Nacional

UN AÑO MÁS… UN AÑO MENOS…

Por domingo 30 de diciembre de 2018 Sin Comentarios

ALBERTO ÁNGEL «EL CUERVO»

Cuervois, no olvides tu colaboración… Frase de advertencia de mi hermano Gato. Y los avatares distintos por los que este año que agoniza me hizo pasar, de una manera u otra me paralizan en la escritura. Finalmente es la última colaboración del 2018 y, como siempre, la sensación de que el tiempo corre con mayor prisa que hace algunos años… “Cuánta prisa llevan los años… Qué afán de marchitarnos el alma…” Alguna vez, algún científico amigo mío, me comentó que es científicamente cierto que el tiempo transcurre con mayor velocidad…

No pude entender absolutamente nada de lo que me estaba diciendo, pero me ayudó a conformarme en esta sensación de ansiedad que causa el sentir que las horas ya no tienen la misma duración. El caso es que aquí estamos, una vez más despidiendo el año y entrando en sensaciones “futuristas” que hace una década eran tratadas como tal e incluso llevadas a la pantalla cinematográfica hablando de cataclismos y escenas apocalípticas tal como en la titulada “2012”… Y ese año del futuro lejano, quedó ahora en el pasado…

De nueva cuenta, se darán las promesas, las intenciones, los proyectos y las esperanzas de que con el año nuevo todo cambie… Una vez más, se llevarán a cabo todos los rituales cuasi mágicos para conseguir que la fortuna visite la casa al aventar agua en la entrada y barrer para alejar la mala suerte, o tirar algunas monedas en la puerta para atraer una buena economía o incluso ponerse alguna prenda amarilla para que los dineros lleguen.

Sacaremos las maletas y caminaremos con ellas unos metros para que el año venidero traiga viajes y con ellos, placeres ignotos que de alguna manera darán mayor sentido a la existencia. Portaremos calzones rojos para que el amor se mantenga encendido y… Después de todos los rituales, volveremos a la rutina cotidiana exactamente igual que el año anterior, pero con la esperanza renovada.

Por otro lado, me resulta inevitable observar el clima… Hace apenas tres o cuatro años, estando en Spayer, Alemania, llegaba puntual a la merienda mi primo Hermann Luiquen Bustillos en casa de mis tíos. Germanos y Mayas, conviviendo en ese bello pueblo alemán y al ver que Hermann había llegado en bicicleta cubierto solamente con una sudadera sobre su camiseta, se hizo inevitable la pregunta: ¿No tienes frío? Y la frase resultante del regaño maternal: ¡Tápate, Hermancito, te va a hacer daño…! Mi primo respondió sonriente: No hace frío…

Ya no hace frío… Verdaderamente hacía frío hace unos seis o siete años… Por estas fechas entonces estábamos quizá a menos 6 o menos 7 grados. Ahora apenas nos acercamos al cero… Ya el clima cambió… Y cada año va a ser más caliente… Se hizo un pequeño silencio que me dejó meditando acerca del tan llevado y traído cambio climático…

Es cierto… Muy cierto… Hace dos años, en Feldberg, Alemania, en esa visita acostumbrada cada vez que voy a ver a mi hijo a Basilea, Suiza, observaba con cierto temor, la condundente prueba del cambio en el clima cuando en las montañas donde practicamos la caminata en nieve (snow walk), se veían por todos lados las máquinas propulsoras de nieve que intentaban cubrir cuando menos las pistas de esquiar…

Pero el paisaje era muy distinto al del año anterior… Todo cambia, cantaba Mercedes Sosa… Todo cambia… Pero se suponía, eso nos decían de niños, que las cosas deberían cambiar para bien… Y, sin afán de ser derrotista, basta con observar lo que sucede alrededor para darnos cuenta que no es así… Por eso, tal vez, la conducta indolente que muestran las nuevas generaciones…

Porque estos cambios vertiginosos les producen una sensación apocalíptica que les lleva a concluir: ¿Para Qué…? ¿Para qué demonios voy a intentar construir un futuro que no sé si me de tiempo de lograr…? ¿Para qué ser mejor en algún sentido si nada tiene sentido en este maremagnum…? Y así, solamente parece importar el hedonismo momentáneo… Consecuentemente, se va cambiando hacia el egoísmo y los llamados milenials ahora contribuyen al deterioro total en una forma total.

