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Arnoldo Martínez Verdugo Mocoritense Ejemplar

Por domingo 2 de junio de 2013 Sin Comentarios

Por Faustino López Osuna*

Arnoldo-Martinez01A Arnoldo Martínez Verdugo lo conocí cuando cursé los estudios de la licenciatura en Economía, entre 1962 y 1966, en el Instituto Politécnico Nacional de la ciudad de México. Siendo él secretario general del Comité Central del Partido Comunista Mexicano en los años del mayor anticomunismo en el país, se podía considerar hasta “riesgoso”, dentro del estatus, su acercamiento. Pero en nuestra Escuela Superior de Economía la materia Marxismo era parte del programa de estudios. Una herramienta de la ciencia económica. Y hasta Ernesto Zedillo Ponce de León la tuvo que cursar y aprobar, para obtener el título que le permitió realizar estudios en Harvard. Recuerdo que después del 2 de octubre de 1968, incluso decir que se conocía personalmente a Carlos Madrazo, ex presidente del Comité Ejecutivo Nacional del propio PRI, era digno de sospecha. Mi hermano Florencio me contó que en los interrogatorios le preguntaron si lo había tratado y respondió que sí, que en una ocasión en una conferencia en la Escuela le había hecho una pregunta en el auditorio, cosa que no gustó a sus carceleros.

Como Sociedad de Alumnos invitamos a Martínez Verdugo a que nos diera una conferencia, como también se hizo, en su momento, con don Jesús Silva Herzog, padre; con Vicente Lombardo Toledano y José Luis Ceceña, entre otros prestigiados mexicanos, historiadores, economistas y dirigentes políticos, críticos de los vicios del sistema. Lombardo fundó y dirigió el Partido Socialista, sólo que éste sí estaba reconocido legalmente.

Quede para los estudiosos indagar los aportes que como ideólogo Arnoldo Martínez Verdugo haya realizado a la ciencia política de México. Quienes lo conocieron y lo escucharon disertar sobre la militancia y las vías al socialismo, en su tiempo, habrán de recordar que siempre se manifestó contra el dogmatismo, que era lo más antimarxista que podía haber, decía. Y, más allá de toda la literatura de la Academia de Ciencias de la URSS, siempre estuvo convencido que no había recetas “revolucionarias” ni se podían copiar modelos ajenos a la realidad y experiencia de los propios pueblos. No sucumbió al canto de las sirenas que etiquetaban a la guerrilla como único camino al socialismo. Combatió, como correspondía, la infame aplicación selectiva contra los luchadores sociales del artículo 145 bis, de “disolución social”, de la Constitución, pero advirtiendo que se tenía que evitar ser arrojados a la clandestinidad, hasta donde los estrechos márgenes democráticos del país lo permitieran.

En el crisol de la LOPPE, se desconoce qué tipo de relación o de consultas hubo, si las hubo, de Arnoldo Martínez Verdugo, el más congruente de los dirigentes comunistas de su época y Jesús Reyes Heroles, el más brillante ideólogo de las instituciones emanadas de la Revolución Mexicana. Lo que queda constancia es que el Partido Comunista Mexicano se disolvió, pacíficamente, como un acto eminentemente político, civilizado, en el que se privilegió la inteligencia por encima de la fuerza del poder o de cualquier otra, sin que se derramara una sola gota de sangre, dando paso al PSUM en el nuevo proceso electoral de México. Como si fuera un hecho narrado en claro oscuro por Carlos Fuentes en alguna de sus novelas sobre la realidad mexicana, a mí me tocó presenciar, en emocionado silencio, la liberación de Lecumberri, al mismo tiempo, de mi hermano Florencio, junto con Manuel Marcué Pardiñas. Y, pocos años después, por mera e insólita coincidencia, en el Paseo de la Reforma, cerca del Ángel de la Independencia, también me tocó ver descender del autobús presidencial a Marcué Pardiñas acompañando al presidente José López Portillo.

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La reciente muerte de Arnoldo Martínez Verdugo, nacido en 1925 en Pericos, Mocorito, me lleva a rememorarlo cuando, en un viaje para asistir a un Congreso en Moscú a principios de 1968, nos visitó en Bulgaria a los cinco mexicanos que estudiábamos en Sofía. Recuerdo perfectamente que nos solicitó que hiciéramos nuestro mejor esfuerzo fraternal y de cabildeo, para evitar que los estudiantes cubanos se aislaran del resto de los compañeros latinoamericanos, como estaba informado que lo venían haciendo en el resto de países socialistas, por intolerancia política cubana derivada del enfrentamiento de La Habana con los partidos comunistas del Continente. Su dogmatismo los había llevado al extremo de acusar al mismo Pablo Neruda de ser agente del imperialismo por haber asistido al Pen Club norteamericano a leer su poesía. Recuerdo con claridad también que su posición ante el conflicto de descontento político que se vivía en ese momento en Checoslovaquia, era de crítica a la posición de intervención militar soviética. Mucho enaltece a Arnoldo Martínez Verdugo que el mexicano fue el único Partido Comunista latinoamericano que condenó la invasión rusa al pueblo checo.

Descanse en paz.

*Economista y compositor.

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