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Fernando Valadés

Por domingo 16 de enero de 2011 2 Comentarios

Compositor sinaloense tristemente olvidado

Por Faustino López Osuna*

El primero de abril de 1920 nació, en Mazatlán, el inspi­rado compositor Fernando Valadés, siendo sus padres don José Valadés y doña Esther Lejarza Osuna. Se cuenta que, por un descuido, siendo muy niño, tomó de una leche contaminada con agroquímicos, lo que lo puso al borde de la muerte, provocándole terribles convulsiones y dejándo­le como secuela, para siempre, parálisis de sus extremidades inferiores.

Dotado de un espíritu de lucha poco común, con el abne­gado apoyo de sus progenitores, suplió con muletas su mi­nusvalía acreditando con notas sobresalientes todos sus es­tudios de primaria y secundaria, aficionándose por el piano, dominándolo como si fuera una extensión de sí mismo, em­pezando a componer a muy temprana edad canciones plenas de romanticismo. Todavía hoy, las personas mayores platican que en su infancia en los años 40 del siglo pasado, sus padres les contaban que a todas horas era común escuchar el pia­no tocado por Valadés en su casa, donde tenía, también, un taller donde hacía reparaciones de piezas de motores que le llevaban pescadores del puerto.

Yo conocí a Fernando Valadés Lejarza, su nombre com­pleto, en los primeros años de los 50, en mi propio pueblo, Aguacaliente de Gárate, Concordia, tierra de su bellísima es­posa, doña Lucila Valdez Tirado. Entonces no sabía de él ni su nombre. Recuerdo únicamente que cada semana llegaba de Mazatlán a exhibir películas del cine nacional. Andaba en una camioneta con palancas adaptadas en el tablero, para poder manejarla sin utilizar los pies. Debido a su problema físico, necesitaba apoyo para bajar proyectores, bocinas, rollos de las cintas y cables eléctricos. De ahí que un grupo de niños aguerridos, entre los que figuraba yo, nos aprontábamos a auxiliarlo, lo que nos premiaba permitiéndonos entrar a las funciones gratuitamente.

Tiempo después supe que era compositor. Diariamente, al medio día, en una estación radiodifusora del puerto, se transmitía un programa en vivo titulado: “Fernando Valadés, su voz, su piano y sus canciones”. Estando en secundaria, en el internado de la prevocacional en Culiacán, durante la se­gunda mitad de la misma década, supe de su inspirado bolero “Asómate a mi alma”, mismo que le grabaron, convirtiéndolo en éxito nacional e internacional, los más importantes can­tantes de la época, incluido Javier Solís, en sus inicios.

Llevado al acetato por el propio Fernando Valadés para el sello RCA Víctor, junto con cuatro docenas de canciones más de su fecunda inspiración, “Asómate a mi alma” le abrió el paso a su consagración, realizando giras y presentaciones triunfales en Colombia, Guatemala, Puerto Rico y República Dominicana. Valadés integró, así, la gran tercia de nuevos compositores sinaloenses, conformada por él, José Ángel Espinoza “Ferrusquilla”, de quien aún no se popularizaba su segundo apellido, Aragón, y el culiacanense Enrique Sánchez Alonso “El Negrumo”.

Cuando iniciaba mis estudios profesionales en la Escuela Superior de Economía, del Instituto Politécnico Nacional, en la ciudad de México, un día, no preciso bien si de 1963 o 1964, descubrí, anunciado en la cartelera del popularísimo teatro Blanquita, al admirado paisano Fernando Valadés. Agotando la mesada de mi beca estudiantil, el siguiente sábado me lan­cé a comprar mi boleto de galería. Ya en mi butaca, olvidado del elenco en el que figuraba la famosísima María Victoria, empecé a pensar con inquietud cómo iría a recibir el público a nuestro compositor lisiado. Temía que algún inoportuno pa­sado de copas le perdiera el respeto, por su apariencia, cuan­do se desplazara en el escenario. En eso pensaba cuando, en medio de la absoluta oscuridad, se escuchó: “El Teatro Blan­quita se enorgullece de presentar a Fernando Valadés, su voz, su piano y sus canciones”.

Con perfecta sincronía se escucharon las notas del piano con la introducción de “Asómate a mi alma”, al tiempo que se abría lentamente el telón y una potente luz vertical caía sobre el cantautor, sentado de perfil, en medio del escenario, acompañándose a sí mismo, frente al hermoso piano negro, de cola, inundándose de aplausos la negrura de la sala.

