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MI MADRE DECÍA………

Por domingo 15 de mayo de 2016 Sin Comentarios

Por: Jaime Irizar

Ser una madre que tenía que atender todas las necesidades de una familia conformada por 19 hijos, un padre enamorado que se ausentaba con frecuencia del hogar motivado por sus impulsos hormonales, y de muy escasos recursos económicos, era simplemente una tarea que se antojaba muy compleja, no nada más para darles de comer y vestir, sino también para intentar, con el apoyo de los hijos mayores, otorgar lo esencial para la formación y la educación que exigía el pequeño ejército familiar del que yo formaba parte.

Aunque difícil y titánica la tarea, quiero hacer mención de otra labor que se antoja la prueba más grande para alguien que fue cabeza de familia, lo cual consistía en ser refugio de penas, deseos, inquietudes y problemas personales de 8 mujeres y 11 varones;todos compartiendo techo y luchando unidos para alcanzar a diario un plato de frijoles con dos tortillas, pero con una individualidad muy marcada, a tal grado, que a mi Madre la hicimos entre todos “el médico a palos”, “la licenciada vidriera”, una consejera espiritual excelente y psicóloga empírica que en ciertos momentos necesitábamos.

Era un hecho que, por su obligada versatilidad, a diario se tenía que poner y quitar todas esas cachuchas conforme se iba requiriendo su atención y afecto. Muchos logros podría citar para subrayar su hazaña familiar, me basta decirles que con esfuerzo, fe, esperanza y dedicación, dejó tras de sí hombres y mujeres de bien, profesionistas- la mayoría de ellos-, que a diario reconocemos y extrañamos su apoyo y guía. No escribo esto por presunción, sino para realizar con estas letras un modesto homenaje y un justo reconocimiento a mi madre y con él, a las millones de madres mexicanas que han vivido y viven, en función de su precaria condición económica, experiencias en todo similares a las que ella vivió.

Era usual que por las tardes cuando menguaba el calor que nos obligaba a salir a las banquetas a medio refrescarnos, ella, sentada en una poltrona de Concordia, que le regaló mi padre, la cual era su más preciado recuerdo, solía adoptar la pose matriarcal que le caracterizó y abordaba temas que por lo variopinto de los mismos, a todos nos dejaba con una duda resuelta, una inquietud apaciguada o una esperanza, sin olvidar que a todos nos fortalecía la fe en que el mañana siempre mejor.

Recuerdo muy bien que ante el planteamiento desesperado de alguno de mis hermanos en torno a un problema específico que le aquejaba o a unos deseos que no podían satisfacer por las limitantes económicas por las que atravesábamos, nos solía decir con esa sabiduría que da la edad y el inmenso amor de madre que prodigaba a manos llenas. Miren “plebes”, todos, tarde que temprano nos hemos visto o nos veremos durante el curso de nuestras vidas, inmersos en problemas o situaciones graves de diversa índole, que nos agobiarán y estresaran a tal grado de considerarlas amargamente como del tamaño del mundo, sin solución, y que nos encajonarán en un supuesto horrendo callejón sin salida.

¡Nunca olviden que frecuentemente, cuando nos dominan las emociones, se merma nuestra capacidad de pensar y actuar con sensatez y objetividad!, por eso siempre será una buena decisión confiar en los especialistas y dejar que ellos nos orienten y ayuden a resolver lo que es remediable, por imposible que esto nos parezca. Pero cuando definitivamente, no se pueda remediar nada aquí en la tierra, hay que aprender a imaginar resignadamente el peor escenario que nos pueda suceder y dejar en manos de Dios la respuesta, que de seguro siempre consolará.

Con el tiempo van a aprender, que cuando se tiene plena consciencia de la muerte propia, la de los que tu más quieres, o se está muy cerca de ella, es cuando verdaderamente empezamos a apreciar lo bella que es la vida y entenderemos como minimizar nuestros problemas.

