Nacional

EL HONOR EN EL ARTE

Por domingo 6 de enero de 2013 Sin Comentarios

Por Salvador Antonio Echeagaray Picos*

El-Honor01En los días previos al año nuevo y posteriores al disfrute de las festividades navideñas en compañía entrañable de esposa, hijos, nietos y demás familiares, captó mi atención un interesante artículo referente al señalamiento de que “la historia del arte es hobbesiana, en el sentido de que todos los artistas ambiciosos compiten con otros artistas vivos o muertos”, y luego se compara la batalla Picasso/Matisse como un “combate” de boxeadores. En la reseña que estamos comentando, el autor del artículo Schjeldahl (New Yorker) nos ilustra sobre una exposición en la que se opone, en pendant, la vida y obra de Picasso y Matisse, pareja que en las lecturas sobre el arte pictórico específicamente, aparecen como referentes indestructibles, enfrentadas y sin embargo inseparables que a veces produce el arte. En lugar de ver la obra de Matisse y de Picasso en tanto que imagen complementaria, se aprecia en competencia, como si fuera producto de la mercadotecnia. Se nos da a elegir el mejor producto: o Matisse o Picasso, pero si encontramos algo mejor…

El punto de vista a destacar en el tema es que no se habla de pintura o artes visuales, ni siquiera de experiencias estéticas. Se entra en el campo del arte y de lo deportivo y agregaríamos de la vanidad personal cuando se hace referencia al mejor futbolista del año, el mejor coche del año, el mejo híper, o el mejor pintor. Ya entrando en el tema especifico de este “enfrentamiento”, los que prefieren a Picasso hablan del “Desenfreno coloristico” de Matisse, en cambio los de enfrente se burlan de la sequedad africana del otro.

El-Honor02Azúa, indica que en estas lides se da “el clásico debate entre partidarios de la línea o del color, de la idea contra el sentimiento, del conocimiento frente a la experiencia”.

Respecto de las anteriores e interesantes confrontaciones, recordamos en lecturas anteriores sobre la cultura en el arte, en cuanto al tema que venimos exponiendo, las batallas de los surrealistas y Dada, las de los formalistas rusos, las burlas de Valle Inclán contra don Benito Pérez Galdós, ya en campo de la literatura, así como las peleas memorables entre los modernistas españoles.

Azúa señala la existencia de “una melancolía oscura y provecta porque me percaté de que han pasado decenios sin una sola batalla entre ideas estéticas”. Sigue diciendo “llevamos treinta años de paz con los artistas y aficionados chapoteando en el oasis de la impotencia, en ese mundo cruelmente indiferente que se pretende intolerante, en la acefalia y las buenas maneras. Un mundo extremadamente cobarde, animado por insulsas provocaciones de salón, y, por lo tanto, de una artisticidad funcionarial, política y mediática. ¿O habría que decir “democrática”?. Al respecto, me atrevo a sugerir que ello nos impone dudas sobre el concepto que del arte democrático tenga cada persona, que desde luego, requiere de un análisis serio sobre lo “subjetivo” en la apreciación que del arte se de no sólo para el creador, del crítico e incluso del público admirador de la obra, y no se diga de los funcionarios gubernamentales responsables de generar y aplicar las políticas públicas y consecuentemente, de aterrizar las acciones que lleven cultura al pueblo.

El-Honor03De la lectura de diversos comentaristas y críticos del arte, apreciamos varias conclusiones en lo referente a que lo interesante de los enfrentamientos que hemos venido refiriendo es que el honor, para cada uno de los adversarios, no dependía de sus egos sino de sus ideas acerca de lo que era valioso en el arte y como había que llevarlo a cabo.

Schjdlahl, mantiene la sensatez de entender el arte como un campo de honor. Este crítico bastante pragmático, nos parece, asume sin idealismo el mercado y considera el arte como algo “que sucede” (no como algo “que es”), no pierde de vista lo esencial: que el juicio estético es una cuestión de honor.

Como reflexión final señalamos que en las últimas décadas muy pocos exponentes del arte se han enfrentado como podríamos decir honorablemente en el mundo del arte, al parecer pocos defienden el honor de sus creaciones artísticas, pocos parecen suficientemente honrados como para denunciar el fraude que genera su adversario.

Y si no se da en el campo del honor el rechazo contra la falsedad, la corrupción y la estupidez, ¿Cómo vamos a creer que confié en el valor de su propia obra?

*Notario Público

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