¿Qué hacer entonces…? ¿Deberemos quedarnos pasivamente esperando después de tantos años de lucha…? “ME QUEDA LA PALABRA…” Eso decía un muro que durante varios años permaneció con ese letrero a la salida de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco… Aún había conciencia y memoria de aquel lejanísimo movimiento estudiantil del 68… Me queda la palabra… Y poco antes de ser cubierto por pintura blanca, el letrero dramático que recordaba las represiones sufridas por ser pensantes, fue violado al escribir abajo: ¡Entonces ya valiste madres…! Al día siguiente, ambos letreros quedaron convertidos en un muro blanco…

Con él, desaparecía una intención de motivar conciencia en las nuevas generaciones… La salida de la UAM, no volvió a ser la misma en ningún sentido… Las milpas y los establos que le rodeaban, fueron convertidos en ratoneras que en la mente de los Arquitectos al servicio de la intención capitalista rimbombantemente se conciben como apartamentos de interés social. Así, el entorno de aquella mi Universidad de la que fui generación fundadora, se hizo irreconocible…

Cambia… Todo cambia… Sin embargo, se mantiene la esperanza y el ritual y “¡Ah qué ricos romeritos hizo mi mujer!” y “¡Este año es el nuestro, compadrito… Ya nos toca!” Y “Jefe, mi mayor deseo es que todos sus sueños se realicen en este año que viene” y el jefe sonriendo por fuera, solamente por fuera en actitud paternalista motivada por la enseñanza que el marxismo dejó al empresario para entender que en la medida en que “proteja” al trabajador, será el rendimiento de su fuerza de trabajo…

Marx enseñó al empresario que el explotador debe proteger al explotado para que el rendimiento sea mayor y de esa manera, finalmente el capital se vea favorecido, lo que de ninguna manera quiere decir que se haga por justicia o porque el patrón en su infinita bondad conceda privilegios a los que siguen siendo explotados por los explotadores… Quizá esto es de las pocas cosas que no cambian con el año nuevo… No todo cambia… Pavo… Tal vez, sí…

Habrá pavo en la mesa si se corrió con la suerte de ganar la rifa en la oficina… O si entre todos los de la vecindad se cooperaron para comprarlo y repartir de a “taco por piocha”… Nos reuniremos todos a contar anécdotas y a compartir los rituales de año nuevo para que ahora sí “nos haga justicia la revolución”… Y no faltará el necio que ya en la obnubilación etílica quiera fajarle a todas las damas presentes… Y quien haga el ridículo con su baile retro ni quien recite, cuando el dueño de la casa pida silencio, “El Brindis del Bohemio”…

Era infaltable en casa de la abuela… El tío Tono, que tardaría varios años en darme cuenta de la razón por la cual siempre era el elegido para recitarlo, era quien adoptando un aire bohemio, soñador y loco, sacudía su melena alborotada y comenzaba recorriendo con mirada que intentaba ser profunda y solamente motivaba risas entre los jóvenes que de inmediato eran silenciados por los mayores… “En torno de una mesa de cantina, una noche de invierno, regocijadamente departían seis alegres bohemios…”

El tío Tono, era director del Banco de México… Lo vine a saber muchos años después cuando con mis primos recordaba lo que en aquellos años mozos se llevaba a cabo en casa de la abuela, de Mamá Candita como parte del ritual de año nuevo… Por eso era seleccionado para recitar el Brindis del bohemio… Porque el tío Tono soñaba con ser émulo del llamado declamador de América, el Maestro Manuel Bernal… La verdad, era verdaderamente patético escucharlo declamar o intentarlo y mayormente aún el observar las lágrimas en algunos de los familiares cuando llegaba al final del poema (recitación le llamábamos comunmente en aquella lejana infancia) diciendo: “¡Por mi madre, bohemios…

Por ella brindo yo… Dejad que llore, que en lágrimas desflore esta pena letal que me asesina… Dejad que brinde por mi madre ausente…!” y al ver a todos llorando y algunos abrazando a la abuela que se deshacía en lágrimas, hacíamos esfuerzos por llorar también, porque si no lo hacíamos era una falta de respeto y de empatía indispensables para aquel momento culminante de los rituales de fin de año…

Cambia… Todo cambia… Y aquellas reuniones, con aquellos rituales y aquellas lágrimas y conductas embriagadas, dejaron de ser… Ahora, solamente se conserva cariñosamente en el recuerdo de algunos de nosotros, los que seguimos en este carrusel tan frágil…

Ahora, parte del ritual de año nuevo es el recordar lo que hace muchos años sucedía en casa de la abuela cuando de manera obligada, la familia entera se reunía para “disfrutar” por decreto de familia… Cuando los infantes nos divertíamos tirando cohetes a los perros callejeros y corriendo de un lado a otro para ganar… Nadie sabe que era lo que ganábamos, pero se trataba de ganar o perder… Y había que ganar para que la mirada de aquella prima lejana de ojos negros y pestañas largas se posara en nosotros motivando el rubor…

Ahora es recuerdo solamente… Sólo recuerdo… Aunque algunas cosas siguen sin cambiar, permanecen las felicitaciones y los buenos deseos de que el año venidero nos traiga paz, dicha y prosperidad. Permanece la esperanza de que finalmente, todo cambie y cambie para bien… Permanece la frase de mi hermano Gato: ¡Cuervois, no olvides tu colaboración! Muchas felicidades a todos los colaboradores de este bello periódico La Voz del Norte y también para aquellos que nos leen.

* Pintor, autor. Intérprete

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