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Del Rosario y sus minas para el mundo Simona Martínez

Por domingo 12 de septiembre de 2010 Sin Comentarios

Por Joaquín López*

Poco sabíamos de la vida excepcional de Simona Martí­nez (C. 1845-1902); tal vez lo tradicional de su apellido contribuyó para que no aparezca en ninguna obra de corte biográfico, o quizá porque los encargados de preservar la historia no sólo de Sinaloa sino del país, han puesto casi todo su empeño al rescate del quehacer masculino. Así que, saltándonos esa rutina, presentamos un breve pero significa­tivo relato sobre una sinaloense que hasta hoy figura como la simple consorte de un acaudalado gringo.

La vida de nuestra heroína transcurre en el sur de Sinaloa de la segunda mitad del siglo XIX, y nace probablemente en Rosario aproximadamente en 1845. Para saber sobre su vida acudimos a lo escrito sobre su esposo, hijos e hijas; así como los archivos del Registro Civil de El Rosario a cargo de Gua­dalupe Borrego, el archivo personal del cronista oficial de la ciudad asilo de El Rosario Francisco H. Bouttier; el Archivo Histórico Municipal de Mazatlán que custodia Sergio Herrera y Cairo, y los archivos de la familia Bradbury depositados en la Universidad de California, Davis que administra Liz Philips y varias obras de historia del sur de Sinaloa.

Logramos establecer que Simona provenía de gentes hu­mildes de la región y que su relación con Bradbury se inicia cuando la contrata como su sirvienta; en cambio Lewis Leo­nard Bradbury descendía de una familia inglesa establecida en el estado de Maine desde el siglo XVII; en 1860 era ya un millonario residente de Oakland, California. Uno de sus socios era Thomas Bell, dueño del banco de San Francisco, fueron pocos los capitalistas establecidos en Mazatlán que no tuvie­ron tratos con Bell, comerciantes como Melchers, Claussen, Lejarza, Felton, Paredes, Noris Coppel, y Kelly son sólo algu­nos. Kelly era cónsul inglés cuando Bradbury adquiere de él las primeras acciones de las Minas del Tajo en 1860.

El nombre del antiguo Real de Minas de Nuestra Señora del Rosario proviene de una leyenda donde un campesino que pierde algunas cuentas de su rosario, tuvo que hacer lumbre para pasar la noche; al amanecer del 4 de agosto de 1655 en­contró bajo las cenizas una plancha de plata que el fuego había fundido. Sobre esto dice don Eustaquio Buelna que “se dio un tajo a la loma hasta donde la veta se clavó en tierra, y por eso la mina fue llamada El Tajo; así como el real se llamó del Rosario, porque esta prenda dio ocasión al hallazgo de la mina”.

Reza el adagio popular que detrás de todo hombre pode­roso hay una mujer, y Bradbury no fue la excepción. La belleza mestiza de Simona Martínez y los hijos que le dio fue motivo de matrimonio en Mazatlán en enero de 1867, ella de 21 años, Bradbury de 45; a los nueve meses, el 23 de Octubre de 1867 nació Simonita; María Rosario, el 18 de enero de 1870 y Luisa en 1876, todas ellas registradas en El Rosario, los otros tres, Minerva, John y Lewis Jr. nacieron en California.

Los Bradbury tuvieron una residencia en Mazatlán que con­sistía de 7 piezas, cocina y zaguán, dicha propiedad la vendió Simona en abril de 1891 a la Casa Hidalgo, Careaga y Compañía (María de Jesús López, 2007). Localizada en la calle del Arse­nal esquina con Ancla, los compradores operaban un almacén comercial justo al frente donde hoy se encuentra el Museo de Arte. Oses Cole escribió que la construcción a un costado del club deportivo Muralla por la calle Sixto Osuna fue adquirida por Simona en octubre de 1894, el vendedor fue Carlos Wool­rich, Vicecónsul de Gran Bretaña. Simona iniciaba con esta adquisición lo que más tarde sería la señorial entrada al “Patio Andaluz” y los jardines del hotel Belmar; en lo alto de la facha­da se aprecia todavía el escudo de armas de los Bradbury. Sus vecinos a un costado, eran los Redo de la Vega.

En 1880 los Bradbury se mudaron a Oakland y tres años después, por padecimientos asmáti cos del viejo Bradbury, al rancho de los Duarte, donde habían adquirido 2750 acres y construido una mansión. El valor de esos terrenos subió con la construcción de las vías férreas. Los Bradbury no eran ajenos al nego­cio del ferrocarril, en los libros de la empresa encontramos que tenían invertidos 30 mil dólares en el ser­vicio de trenes eléctricos y de Cable de Oakland-Piedmont, mientras que el apoderado legal de los bienes allá era el juez John Bicknell, el mismo que representaba los intereses del magnate ferroviario Lelan Stanford, entre otros. También hubo planes de la empresa para tender vías ferrovia­rias y explotar los bosques de la Sie­rra Madre debido a la escasez y urgente necesidad de carbón para operar la mina.

