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SEMANA SANTA

Por sábado 15 de abril de 2017 Sin Comentarios

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Por: Jesus Ramos Ibarra

Hemos iniciado la Semana Santa, conocida también como semana mayor, es un periodo de 7 días, que inicia con el Domingo de Ramos y culmina con el Domingo de Resurrección. Con la Semana Santa, el cristiano conmemora el Triduo Pascual, es decir los momentos de la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo. De los 7 días el triduo pascual es el corazón, por los acontecimientos de cada uno de esos días. Sin embargo es precedido por el Domingo de Ramos en el que se contempla la Pasión del Señor meditada este año según el evangelista San Mateo. Este nombre proviene del hecho que se conmemora, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cuando la multitud lo recibió con hojas de palma (Juan 12:13). El Domingo de Ramos “comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la pasión”. El Papa Emérito Benedicto XVI explica en su libro “Jesús de Nazaret: desde la entrada en Jerusalén a la resurrección” que Jesucristo reclamó el derecho de los reyes, conocido a lo largo de la antigüedad, de demandar modos de transporte particulares. El uso de un animal (el burro) en el que nadie se había sentado aun es un indicador más del derecho de la realeza. Jesús quería que su camino y su accionar sean atendidos en términos de las promesas del Antiguo Testamento cumplidas en su persona. “Al mismo tiempo, a través de este anclaje del texto en Zacarías (9: 9), una exégesis “fanática” del reino está excluida: Jesús no está construyendo sobre la violencia; no está instigando una revuelta militar contra Roma. Su poder es de otro tipo: es en la pobreza y la paz de Dios, que identifica el único poder que puede redimir” detalla en su libro. Y ahora nos sigue reclamando ese derecho pero en nuestro corazón desde donde él quiere reinar y hacer su obra. Los peregrinos “sacan ramas de los árboles y gritan versos del Salmo 118, palabras de la bendición de la liturgia de los peregrinos de Israel que en sus labios se convierten en una proclamación mesiánica: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito sea el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en lo más alto!”. En la exclamación Hosanna se expresan las emociones de los peregrinos que acompañan a Jesús y a sus discípulos: la alabanza alegre a Dios en el momento de entrada procesional, la esperanza de que la hora del Mesías había llegado. Al mismo tiempo era una oración que indicaba que el reinado davídico, y por lo tanto el reinado de Dios sobre Israel seria restablecido.

Adentrémonos en el Triduo Pascual

Quien participa del triduo pascual ha de saber que la manera más adecuada de ir es con un espíritu de fe. Ya que la conmemoración de la última cena es una invitación a la contemplación del misterio de la pasión, muerte y resurrección celebradas en la que podríamos llamar la Misa de Jesús. La Santa Misa es entonces la celebración de la Cena del Señor en la cual Jesús, la víspera de su pasión, “mientras cenaba con sus discípulos tomó pan, lo partió y lo dio a sus discípulos….” (Mt 28: 26). Él quiso que, como en su última Cena, sus discípulos nos reuniéramos y nos acordáramos de Él bendiciendo el pan y el vino: “Hagan esto en conmemoración mía” (Lc 22: 19). Que significa no sólo el recuerdo, sino la evocación de ese acontecimiento, su actualización en el presente, por lo cual nos alimentamos para continuar nuestro peregrinar al cielo y esa espera gozosa de la pascua eterna. Lo que hizo lo hizo como anuncio profético y acontecimiento anticipado y real de su muerte antes de su pasión. “Por eso cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva”. (I Cor (11: 26). De aquí que podamos decir que la Eucaristía es memorial no tanto de la Última Cena, sino de la muerte de Cristo que es Señor y Señor de la Muerte”, es decir, el Resucitado cuyo regreso esperamos según lo prometió Él mismo en su despedida. El aspecto central, del Viernes Santo, es la Cruz. Este día celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor, que no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y para qué: fue una “entrega” un “darse”, fue “por algo” o, mejor dicho, “por alguien” y nada menos que por “nosotros y nuestra salvación” (Credo). “Nadie me quita la vida, había dicho Jesús, sino que Yo la entrego libremente. Yo tengo poder para entregarla. (Jn 10: 16), y hoy nos dice que fue par remisión de los pecados” (Mt 26: 28). El Viernes Santo no se puede vivir solo ya que forma una unidad con el sábado y el domingo. Dentro de la Liturgia de la Palabra el celebrante nos recordará “mirad el árbol de la Cruz donde estuvo Clavado Cristo el Salvador del mundo”, y después invitara a la comunidad diciendo “Venid adorémoslo”. Los domingos pasados, particularmente los tres últimos se nos narran los encuentros de Jesús con la Samaritana, con el ciego de nacimiento, y con Lázaro, veíamos a un Jesús que triunfaba sobre el dolor y el sufrimiento humano. Ello nos lleva a reconocer la Gloria de Dios en Jesús, en quien obraba maravillas, pero con una intención más profunda: si en el peregrinar diario, Dios es capaz de conmoverse hasta solucionar la ceguera, la sed de agua viva y la muerte, ¿Cómo sería la vida de aquellos que teniendo su mirada en el cielo caminan en la tierra como si no caminaran en ella?. Es exactamente la intención de la Pasión. No es un fracaso, es triunfo, pero no se trata del superhombre que puede con un martirio tan cruento como el de Jesús, además de ser inocente, no, se trata del hombre que asume sobre sí lo que lleva a la muerte eterna, el pecado y lo somete a la penitencia para dar vida. El fracaso es hacia el sepulcro, hacia los infiernos, hacia lo más bajo, aparentemente así fue en la pasión: aparentemente así fue
pero no, Jesús desciende a lo más bajo para emerger, por el Poder de Dios hacia lo más alto y llevar con él, a esa humanidad pecadora, transformada, renovada, resucitada, “que es lo que celebramos el Domingo de Resurrección. Pensar en el día Sábado es recordar que es un día de silencio, de oración y contemplación, ya en la noche del Jueves Santo las campanas habían callado ante la pasión de Jesucristo. Ese día es profundizar en el misterio de la Cruz como instrumento de amor, de salvación y no de asesinato como algunos piensan, es la espera de la resurrección gloriosa de aquel que será el primogénito de entre los muertos para que en la vigilia pascual (sábado por la noche) lo proclamemos con toda solemnidad. “Aleluya resucito el Señor”. Y se hará con la solemnidad de la luz, de la palabra, en la que se ira leyendo la historia de la salvación por todo el antiguo testamento hasta que se proclame el gran aleluya de la salvación y escuchemos los textos del Nuevo Testamento, además el Cirio Pascual se enciende recordando que Cristo es Luz. Esta fiesta, es una fiesta llena de luz, los fieles llevan sus lámparas, asemejándose a quienes esperan el regreso del Señor para que cuando venga los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa. Terminada la liturgia. Los fieles suelen dar un abrazo diciendo FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN.

* Abogado y docente de Culiacàn, Sinaloa.

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