Ante el desespero, no hay que olvidar que el tiempo es el mejor terapeuta , pues sin duda él te ayudará a aceptar lo irremediable y a no pensar, con una frecuencia que te limite el ser feliz, en lo doloroso de tu pasado, en los errores graves cometidos o en esos problemones que a veces te quitan el sueño. Subrayando siempre” problemones” para aminorar tensiones y provocar sonrisas. Para las personas normales, la desesperación y pensar en la muerte no es una buena opción para salir de etapas difíciles, en cambio elegir el camino de la lucha, el trabajo, la esperanza, la fe o la resignación, siempre serán la mejor decisión, principalmente las dos primeras.

Además, todos los problemas tarde que temprano tienen solución, por ello de nada sirve preocuparnos, amargarnos el día o pensar en adelantar vísperas si entendemos que la vida tiene para todos sin excepción un plazo fatal, así que dejemos que Dios y el tiempo nos guíen y enseñen el camino. Remataba la primera parte de su charla con un categórico no olviden que, ante todas las situaciones difíciles, siempre habrá nuevas opciones.

Hacia una breve pausa para comerse un pedazo de sandía o para tomarse un vaso con agua fresca de Jamaica, los que según ella le devolvían el vigor perdido ante tantas tareas domésticas que en ese día había realizado Para luego continuar diciéndonos de manera doctoral a la bola de hijos que le hacíamos rueda y que, para su regocijo, en esas gloriosas tardes de verano, éramos sus más disciplinados alumnos. Nuestras vidas son como unas alforjas, seguía diciendo, en ellas, con el paso de los años le vamos echando todo tipo de sentimientos, acciones, pensamientos y actitudes que terminan por darle un aspecto único e inconfundible a nuestra existencia. De esta amalgama de pensares y sentires, surge también la configuración del carácter y la personalidad de cada quien.

Aunque no lo creamos con facilidad, dependiendo de qué tipo de experiencias de vida le vayamos echando al morral, será la actitud final que habremos de mostrar al mundo ante los múltiples problemas y variadas situaciones que tendremos por fuerza que enfrentar.

Tengo por cierto que son las crisis y los retos, los mejores catalizadores o detonantes para dar a conocer en nuestro entorno el verdadero yo. Si en el seno de tu hogar, la escuela, el trabajo o la convivencia social, sólo destacaron en ti los sentimientos de minusvalía, egoísmo, odio, rencor, recelo, desconfianza u otro sentimiento negativo, seguro es, que éstos se verán reflejados en tu conducta, reacciones o expresiones ante cualesquier problema o situación delicada por mínima que ésta sea. Nadie puede dar lo que no tiene, dice con mucha propiedad la sentencia.

Por más que lo deseemos, ninguna persona podrá dar amor, confianza, gratitud, lealtad o buenos ejemplos, si en las primeras etapas de su vida no incorporó buenos valores a su alforja vital, o sea, si no existen estos valores y principios en su morral personal.

El cariño o el afecto prodigado, no son suficientes para cambiar para bien una personalidad afectada por sentimientos y actitudes negativas predominantemente. En todas las etapas de la vida, pero principalmente en la última, hay que ir vaciando el morral, sacar lo bueno que hay acumulado en él, para entregarlo a modo de regalo especial a los que quieres y estimas. Vaciarlo todo, hasta ver el fondo.

A donde iremos, al final del camino, no ocuparemos nada material para pagar la estancia. Es una creencia extendida que el paraíso es gratis y que lo puedes encontrar también aquí en la tierra. Pero para ello, hay que sacar todo lo malo que hay en tu morral y desecharlo; lo bueno regalarlo a quien tu más quieres. Enseñar todo lo que sabes, en el entendido de que nada te podrás llevar. Dar lo bueno de ti, es una de las mejores estrategias para ser feliz. Creo firmemente que siempre es tiempo de viajar ligero.

Transcurrían las horas como si fueran minutos escuchándola hablar, hasta que de manera abrupta nos corría diciéndonos que “ahuecáramos el ala”, porque ya era hora de ir a ver que nos iba a dar de cenar.

* Doctor y autor

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