Nacional

LA CENTRAL DE ABASTO… Y LA CANCIÓN MIXTECA

Por domingo 22 de diciembre de 2013 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

La-Central-de-Abastos—En la expresión corporal, las manos son fundamentales… Tal vez sea uno de los recursos  interpretativos de mayor importancia… Y deben moverse suave y natural o enérgico cuando así lo requiera la interpretación…
—Tus manos me enamoran…
—¿Mis manos te enamoran…?
—Sí, tus manos me enamoran por la forma en que las manejas…
—¿Por la forma en que las manejo…?
—Sí, por la forma en que las manejas cuando cantas… Y deja de contestarme con preguntas jajajajajaja.
—¡Ah, sí, cuando canto…! Sí, perdón, es que estaba tratando de entender y además me cohíbes con las cosas tan bellas que dices…
—No creo que no te lo hayan dicho antes… Y es que las mueves de una manera elegante, sensual y sobre todo de una manera muy armónica… Tus manos envuelven las canciones de tal manera que preparan el alma para recibir la narración emocional tan intensa del canto…
—Me dejas sin palabras… Pero pues qué bello es saber que mis manos puedan motivar algo así…
—A veces, es un alivio saber que no puedo ir más allá de mi piel. He tenido miedo de que mis emociones desborden al grado de estallar y terminar como alma errante sin cuerpo que me contenga… Creo que a ti te pasa lo mismo, tus sentires te expanden… Eso explica tus dedos tan largos…

Reflexionando alrededor de lo anterior, observaba mis manos… Manos distintas, muy distintas a las que miraba alrededor… Esas son otras manos… Manos que, a fuerza del trabajo rudo, adquieren forma y movimiento distinto… Manos Mixtecas tal vez, manos indígenas… Donde quiera que vuelva la vista, encuentro manos así… Y no es privativo de los hombres, no… También las mujeres muestran manos agrestes, hasta agresivas por su apariencia… Las manos aquellas que de manera constante, interminable, atan bultos, despachan mercancía, cobran, cargan lo que los clientes compran y descargan miles de toneladas diariamente de los miles de camiones que llegan con miles de productos de consumo para su distribución y venta al mayoreo. Manos que aplauden para llamar la atención al grito de mírelo, llévelo, solamente productos de calidad… Llévelo Güerita, mire con todo gusto se lo damos a probar… Y la risa maliciosa y pícara que aflora en complicidad entre todos los locatarios y trabajadores, me hacen sentir inmerso en el libro de Hay otras manos que intentan ser tiernas, lastimeras, profesionalmente lastimeras… Manos que esperan una moneda tentando el corazón de todos aquellos que visitan esa ciudad dentro de la Ciudad de México… Es la Central de Abasto… Un mundo aparte… Ahí es posible encontrar cualquier producto sobre todo que tenga que ver con suministros para la alimentación… En este mercado gigantesco, ciudad dentro de ciudad, que ofrece prácticamente todos los alimentos y consumibles que pueda uno imaginar, va cambiándose de un universo a otro, de una emoción a otra… Es un viajar de las nanas de la cebolla evocando a Miguel Hernández a los cantos cardenche a la hora de las fogatas entre los trasnochadores que se quedan de guardia en esa inmensidad de mercado… Los aparatos de sonido contribuyen a que de un pasillo a otro el ambiente cambie junto con la mercancía que se ofrece… Willie Colón se hace presente mientras pasan los cárnicos frente a mí con todos sus olores y sabores… “Solo me alienta el deseo divino de hacerte míaaaaa.. Mas me destruye la incertidumbre  que estoy pasandooooo… Y es que la nieve cruel de los años mi cuerpo enfríaaaaa… Y se me agota ya la paciencia por ti esperandoooo…!” y al ir caminando hacia los abarrotes, se produce la transición en el puente que une los pasillos cuando de una grabadora sale Tony Camargo “Yo no olvido al año viejo… Porque me ha deja’o cosas muy buenas…” los pasillos se alargan cada vez más y junto con los colores de las semillas y la algarabía de las peticiones de latas y paquetes de diversos productos, de algún puesto surge como música de fondo la nostálgica canción que a los mexicanos nos cala hondo sobre todo cuando andamos obligadamente en el extranjero… “Qué lejos estoy del suelo donde he naciiiiidoooooo… Inmensa nostalgia invade mi peeeensamieeeeeeeentooooooo…” casi por instinto, busco la fuente sonora de donde parte el canto… Y en uno de los puestos, al lado de un viejo televisor al que un niño le acomoda la antena constantemente intentando que las imágenes silenciosas no desaparezcan, veo una grabadora de grandes bocinas… “Y al verme tan solo y triste cual hooooja al vieeeeeentoooooo… Quiséeera lloooooorar, quisiera morir de seeeeeentimieeeeeeentoooooo…” José López Alavez, pienso de inmediato… Y me remonto hasta el año de 1918… México estaba en plena convulsión revolucionaria… Noticias de batallas aquí y allá, fusilamientos, traiciones, leva, trenes, jinetes legendarios y mucho más, eran las noticias que se leían en todos los diarios de la época… Pero dentro de toda esa vorágine violenta en que estaba sumergido nuestro país, habían también noticias agradables… De alguna manera, la semilla del arte, se abría paso entre las lápidas improvisadas que ponían los encargados de enterrar los muertos… y de esta manera, una noticia llama la atención en las páginas de El Universal el día 31 de marzo de 1918 .

