro debe estar el placer de leer frente al uso utilitario con el cual se suele promover el libro. Se logrará si Gobiernos e industria editorial unen fuerzas para mejorar y dar estabilidad a los programas educativos y la oferta de títulos. Para el escritor colombiano William Ospina, “los más cordiales enemigos de la lectura son la academia y la industria editorial”.

Internet y sus bastas posibilidades han permitido otras reglas del juego. Los gadgets han llegado como una opción para lectores y escritores. Notebooks, Amazon Kindle o iPad permiten leer textos descargables o escribir libros. Con el surgimiento de estas herramientas los medios se diversifican: importa que las personas lleguen a las obras de manera libre, casual y placentera. Pero todo lo anterior pertenece al contexto literario: editoriales, medios digitales o deseos de ser un escritor de venta.

Aunque Internet facilita la búsqueda de escritos diversos, las editoriales dominantes han ido estableciendo, en el aire de los lectores, gustos y tendencias. En lo personal no creo en las teorías de ninguna conspiración, no creo en las negras voluntades de las empresas, por grande o pequeña que sea la editorial, no creo en un plan maligno para acabar con la patria de los lectores. Pero sí creo que existen más libros con historias digeridas y estandarizadas.

En esta vorágine de nuestro contexto literario, los autores de poemas o de cuentos se reducen a tres, cuatro, o cinco nombres. Quizá veinte. Sor Juana Inés de la Cruz, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Julio Cortázar, entre otros, son los poetas y los narradores que abanderan las ediciones de largo tiraje. Y el problema no es la voz de Sor Juana o de Cortázar, el conflicto principal está precisamente, en este contexto que les toca vivir a poetas y cuentistas que escriben en pleno siglo XXI.

Es importante recordar que el cuento es la forma más extendida, ya que tiene su semilla en la oralidad. El crítico español Marcelino Menéndez y Pelayo se refiere al origen del cuento como un “género tan antiguo como la imaginación humana…”. En doscientos años los relatos han dado nombres que iluminan el camino literario. Basta con leer a Poe, Chejov, Maupassant, Kafka, Hemingway, Rulfo, Carver, entre tantos escritores de la brevedad.

El Premio Nobel de Literatura, despreciado por muchos, amado por otros, fue otorgado en el presente año (2013) a Alice Munro. Escritora canadiense que modela las formas breves y que para nuestro país es desconocida, quizá leída por un pequeño círculo. Con la presea bajo el brazo, seguramente la cuentista será publicada y llegará a lectores hispanohablantes que buscan nuevas historias y que antes desconocían su mundo y sus preocupaciones.

Munro abre la posibilidad para que los cuentos respiren en las ediciones impresas o electrónicas. En nuestro idioma autores como José María Merino, Quim Monzó, Mercedes Cebrián, Pedro Mairal o Iris García hacen un trabajo importante cultivando este género narrativo. Los escritores nunca han dejado de contar, pero es importante que los lectores hagan su parte y que no limiten el placer de leer. En el siglo XXI los lectores poseemos más herramientas que antes, sólo hay que tocar la puerta del laberinto de la indagación y el conocimiento de obras breves, que siempre nombran nuestro espíritu con la intensidad narrativa de la ficción.

*Poeta , pedagogo y licenciado en literatura.

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