Nacional

LA “TORTICOLIS” DEL PODER

Por domingo 31 de mayo de 2015 Sin Comentarios

Por: Jaime Irizar López

En México al igual que en muchos países de Latinoamérica y, algunos del otro lado del Atlántico en donde la democracia es ampliamente aceptada por casi todos como un sistema bueno, siempre perfectible, pero a la fecha el mejor, paradójicamente aún existen al día de hoy, firmemente incorporados a nuestra personalidad, idiosincrasia o conciencia colectiva, una franca proclividad a generar un magno culto a la personalidad hacia aquellos que ostentan poder, autoridad, liderazgo o dinero en abundancia, consolidándoles con ello, una idea de la autoridad o del liderazgo que ostentan, muy alejada de la humildad, del real sentir y de la necesidad de la sociedad que representan. De manera particular en nuestro país, venimos transitando desde la idolatría a diversos dioses en aras de evitar castigos divinos, para pasar a ser súbditos incondicionales de los tlatoanis, reyes, virreyes o caciques, mismos, que hoy por hoy, están encarnados en nuestros políticos, gobernantes, empresarios famosos, y representantes populares junto con todo el gran séquito de funcionarios y servidores públicos de todos los niveles que les acompañan.

Conforme se asciende en la escala del poder y de la autoridad, se va generando un fenómeno muy particular que vale la pena hacer mención para su análisis. Dicen que la soberbia, el despotismo, las malas prácticas y maneras, así como la crueldad psicológica, desde tiempo inmemorial son características inherentes por lo general, al perfil de casi todos los poderosos, pero creo, en mi r punto de vista, que en gran parte ello se debe a que un sector considerable de la población, ya sea por temor, sentimientos de minusvalía, interés por ascender en la escala del poder o por un franco servilismo que es propio de las mentes débiles, y de quienes tienen una más clara dependencia perniciosa a la voluntad de otros, son los que a diario hacen con sus palabras elogiosas exageradas o con acciones siempre reverentes, que el ego de los jefes o de los líderes se exalten a grado tal, que se distorsione la realidad en que ellos viven, cosifiquen a las personas, los vean solo como medios para conseguir sus fines personales y hagan suya (para que sea su marco conductual) la máxima que señala que solo se ejerce y retiene el poder o la autoridad mediante el miedo, el temor o la amenaza.

Hace mucho tiempo leí una novela titulada “EL ABOGADO DEL DIABLO” de MORRIS WEST, en ella se describe, entre otras cosas, como el Vaticano tiene un departamento conformado por expertos conocedores del método científico, inteligentes, lógicos, irreverentes, pero sobre todo por necesidad y en congruencia con su oficio, escépticos a morir, mismos que se dedican a investigar a fondo los defectos de personalidad, vicios, errores y perjuicios que en vida tenían o efectuaron las personas que son candidatas a la beatificación. Su agudo pensar solo está comprometido con la verdad y las conclusiones de sus trabajos sirven de base para que el alto clero tome las decisiones para ver si vale la pena o no, elevar al rango de ejemplar las acciones, sacrificios y milagros de alguien que de arranque, el pueblo piensa que rebosa bondad y que merece ser categorizado como santo. Se les llama “ABOGADOS DEL DIABLO”, porque su especialidad es encontrar la maldad, el grave error o la falsedad de la actuación en la vida de quienes la mayoría cree que son hombres y mujeres de excepción y que merecen glorificarse. Cito lo anterior para señalar que al lado de la vida de reyes, jefes de estado, pero sobretodo de políticos y en general de todos los miembros de la sociedad misma que ostentan algún tipo de autoridad, debería de existir alguien que cumpla con esta función, y que en lugar de dedicarse como hasta hoy todos lo han hecho, a adular hasta el cansancio, exaltar por norma, le puedan decir sus verdades sin más intención que la de mejorar su actuación en pro de sus empleados o representados.

Pero reitero, estoy más que convencido que el poder produce una “tortícolis” muy severa que no permite, por el dolor que produce, voltear para ningún lado a escuchar desaciertos, excesos e injusticias. Además, para quienes pertenecen a la estructura cercana de los que ejercen cualesquier tipo de autoridad, representa un suicidio laboral o político contradecir al jefe en turno así sea en el menos relevante de los temas o darle a conocer, aunque sea tímidamente, la otra verdad, la que no quieren conocer por que les duele y mucho. El poder en mayor o menor grado corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente dicta la vieja sentencia, pero además, quisiera añadir que por lo regular y a la larga, el ejercicio del mismo torna ciegos y cínicos a quienes lo ostentan irresponsablemente e inducen a subalternos y seguidores a mimetizar sus conductas para evitar que desaparezca tan nefasta tradición. Dicen los que saben, que en la vida no puede haber vacíos de autoridad. Estos siempre tienen que ser llenados por alguien.

