Nacional

Cambio climático o cuando la verdad se vuelve incómoda

Por domingo 10 de octubre de 2010 Sin Comentarios

Por Javier Avilés Delgadillo

Los inesperados eventos climáticos y la gran actividad económica de la humanidad van encontrándose como un choque de trenes de consecuencias incalculables. Sólo basta recordar el desastre petrolero en el Golfo de México causado por la falta de control y mantenimiento en una plataforma de extracción del crudo, así como las denominadas tormentas “atípicas” que han azotado tanto en el norte como en el centro y sureste del territorio nacional, con consecuencias devastadoras contra la débil economía de las comunidades que ahí les ha tocado vivir.

El terrible espectáculo de continuos desastres es recreado a través de los medios televisivos, buscando crear conciencia entre la población sobre las consecuencias que trae consigo la indiferencia y el excesivo ataque al equilibrio ambiental. Cada vez más grandes sorpresas climáticas se hacen presentes entre las aterrorizadas y casi siempre muy empobrecidas poblaciones de México. Así, al flagelo de la pobreza, el hambre, la inseguridad pública y las enfermedades, se viene a sumar la inseguridad ambiental causada por factores múltiples pero casi todos multiplicados por el desorden de las actividades económicas de los pueblos y las empresas que no son en su mayoría socialmente responsables.

No habrá nunca una realidad social que permanezca incólume ante la masiva presencia de fenómenos naturales transformados en desastres y que dejan a su paso una estela de destrucción y muerte, y si a eso se suma que el cuidar el medio ambiente hoy en día en nuestro país es cada vez más costoso, y una constante salida de recursos presupuestales cada vez más escasos, tendremos así una ecuación que sintetiza el gran desastre que parece cada día más cercano y que actualmente apenas se deja sentir en nuestras empobrecidas regiones de las costas y en las hacinadas aglomeraciones en que se han convertido las grandes metropólis mexicanas.

Cada instante cuenta y cuesta en el show reality social que se presenta por medio de las televisoras como un gran espectáculo que busca el mayor raiting. Cuando no es el desbordamiento del río Bravo, es el del Papaloapan, o del Usumacinta y el Grijalva, o las torrenciales lluvias de Oaxaca, Chiapas o Nuevo León, sin dejar de pasar por Veracruz, Guerrero o en días próximos la península de Yucatán completa. Nada parece importarle a nadie si el excesivo desgaste ambiental genera utilidades y el gran becerro de oro del mercado-consumo subyuga a las escasas consciencias pro-ambientalistas. Así hemos llegado hasta aquí y su comunicación es sólo un botón de muestra, o como diría Al Gore, una verdad incómoda.

La gran enajenación de la sociedad, que fue avizorada desde los románticos manuscritos de economía y filosofía del siglo XIX en Europa, se ha convertido en el sistema de relaciones sociales vigente a nivel global y ha arrastrado al entorno natural del planeta. Al mismo tiempo, en nuestro país, nada parece ser suficiente para acabar con el medio ambiente. En el proceso vacilante de desarrollo económico nacional toda la alquimia de los grupos políticos ha producido una elocuente vacilada videograbable traducida como un gran desorden social y ha olvidado o es indiferente a que el piso se resquebraja bajo nuestros pies. Se requiere un cambio de mentalidad sin titubeos en nuestra sociedad para que las acciones de unos ya no sean meros paliativos ante la hecatombe ambiental que se avecina. Se requiere un orden en la acción nacional y global para construir las redes críticas que respondan oportunamente ante los desastres naturales y den protección al ambiente. Así, cuando tiemble la tierra o suban las aguas, las redes críticas que no fallen podrán resistir y las víctimas no tendrán que volverse unas contra otras para sobrevivir, como dirían los más prestigiados consultores del Banco Mundial. Por eso, mucho ayudará contar con la opinión de los expertos que se reunirán próximamente en la Cumbre sobre el Cambio Climático, que tendrá lugar en Cancún, Quintana Roo, del 29 de noviembre al 10 de diciembre de este año, y que fue atinadamente auspiciada por el gobierno de México conjuntamente con el secretariado de las Naciones Unidas. Sin duda se presentarán grandes verdades y se convocará a la acción efectiva que los pueblos esperan para evitar que cobren funesta realidad los apocalípticos pronósticos proporcionados por los científicos. Ante el cambio climático son bienvenidas las verdades incómodas.

*Licenciado en Administración Pública/UNAM

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