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Ligeros apuntes sobre la flora del estado de Sinaloa, del Dr. Ramón Ponce de León (1840-1913)

Por domingo 29 de agosto de 2010 Sin Comentarios

Por Rubén Rubio Valdez*

De la revisión ligera a los “Ligeros Apuntes”, me vino el recuerdo de que alguna vez un amigo mío me co­mentó…” Miguel Velázquez, músico de La Puerta de los Rocha de Badiraguato, le había narrado que don José Ru­bio Quiñonez, músico también de Mocorito, de una melodía simple y breve arreglaba un piezón”. Este recuerdo me despe­jó el camino y volví a revisar el folleto, pero con mayor interés y esto me llevó a realizar consultas bibliográficas en el campo de la Biología y pude advertir lo que había detrás de las líneas de la presentación y sobre el prólogo. Lo primero, hecho por Gilberto y lo segundo por don Julio G. Arce. Sobre el listado de vegetales, me obligó a realizar dos visitas al Jardín Botánico de Culiacán, las que fueron gratas y aleccionadoras, además de tener la oportunidad de conocer a la joven Bióloga Maestra en Ciencias Erika Pegaza, investigadora y curadora del Jardín Botánico, venida de Michoacán hace seis meses, como tam­bién llegara a Sinaloa en 1872 el joven Médico Ramón Ponce de León, que a la postre dejaría una estela llena de logros en el campo de la educación, el servicio médico y la política. El Dr. Ponce de León se quedó a vivir y a servir para siempre en Sinaloa, sobreviviendo a la vorágine que desencadenó la tar­día permanencia en el poder de Porfirio Díaz y de Francisco Cañedo, quizá porque el plumaje de don Ramón fue de aqué­llos que cruzan el pantano y no se manchan.

Al leer y releer el liminar o prólogo de don Julio G. Arce, cada párrafo de los quince, me llamó la atención, tanto por el manejo claro de su prosa como la lectura que proyecta. Y uno de ellos reza… “Raro es que en nuestro medio y en nuestras condiciones haya quien ocupe sus actividades y su talento en emprender estudios cuya aridez espanta a los espíritus poco cultivados, de los que está lleno el mundo” y continúa don Ju­lio… “Todo el que produce, todo el que inventa, todo el que crea, quiere, ante todo, el triunfo del aplauso, los lauros de una gloria efímera, las vanidades de una lisonja obligada”.

A juzgar por el liminar al folleto, estoy seguro que don Julio G. Arce conocía y sabía de las virtudes académicas del Dr. Ponce de León, porque de “Ligeros Apuntes” dice… “No son libros como el del Dr. Ponce de León de esos que andan de mano en mano, ni de los que reciben el homenaje de las almas sencillas y tiernas; pero los hombres de estudio y los caracteres emprendedores encontrarán en él, un poderoso auxiliar, y la juventud que mañana a de ascender sobre nues­tras muertas energías, en principio de una buena obra que está llamada a concluir: la formación de la flora de Sinaloa”. En verdad a mi parecer, vale la pena leer este liminar porque en cada párrafo deja una reflexión y un reconocimiento inte­ligente para la obra académica del Dr. Ponce de León, y en general a hombres de su talla.

Creo que si se pudiera consultar al Dr. Ponce de León para que diera su anuencia de hablar de quien tan bien habla de él, no dudo que daría permiso para hacerlo y se me permite diré que don Julio G. Arce nació 25 años después de don Ramón y murió tan sólo un año después en 1914. Fue poeta y tuvo la fortuna de prologar este ligero folleto, impreso en el taller de don Faustino Díaz. Bajo su dirección, el 26 de septiembre de 1897, salió el primer número de la Revista Bohemia de Sinaloa, donde colaboraban entre otros el poeta Enrique González Martínez, Victoriano Salado Álvarez, José Ortiz e Ignacio M,. Gastélum. Don Julio escribió en el editorial de su revista…”Hemos traído a nuestro lado a todos los que en Sinaloa brillan o han brillado por sus talentos, los unos para que nos ayuden, los otros para que en las luces de su experiencia nos marquen el mejor derrotero”…y para cerrar les dijo: “¡Pasad, pues, paladines, el elegante partier se ha descorrido! En el regio salón os esperamos ansiosos de aplaudiros, las rubias beldfades de sus encantos. ¡Poetas, soñadores, pasad!

El juicio justo que entraña el prólogo de don Julio encierra además su dominio del lenguaje y del mundo del brebaje de las hierbas, por su oficio farmacéutico, reflejado en todo y por el tono del decir, que en 1909, que aún con la toma de pose­sión de don Diego Redo como Gobernador, vislumbró tiem­pos próximos de libertad de expresión.

La disgregación ligera a “Ligeros apuntes sobre la flora del estado de Sinaloa” la considero necesaria, justa y además de puntual, tanto por la circunstancia de la ponderación que don Julio G. Arce hace al trabajo de investigación y de Ponce de León como persona, que obligaba de mi parte destacar lo suyo como prologuista.

Pa finalizar y cerrar el comentario a “Ligeros apuntes…creo que el mejor homenaje que pudiera hacérsele al Doctor Ramón Ponce de León, sería crear en cada ciudad de Sinaloa un Jardín Botánico que contenga la flora que circunda por los valles y por la sierra, en marismas y en el desierto; para que en los parques y camellones de sus avenidas el viento mueva el follaje de nuestra flora, relegadas muchas veces al traspa­tio del urbanismo. Enseñar a nuestros hijos y todos que las amapas son de aquí también, como las pitahayas, los huiza­ches, los mezquites y retamas, y como muchas especies y otros árboles que relaciona “el folleto”, son tan dignos y tan nobles que soportan el estiaje por caminos y montañas. Así fomentaríamos la cultura de la pertenencia de nuestra flora autóctona, que es patrimonio obligados a conservar.

*Agrónomo, promotor cultural y escritor

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