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LA SÍNDONE DE TURÍN

Por martes 30 de abril de 2019 Sin Comentarios

JOSÉ CARLOS IBARRA

“Y, bajándole, le envolvió en una sábana y le depositó en un monumento enclavado en la roca” LUCAS (23:53)

Según la narración de los evangelistas, cuando Jesús expiró, un hombre llamado José de Arimatea, solicitó el cuerpo a Pilatos, a lo cual accedió el procurador romano, con la ayuda de Nicodemus y otras personas lo bajaron de la cruz, envolvieron en un lienzo de lino, y depositaron en el sepulcro cavado en la roca.

Dice la tradición que Pedro conservó el sudario, y posteriormente lo entregó a las comunidades cristianas primitivas. Durante largo tiempo se desconoció su paradero, o si permaneció oculto en diferentes lugares, para protegerlo de guerras prolongadas y saqueos, inclusive, que estuvo en poder de los “Caballeros Templarios” 150 años.

La última etapa de ubicación del Sudario, de acuerdo a fuentes documentadas, fue en 1537 en posesión del Caballero Godofredo de Charny, en el pueblo de Lirey, Francia, y sucesivos herederos hasta Margueritte de Charny, quien lo cedió en donación en 1453 a Luis 1 de la Casa de Saboya, dinastía reinante en Italia, y su destino final la Ciudad de Turín en 1578, y desde 1694 se encuentra en la Capilla de la Catedral de San Juan Bautista, de la ciudad mencionada.

En 1898 durante una exhibición de nueve días, se autorizó por primera vez la toma de placas fotográficas, en dos sesiones, a cargo de Secondo Pía, abogado de profesión y aficionado a la fotografía, quien al revelar la primera placa quedó asombrado, al ver impresa en el negativo, la imagen de un hombre muerto crucificado- A partir de 1969, se han realizado los más completos estudios, por equipos de científicos en las más variadas disciplinas, y con sofisticada tecnología.

El propósito no ha sido confirmar la autenticidad del Sudario, en el que realmente fue envuelto el cuerpo de Jesús antes de sepultarlo, sino develar el misterio del fenómeno, por cuyo efecto se imprimieron las imágenes, y aunque la opinión de los científicos en cuanto a las conclusiones, no fue del todo coincidente, sin embargo quedó descartado que: no se trata de fraude o falsificación, pintura, no se emplearon pigmentos ni colorantes, la impresión no fue por contacto directo, calor o sudor.

No obstante, aun cuando en las imágenes se observan manchas de sangre, huellas de la brutal flagelación, en las rodillas debido a las caídas camino del Calvario, en los pies y las muñecas, golpes en el rostro y de las espinas en la cabeza, todo lo cual coincide con lo narrado por los evangelistas, la Iglesia Católica no ha emitido declaración oficial, sobre su autenticidad, los creyentes lo veneran como reliquia.

Amable lector: lo transcrito anteriormente queda a tu amplio criterio, y tal vez haya quien pudiera relacionarlo con la Resurrección.

Datos adicionales: la Sábana mide 4.38×1.10 mts; la estatura de Jesús era de 1.81 mts., tradicionalmente en las pinturas de Jesús en la Cruz, aparece clavado de las palmas de las manos, con algunas excepciones, por ejemplo en los cuadros de Rubens y van Dick del siglo XV11, son en las muñecas, como se observa en la imagen del Sudario.

En 1935 el artista armenio Ariel Aggemian, pinto un bello retrato de Jesús, basado en el rostro que aparece en la imagen de la Sábana, el cual complementa esta colaboración.

BIBLIOGRAFIA.

Robert K. Wilcox “El Sudario”.

Kenneth F, Stevenson y Gary R. Habermas “Dictamen sobre la Sábana de Cristo”

Amador Prendes Suárez “Del Calvario a los laboratorios Espacialess”..

* Autor Sinaloense

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