Nacional

Ures, la Atenas de Sonora

Por domingo 31 de julio de 2011 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

Cuenta la leyenda que “El  vencedor del Mino­tauro de Creta”, Teseo, logró la supremacía de Atenas, sobre  las otras polis griegas. La época transcurría sin Alejandro Magno y su signo  fue el cultivo del saber, la creación de la belleza, la prácti­ca del deporte y  el impulso de la democracia, elemen­tos que marcaron de manera definitiva la presencia en la cultura occidental, de la inmortal  ciudad de la cien­cia y el arte. En el México nuestro como prueba de la admiración que se le tiene a la capital de Gre­cia, en distin­tos rumbos del país existen las Atenas Locales, polos culturales, que a pesar de…, continúan la ruta. La “Atenas del norte”, Saltillo, es la capital del Estado de Coahuila; la veracruzana es Xalapa, la del Pacifico es Ensenada y a las que llamo las 3 Atenas del Golfo de California son: Acaponeta la de Nayarit, la sinaloense, Mocorito y la “La Atenas olvidada de Sonora”. Ures.

Luis Enrique García autor y docente sonorense, se­ñala en su libro “Antecedentes del Teatro de Sonora, 1850-1910” sobre la importancia cultural de la legenda­ria Misión de San Miguel Ures: “Pueblo de Misión funda­do en 1644 por la orden jesuita, pasó a la categoría de ciudad en 1838, año en que fue establecida como ca­pital del Estado de Sonora. Esta distinción la tuvo Ures en dos ocasiones periodo 1838-1842 y 1847-1879. Reci­bió durante estos periodos las ventajas de su situación política; es decir, control, presupuestos, población, derrama económica, fundación de escuelas, presencia de prestigiosos maestros, cultivo de las bellas artes. El desarrollo de la instrucción pública en Ures fue favore­cido notablemente y obtuvo su mejor producto educa­tivo con la fundación del Colegio de Sonora en el año de 1852, puesto en servicio en enero de 1853.” Se dice que el nombre de Ures, se debe al fraile, Bartolomé Castaño quien junto a Francisco Paris también misio­nero, son los precursores de la más tarde residencia de los supremos poderes de Sonora. Y se cuenta que en el territorio de la Atenas sonorense, antes de llegar los conquistadores fue habitado por las etnias: ópata, pápago, apache y posiblemente yaqui y, que el vocablo posiblemente procede del ópata. Otra versión señala que puede ser el homenaje a algún soldado hispano procedente de Ures, pueblo hispano perteneciente a la provincia de Guadalajara, que anduvo por estas tierras aumentando los dominios de la Nueva España.

Atenas en la era de Pericles -462-469 A.C.-, alcan­zo prosperidad intelectual y económica sobresaliente, este apogeo llegó después de periodos inciertos y ruti­lantes que fluctuaron sobre la ciudad cultural, que en diferentes momentos de su existencia se vio amenaza­da por la guerra y la destrucción. Pareciera que esta historia está ín­timamente li­gada a los tiem­pos actuales de las ciudades mexicanas que con orgullo lle­van el nombre de la mitológi­ca y levantan la frente para continuar ha­ciendo cultura, no importa si son apoyadas o no como fue cantado por el aeda bu­cólico griego quien escribió: “Ay, ojala que mi festiva casa/ de la musa gentil morada fuera/ que no es del sueño la ligera gasa/ al ojo del zagal tan placentera,/ ni a la abeja la flor tan gran tesoro, ni tan grata impro­visa primavera,/ cuanto a mi corazón es dulce el coro/ de las sagradas ninfas del Parnaso, /a quien ellas son­ríen, nunca lloro/ de Circe hará verter el letal vaso.

La ciudad natal del actor Jesús Ochoa, Ures, contó con la visita de Ignacio Ramírez “El Nigromante”,(1865) quien como buen observador realizó una serie de es­critos sobre diferentes actividades culturales que pre­senció, Luis Enrique transcribe las reflexiones del pen­sador sobre una sesión de danza en Ures: “Este baile mudo y simbólico existe en todo el nuevo continente, a veces se acompaña con instrumentos de música, que por su forma proclaman un origen indígena; no es raro que además de con la música, la danza se hermane con el canto. ¡Estamos en plena Grecia!, García subraya: “Esta frase exclamada como al vuelo invoca y adelanta curiosamente el apóstrofe con el que años después por otros motivos se conocería a la ciudad: “La Atenas olvidada de Sonora”. El título honorifico se atribuye a una designación francesa en reconocimiento a la diná­mica cultural que tenía la población sonorense y muy en especial al artículo de Enrique Quijada en el infor­mativo “El eco del valle” titulado “Bazaine, un hom­bre de mar”, el ensayo cautivó a propios y extraños y fue publicado en 1889 en periódicos franceses; el afamado “El Fígaro” lo llamó una bella pieza literaria. Los estudiosos señalan que a partir de este momento Ures fue la Atenas sonorense.

*Investigador y compositor

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