Siguió “Porqué no he de llorar”, luego la tercera y últi­ma canción de la que no recuerdo el título. Las dos con los mismos aplausos uniformes que la primera. Y, antes de que cesara el rumor de las palmas de los asistentes, Fernando Valadés tomó las muletas que habían permanecido ocultas, recargadas en el costado izquierdo del piano, se incorporó fir­memente y avanzó hacia el frente del escenario, agradecien­do a los asistentes, inclinando respetuosamente la cabeza. Al descubrir, atónito, la invalidez del artista, el público estalló en aplausos, con una ovación tal, que cimbró la inmensa sala, re­tumbó en la amplia recepción del teatro y su eco fue a parar a la calle San Juan de Letrán, también llamada Niño Perdido, hoy Eje Central Lázaro Cárdenas del Río.

Casi quince años después, el 15 de diciembre de 1978, encontrándome en la ciudad de La Paz, Baja California Sur, donde años atrás había sido delegado del Infonavit, al abrir el periódico local, en una nota perdida de no más de cinco ren­glones, leí: “Murió ayer, en Santa Rosalía, el compositor sina­loense Fernando Valadés”. En ese momento levanté la mirada contemplando la quieta bahía paceña y, como escuchar el eco del caracol, vino a mi memoria aquella merecida e inolvidable ovación en el Teatro Blanquita, tributada a nuestro composi­tor mazatleco, tan injustamente olvidado todavía.

Fernando Valadés casó con Lucila Valdez Tirado, con quien procreó 13 hijos, 8 mujeres y 5 hombres: Alma, Lucila, Marina, Esther, Fernando, Eduardo, María del Rosario, Leticia, Gua­dalupe, Conchita, Guillermo, Manuel y Sergio. La belleza de Alma le valió ser electa Reyna de los afamados Juegos Florales del Carnaval de Mazatlán 1961.

Valadés luchó por los derechos de los compositores mexi­canos, desde la Sociedad de Autores y Compositores de México, siendo delegado de la misma en el Estado de México cuando nuestro laureado José Ángel Espinoza Aragón formó parte de su comité ejecutivo nacional, quien aportó el impor­tante dato. De él se puede decir lo que dicen los biógrafos del también olvidado Alfredo Carrasco: que no tuvo la fortuna de contar con relaciones personales ni recomendaciones con políticos prominentes que lo rescataran del infame olvido en que se encuentra.

En todas las naciones precitadas de Centroamérica y el Caribe, se han erigido monumentos preservando su me­moria. Pero en su tierra no. Es más: ni en ninguna ciudad de Sinaloa se ha impuesto ni una sola calle con su nombre. Mucho menos en Mazatlán, lugar de su nacimiento. Ni DI­FOCUR, creado para investigar y difundir la cultura regional durante casi 33 años, ni su sucesor, el Instituto Sinaloense de Cultura, al que la Ley de Cultura que le dio origen le faculta para preservar el patrimonio tangible y no tangible de Sina­loa, han sabido nada de Fernando Valadés. Ojalá, sin perder de vista la cultura universal, perseveremos en dirigir nuestra mirada a nosotros mismos, a nuestros valores, para bien de la cultura regional.

Fernando Valadés Lejarza, miembro de una de las familias más ilustres de Sinaloa, murió a los 58 años de edad. El pasa­do 14 de diciembre hubiera cumplido 90, apenas uno menos que nuestro admirado maestro “Ferrusquilla”.

*Economista y compositor

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2 Comentarios

  • ulises ordoñez benitrez dice:

    con mucho sentimiento lei vuestras lineas en relacion de afamado fernando valades.
    en 1972 estuve en guaymas durante un año de mi internado como medico egresado de la unam, me tocó conocer a mi actual compadre filiberto navarro mero, alias el garrafas o garrafon.El fué compadre de este afamado compositor. en su casa se reunian cuando llegaba de gira por allá.calle 10 y av. 5. col sn vicente. Y me contaba de este su compadre. Hizo una canción a guaymas, y así fué el titulo, sin embargo mas tarde lo cambiaron por perla….(no recuerdo exactamente ese nombre
    ,salió en un lp, ) He sido bohemio de corazon y estuve en un trio. sus canciones eran parte de nuiestro repertorio.Gracias por recordarme al bohemio del romance. y a guaymas. ojalá me envien la letra y video de la pelodia.. gracias otra vez. salud.

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