Actualmente, estando como estamos, tan carentes de liderazgos honestos y nobles, y tan faltos de una libertad de expresión no condicionada al interés económico o político, gradualmente están siendo substituidos éstas figuras por un fenómeno social y tecnológico que sin cortapisas está expresando todos los errores de los magnos señores antes intocables; pero esas claras expresiones de valentía que se muestran en las redes, creo que hacen también las veces de una válvula de escape, o propician una catarsis colectiva, que descompresióna el sistema y facilita a la vez, la perpetuación de lo criticable, porque no se ha aprendido a construir una respuesta social organizada que intente en consecuencia realmente democratizar al país, acabar con el autoritarismo, la corrupción y bajar de los pedestales tradicionales a quienes se sienten semidioses, dueños de cuerpos y almas, para que al sacudirlos de esta manera, rescaten algo de humildad y aprendan a actuar con sentido humano, demasiado humano parafraseando a Nietzsche. Les recuerdo que a todos los funcionarios públicos les pagamos para que nos sirvan. Los aplausos, las caravanas, las adulaciones y los elogios, son como las propinas, no son obligatorias, solo deben otorgarse al que sirve bien. También les digo que es imposible que con palabras bonitas y súplicas, se le pueda quitar del hocico una mazorca a un “cochi”. Toda acción que implique un cambio de importancia requiere de un gran esfuerzo y de una participación social, honesta, responsable y comprometida con su futuro. Pero la culpa no la tiene el indio, sino el que lo hizo compadre.

A decir verdad, nosotros, los que sufrimos los excesos del poder y la corrupción; somos los primeros que en cuanto tenemos la oportunidad de cercanía a los mismos, fomentamos la permanencia de esas actitudes tan nefastas en nuestros seudolideres y empezamos desde temprano, con su anuencia por supuesto, a hacer los pininos en estas impropias conductas. A todos nos gusta el ejercicio del poder, ya sea pequeño o grande, desde la secretaria particular, el asistente personal, el modesto burócrata, hasta aquellos que ostentan cargos de mayor relevancia en la empresa, gobierno o sociedad, y si se nos dan las condiciones, a diario lo ejerceremos con rigor y carácter en aras de ir construyendo desde el inicio, una cauda compuesta de solo aduladores y para no permitir tener en nuestra listas de afecto y cercanía a ningún “ABOGADO DEL DIABLO” que pretenda con sus verdades u opiniones ayudarnos a mejorar y a hacer las cosas bien para el mayor número de personas posibles.

Con fines de ejemplarizar y solo para amenizar esta entrega, imagínense ustedes a un líder honesto, modesto y comprometido con la sociedad, al que a diario le digan infinidad de veces que es el más inteligente, el más guapo (aunque este más feo que un caimán), lo colmen de atenciones, regalos y privilegios, el que en cualesquier foro que se apersone se le reciba con fanfarrias y solo a él se le permita hablar y al resto del mundo solo se le permita escuchar su verdad y nada más que su verdad, seguro estoy que dicho personaje terminará por creérselo todo a pie juntillas y empezará a mirar por encima del hombro a los demás, exaltando con ello, a mas no poder, su ego.

Al no tener contrapesos sensatos en su vida, es obvio pensar que en apego a la frágil condición humana, después de un razonable tiempo de estar recibiendo solo alabanzas y de haber avanzado en la escala social y económica gracias a los que viven en su entorno, empezara a sentirse “primo hermano de dios”, infalible en todo, y sus seguidores serviles, por conveniencia, se lo ratificarán en todo momento hasta que a él no le quede ninguna duda al respecto. Serán santones vitalicios sin haber pasado nunca por la criba objetiva de “LOS ABOGADOS DEL DIABLO” de la sociedad, mismos que están obligados a desenmascarar públicamente a los farsantes, deshonestos, corruptos, seudolideres, y consolidar con ésta y otras acciones más, el bienestar de la sociedades futuras. No hay razones para sentirnos inferior a nadie, (mucho menos que las autoridades que nos representan, porque en las democracias, ellos son, por que nosotros así lo decidimos), de tal suerte que no estamos obligados a venerarlos por inercia, sino a investigar sus investiduras y/o su manera de actuar en lo público y en lo privado. “Hay que ser, pero también parecer” dice el dicho.

A eso están obligadas las figuras públicas. Dudemos de todo y de todos para tener nuestro propio juicio, el cual seguro estoy será construido con gran apego a la verdad. Seamos irreverentes ante todo autoritarismo perverso y soberbio, pero respetuosos y generosos en el elogio con aquellos que si saben servir con humildad. Abolir la esclavitud mental debe ser la prioridad de la era moderna. No crean que quien ostenta la riqueza y el poder, posee por extensión o añadidura todas las verdades. La pobreza no está peleada con la pulcritud de pensamiento ni con la inteligencia. La pobreza que debe avergonzarnos es la de las ideas. El pueblo es sabio, pero a veces le falta actuar congruente con esa sabiduría. Hay que criticar con razón y fundamento. Con ideas, no con sentimientos. Estos nunca serán argumentos de peso para ganar una discusión o lucha.

Los jóvenes del mundo además de tener entre sus manos una laptop, una Tablet o un celular, deben también agregar a su inventario personal, una Lámpara de Diógenes, que les ayude a encontrar la verdad y a los hombres honestos. Esto es muy necesario y la necesidad siempre ha sido la madre de todas las obras y de todas las acciones. Construyamos, mediante todos los medios posibles, una nueva conciencia social que intente cambiar el lastimoso estado actual de las cosas. Se lo debemos a nuestra descendencia. Aunque te tiente mucho, no imites ni idolatres a quienes hoy críticas. Antes bien, conviértete en “EL ABOGADO DEL DIABLO” que la sociedad actual necesita para construir un mejor país.

* Medico y autor

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