A la muerte de su marido en 1892, Simona heredó la terce­ra parte de su fortuna y declarada albacea del resto; en l893 se traslada al puerto a tomar posesión de la operación minera. En diciembre aparece invitada a la fiesta de fin de año que tra­dicionalmente ofrecía la familia Echeguren a lo más granado de la sociedad “pata-salada”. (Despectivo que usa la gente de Rosario para referirse a los mazatlecos, mientras que acá un “chupapiedras” devuelve el “cumplido”). En aquella ocasión el poeta Amado Nervo, bajo el seudónimo de Adán, describió en El Correo de la Tarde (8/I/1894) a una “elegante y correcta Sra. de Melchers… la Sra. de Bradbury, soberanamente her­mosa. Vestía de seda color lila, y lucía, en el tupé, rica estrella de brillantes. Yo he visto así engalanadas, a las hadas de los cuentos infantiles, en las ilustraciones de mis libros favoritos, allá en la lejana infancia…”

Simona y su esposo comisionaron la construcción de la calle Broadway de Los Ángeles en 1889. El contrato de 125 mil dó­lares lo obtuvo el arquitecto autodidacta George Whyman, al edificio le acompaña la leyenda, que su diseño está inspirado en una novela inserta en el año 2010 donde participa además su fallecido hermano a través de una tabla de Ouija. Cataloga­do como monumento histórico, el edificio Bradbury es el recin­to comercial más antiguo de Los Ángeles y es tan espectacular que ha sido escenario fílmico de series de TV y películas como “Chinatown” y “Bladerunner”. En su fachada posterior tiene un gigantesco mural que muestra a un danzante, Anthony Quinn interpretando a “Zorba el Griego”. Para honrar la fuente de su riqueza, Simona comisionó de su propia pecunia otro edificio vecino del anterior conocido como “El Tajo”, mientras que su hija Minerva, esposa de Isaac H. Polk, (primo segundo del pre­sidente de los E.U., James Polk) contrataron a Robert D. Fara­quahr, el arquitecto del Pentágono, para que les construyera un palacete a un costo de 85 mil dólares.

El periódico Los Ángeles Daily Times dio la noticia el 4 de agosto de 1902 que la Sra. Bradbury se encontraba grave de salud y era atendida por el Dr. Isaac Rivas, ex cónsul de México en San Francisco y pariente del arquitecto creador del monu­mento a la Independencia en la ciudad de México. Meses más tarde, agravada su condición, pidió ser trasladada a Oakland, donde según el rotativo LA Times, finalmente falleció el 12 de diciembre, sus restos descansan al lado de su esposo en una cripta custodiada por un gigantesco ángel a la entrada del mausoleo familiar.

Devota de la virgen de la Purísima Concepción, patrona de los mazatlecos, la última voluntad de Simona fue que se cons­truyera una iglesia en honor a la virgen y su memoria. Su familia cumplió la directriz y donó un terreno en Monrovia, California y todos los gastos de construcción. La primera piedra se colocó el 25 de junio de 1903 por el Obispo de Monterrey Thomas Conaty y se inauguró en el año de 1906. El recinto sagrado fue ampliado y remodela­do recientemente.

1910 registra la aparición de “El eterno Adán”, novela póstuma de Ju­lio Verne. Se trata de una escalofrian­te novela apocalíptica ambientada en El Rosario y una nave-planeta tierra que sucumbe a un incontrola­ble ascenso de los océanos en el siglo XXI. El supuesto narrador descifrado por otro narrador era el dueño de la mina de El Tajo y cuyo chofer llevaba el curioso apellido de Simonat, indi­cativo que el escritor estaba bien in­formado sobre los propietarios de la mina. La profesora Carlota Schneider, descendiente de uno de los socios de la mina, supo de una señora de El Rosario que se carteaba con el famoso no­velista francés. Cuando Verne escribió lo anterior, apenas em­pezaban a rodar los primeros coches en Francia (Revista de la UNAM). De acuerdo a Oses Cole, Juan Bradbury, fue el primero en adquirir un coche de motor en el estado en el año de 1900.

En la década de 1930, y a manera de retribución, la em­presa cedió un terreno de 40 por 100 metros “gratuitamente al gobierno federal” para la construcción de la iglesia nueva donde el pueblo había de trasladar su famoso retablo de oro y piedra por piedra de la exquisita fachada de estilo churrigue­resco de la iglesia más bella del continente al norte de Jalisco, misma que se vino abajo producto de las explosiones ordena­das por los administradores de la mina.

Para tener una mina, reza un antiguo adagio, es necesario tener otra mina; la empresa no sobrevive a los préstamos forzo­sos de los revolucionarios, la recesión de los 20’s, la caída de los precios de la plata y para colmos hasta un ciclón donde perdió la vida el gerente de la mina. Finalmente, el 24 de diciembre de 1930 el consejo de administración decidió vender el hotel Bel­mar, edificio insignia de la empresa, a la Compañía de Hoteles y Deportes, S. A. y luego se remataron hasta los postes de la luz en El Rosario, se desmoronaba el imperio de los Bradbury; sus descendientes jamás pudieron resucitar la mina.

Seguiremos hurgando en la historia sinaloense para dar a conocer la vida y obra de mujeres y hombres que forman parte de la cultura sinaloense como Simona Martínez de Bradbury.

*Cronista de Teacapán..

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