Nacional

Infancias y tecnociencia

Por domingo 7 de diciembre de 2014 Sin Comentarios

Por Verónica Hernández Jacobo*

Tenemos evidencia de que el capitalismo todo lo que toca lo transforma en  desecho, desde los objetos colocados en su dimensión de caducidad, hasta el sujeto de la infancia que es trastocado al convertirlo en un desechable o en un simple diagnóstico, pero lo más siniestro de esto es que el discurso del capital coloca a los niños en un USB del aparato tecnológico deshumanizándolo a cada instante, lo infantil desde esta operación lógica pasa a ser un desecho más del consumismo y al igual que una máquina los dispositivos de control escolar lo quieren formatear para que responda las demandas del amo pedagógico, solamente introducir la información que su disco duro debe tener, en el nombre de las causa pedagógicas más nobles como así lo dictan las competencias.

Cuando lo infantil se convierte en objeto de la tecno-ciencia, nos abrimos a escenarios con sujetos de lo infantil que responden autísticamente ante el entorno de los sabores que la realidad pretende instalar, ante esta situación ser desechos es la moneda corriente de nuestra contemporaneidad, convertir lo infantil virtualmente en una extensión de memoria de USB, es de alguna manera ser aplastado por un instrumento mediático que devora al consumidor al transformarlo en desecho. Ante esta situación lo infantil debería de rescatarse por lo singular del saber que existe en cada uno, y no por la universalización estandarizada de un saber único que es atentatorio contra lo infantil. El discurso pedagógico no quiere despertar del falso sueño que el currículo le mandata, no se puede adiestrar lo pulsión, ya que este responde de manera sintomática desplegando malestares contemporáneos educativos, es un poco la política de Sísifo, nunca llegar a ningún lado haciendo un despliegue ostentoso de metodologías para que lo pulsional responda como siempre no se  adiestra la pulsión.

El instrumento tecnológico que educa a nuestros hijos aplasta lo infantil al trastocarlo autísticamente, asesinando la curiosidad de todo sujeto infantil, la curiosidad sería el patrimonio que lo infantil nos heredo a los investigadores, para no dejar de operar con las preguntas dirigidas hacia el mundo que la ciencia quiere explicar, pero cuando esta curiosidad es aplastada poco queda por hacer, sólo producir pequeños zombies apegados a sus máquinas, la apuesta del amo pedagógico es que todos sean normales, es decir que se comporten como zombies, sin capacidad de debate ni discusión, que tome las cosas como el otro se las presente. Para nosotros en psicoanálisis  lo importante es ponderar por los lazos con el otro, donde sea la palabra esa única vía civilizadora que regule los modos de convivencia social y cultural, y no convertir a nuestros hijos en una extensión de memoria del ipad, buscando por todos los medios no renunciar a las nuevas tecnologías, pero sin quedar sometidas a su dulce encanto ya que ésto además de que deshumaniza convierte a los sujetos en desecho, y para rematar los cognitivistas que creen que somos máquinas, nos quieren resolver la vida creando software como garantía de control, y en su delirio máquinico, conectarnos chips, todo ello en el nombre de la bendita ciencia, que sería otra manera confesional dogmática de creencias, solo que sin Dios. Nuestro querido Freud tan vilipendiado por sus enemigos, no deja de insistir sobre el deseo que nos habita, ya que este es el único ordenador de las subjetividades que puede enfilar al sujeto hacia el cenit del saber, desde esta perspectiva el deseo sería el disparador de la curiosidad cuya instrumentalización se despliega con más intensidad que la tecnología, al cultivar esta curiosidad, podremos transformar el ámbito familiar, social y pedagógico de lo contrario respaldaremos la información en la USB de lo infantil, para perderlo en ese infinito virtual que es donde descansan las almas de los amantes del cyber que tienen nombre y apellido neurocognitivistas donde el procesador con memoria de teta, no deja de evocar el seno materno, ahí donde nacen y se ocultan todos los sueños diurnos y nocturnos que hacen la personalidad del ser que quiere ser reducido a un microchip.

*Doctora en educación.

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