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Ignacio Manuel Altamirano; gigante de la literatura

Por domingo 6 de enero de 2013 Sin Comentarios

Por Teodoso Navidad Salazar*

Ignacio-ManuelSin duda que al evocar la figura de Ignacio Manuel Altamirano nos referimos a un fenómeno de la literatura mexicana, si nos atenemos a que este personaje, nacido en el seno de una familia indígena (Tuxtla, Guerrero, 1834), a los 14 años no hablaba castellano, mucho menos lo escribía ni leía. Sin embargo su inteligencia natural le permitió aprenderlo y escribirlo de manera rápida. En 1849, obtuvo una beca para estudiar en el Instituto Literario de Toluca, donde fue alumno de Ignacio Ramírez, El Nigromante (intelectual liberal, poeta humanista y político de alta inteligencia), admirador de la raza indígena, quien observando las habilidades de aquel jovencito, no tuvo empacho en tomarlo bajo su protección, convirtiéndose en su mentor y amigo.

Su obra cultural es basta.

Influenciado por su maestro, Ignacio Manuel Altamirano pronto dio muestras de un profundo amor por su raza. Abrevó en el pensamiento romántico de escritores europeos enriqueciendo sus dotes naturales de escritor. Al lado de El Nigromante y Guillermo Prieto, fundó la revista El Correo de México, donde divulgó su obra literaria y su pensamiento liberal. Para 1869, bajo su auspicio, se publicó la revista El Renacimiento, que tuvo la virtud de agrupar a lo más excelso de la intelectualidad, así como a literatos, dando un nuevo aire a las letras mexicanas, estas dos publicaciones literarias fueron, sin lugar a dudas las publicaciones más importantes del siglo XIX.

Educador, escritor, militar1, político y diplomático, la narrativa mexicana de la época, no podría explicarse sin la obra de Ignacio Manuel Altamirano. Su ejercicio magisterial en escuelas como la Nacional Preparatoria, Comercio, Jurisprudencia, Nacional de Profesores, por mencionar algunos centros educativos, le hizo merecedor del grado de “Maestro”.

Su obra cultural realmente es gigantesca; la narrativa mexicana, no se explicaría sin la referencia obligada de sus novelas Clemencia (1868), Julia (1870) y Navidad en las montañas (1871); su trama pone de manifiesto los graves problemas que afectaban a la república, en ellas Altamirano, describe la urgente necesidad de una enseñanza de calidad (desde entonces), las desigualdades sociales y el lastre del militarismo. Tal vez, El Zarco (1901), haya sido la obra más importante escrita por él, donde el lector encuentra una maravillosa descripción de los paisajes mexicanos en las aventuras de un hombre de ojos azules, que encabeza una banda de forajidos denominada Los Plateados.

La poesía de Altamirano es maravillosa; existe una identificación del ser humano con la belleza de la naturaleza de nuestro país; su obra literaria fue reunida en dos volúmenes bajo el título Paisajes y leyendas, tradiciones y costumbres de México, y es una compilación de escritos y artículos.2

En cuanto a la crítica literaria, Ignacio Manuel Altamirano, siempre pugnó porque los escritores encontraran modelos propios, abordando temas de la patria, en los que el indígena, la historia mexicana y la belleza de nuestra geografía fueran temas centrales, dejando atrás modelos europeos. Toda esa aspiración de hacer renacer las letras en un contexto nacionalista, habría de llevarlo a crear Rimas (1871), poniendo el ejemplo a otros intelectuales en la búsqueda de una identidad propia en el ámbito literario. Al analizar Clemencia (1868), podemos darnos cuenta de que es, sin duda la primera novela mexicana del México moderno.

Altamirano, militar

Siendo estudiante de derecho en el Colegio de San Juan de Letrán, nuestro personaje, participa en la revolución de Ayutla en 1854, al lado de Juan Álvarez; no dará tregua a los conservadores durante la Guerra de Reforma; más tarde (1861), se le verá como diputado en el Congreso de la Unión, defendiendo los postulados liberales del presidente Benito Juárez. Dos años más tarde enrolado en el ejército republicano combatirá contra el imperio de Maxilmiliano, y en esa guerra de intervención, dado su destacado papel en las batallas de Tierra Blanca, Cuernavaca y Querétaro, obtendrá el grado de Coronel (1865).

Su paso por la diplomacia

“Pacificado” el país, Altamirano vuelve a la cátedra, a la literatura y al servicio público, desempeñando responsabilidades como Magistrado, Presidente de la Suprema Corte de Justicia; Oficial Mayor, en el Ministerio de Fomento. Después de los cincuenta años, Ignacio Manuel Altamirano realizó varios viajes por el “viejo mundo.” Su conocimiento de la política lo hizo incursionar en la carrera diplomática. Se desempeñó con gran responsabilidad como Cónsul en la ciudad de Barcelona, España, en 1889, y en París, Francia, en 1890; la muerte lo sorprendió el 13 de febrero de 1893, en la ciudad de San Remo, Italia, desempeñando esa misma responsabilidad encomendada por el gobierno mexicano, encabezado por don Porfirio Díaz.

1 Abandonó sus estudios de Derecho para participar del lado liberal, en los momentos aciagos de la intervención francesa. Alcanzó el grado de coronel en 1865, por su participación en las batallas de Tierra Blanca, Cuernavaca y Querétaro.
2 El primero se editó en 1884; el segundo se publicaría casi 50 años después de desaparecido este multifacético personaje (1949).

*Historiador y locutor.

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