“En la Ciudad de México a los siete días del mes de marzo de 1918, reunidos los que firman este fallo en el Departamento de la Orquesta Sinfónica Nacional, de la Dirección General de las Bellas Artes, para deliberar acerca de la elección de las composiciones de música popular que deben ser premiadas y las que deben publicarse, según las condiciones puestas por el diario EL UNIVERSAL. Después de revisar cuidadosamente la letra y la música de doscientas composiciones enviadas de distintas regiones de la República, y de leerlas alpiano para formarse una idea cabal de su efecto melódico, de su estructura armónica y de la propiedad de su escritura… han convenido en que son dignas de publicarse las quince composiciones siguientes…”

Y dentro de esas quince canciones, se encontraban dos obras de José López Alavez: La llamada Apasionada y la titulada Canción Mixteca, letra y música del Maestro José López Alavez… Pero no solamente quedaba la canción dentro de las quince que el jurado consideraba merecedoras de ser publicadas, sino que fue una de las tres canciones que merecieron un premio en efectivo de cien pesos mexicanos y finalmente declarada la mejor canción otorgándole el primer lugar de entre las 200 canciones enviadas al concurso. Así, en plena revolución, el arte se abre paso para dejar escrita una de laspáginas de oro de nuestro acervo musical tradicional mexicano… “Oh tierra del soooooool… Suspiro por veeeeeerteeeeee… Ahora que leeeeeeejooooooos… Yo vivo sin luz sin amooooooor… Y al verme tan solo y triste cual hoooooja al vieeeeeentoooooo… Quisieeeeeeeraaaaa llooooorar, quisiera morir de seeeeeeentiiiiimieeeeeentoooooo…” Pero, no obstante que fueron premiadas por considerarlas poseedoras de la calidad suficiente, el jurado calificador emitió un comunicado adjunto que decía:

“Los suscritos consideran necesario manifestar que todas las composiciones enviadas al Concurso adolecen de faltas de escritura musical, ya sea en su estructura rítmica o en su armonización, por lo cual ha sido necesario retocar, aún las que acusan procedencia de músicos entendidos, para no dar a la publicidad errores fáciles de subsanar y para no tener que desechar por una falta de escritura una composición de indiscutible belleza melódica y de color genuinamente mexicano. Para terminar, los suscritos se complacen en felicitar a EL UNIVERSAL, por el feliz éxito de este PRIMER CONCURSO DE MÚSICA POPULAR MEXICANA. …”

Y en el jurado calificador, se encontraban nada menos que los celebérrimos Gustavo E. Campa, uno de los compositores más destacados de aquella época, principal opositor a la corriente operística italiana en México, egresado del Conservatorio Nacional de Música mismo que llegaría a dirigir con el tiempo; Manuel M. Ponce, célebre compositor zacatecano autor de Estrellita y considerado iniciador del movimiento musical nacionalista en nuestro país; y Rubén M. Campos, profesor de literatura con una gran producción poética de extraordinaria calidad, cronista, cuentista y novelista. ¡Imagínese usted! Esa enorme calidad y talento reunidos en un jurado difícilmente podría verse en nuestros días… Tristemente. José López Alavez, nacido en Huajuapan de León, Oaxaca, el 14 de julio de 1889, comenzó sus estudios en su tierra natal y perteneció a la banda infantil de Huajuapan como primer clarinetista. Posteriormente emigra a la Ciudad de México donde continúa sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música. Fue premiado por su gran calidad musical por Porfirio Díaz y Justo Sierra cuando este último era Secretario de Educación del presidente Días. Compuso la melodía La Canción Mixteca en el año de 1912 y después de participar en la Revolución formando parte de las bandas en la División del Norte, escribe la letra gracias a la nostalgia que le envuelve al estar lejos de su tierra natal. Muere este compositor oaxaqueño, a la edad de ochenta y cinco años en la Ciudad de México, después de recibir un justo reconocimiento en el año de 1962 al cumplirse cincuenta años de haber escrito la melodía. Este reconocimiento le fue entregado en una gran ceremonia en el Bosque de Chapultepec. En 1970 fue develado un busto suyo en la ciudad de Oaxaca. Así, López Alavez tuvo en vida un justo reconocimiento.

—¡Qué pasó, mi Cuervo… En quién está pensando jajajajaja…!
—En el jurado calificador… Y en el Maestro López Alavez…
—A poco nos vino a calificar… jajajajaja

Y me fui alejando del bullicio de lo que es el mercado más grande y más importante en cuando a intercambio comercial de alimentos y consumibles de América, La Central de Abasto de la Ciudad de México.

Admirado aún por la enormidad de La Central de Abasto.

*Cantante, compositor y escritor.

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