Nacional

Hoy no es mi día… o el encuentro con Selene… (Cuento)

Por domingo 20 de octubre de 2013 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

Hoy-No-Es-Mi-Dia1Ella cambió la mirada… Él sintió que había sido demasiado obvio… “Carajo, hubieras disimulado un poco… ¡Qué tontería la tuya, qué obvio fuiste…! Creo que hoy no es mi día…” El tiempo se hizo largo, largo… Cada vez que su mirada le encontraba, un estremecimiento recorría su piel y lo obligaba a preguntarse ¿por qué…? ¿qué era lo que había motivado ese impacto gigantesco si jamás la había visto…? Siempre había pensado que alguien llegaría en el momento adecuado para compartir la vida de manera especial, distinta, intensa, bella, amorosamente… Y de unos años para entonces, sentía que esos sueños se desvanecían con cada amanecer… Había llegado acompañando a su amiga… Y mientras la amiga hablaba, él sólo podía pensar en ese estremecer tan impactante que no pudo evitar al mirarse en sus ojos… Tenía que buscar la manera de volverla a ver… Era imperativo lograrlo… No podía dejarla ir otra vez, eso pensaba… No podía dejarla ir otra vez…

—¿Cómo me dijiste que te llamabas…?
—No te lo había dicho, pero con gusto te lo digo, me llamo Selene…
—Selene… Qué bello nombre… Sí sabes de dónde viene el nombre ¿verdad?
—Sí, claro, por la Luna…
—Bueno, sí, pero no es exactamente la Luna, era una antigua deidad griega, una diosa lunar hija de Hiperión y Tea, titanes de la mencionada mitología… Y en la mitología romana…
—Sí, lo sé, en la mitología romana era la Diosa Luna…

Ante la respuesta que interrumpió abruptamente, se sintió bañado con agua fría. Intentando impresionarla sólo había conseguido caer en una absurda pedantería, el silencio posterior así lo dejaba suponer… Ya no pudo concentrarse en lo que la otra mujer decía, una y otra vez se repetía dentro de él la frase inquisitiva “eres un imbécil… Eres un imbécil, eres un perfecto imbécil…” Tal vez si se levantaba dando cualquier excusa y regresaba trayéndole unas flores con una nota que ofreciera disculpas… Tal vez si lograba que le aceptara una invitación a comer, después de todo era justo la hora en que cerraba el estudio para salir a “La Flor de Valencia”… No, no, no… Era otra idea estúpida. Si buscaba impresionarla gratamente ¡Cómo podría ocurrírsele invitarla a una cantina! Aunque… Tal vez por su porte elegante, fino, el conocer una cantina le produciría curiosidad… ¿Sí…? Pero ¿y si resultara el efecto contrario…? Venciendo toda timidez, interrumpió el discurso de la mujer que intentaba describir qué clase de pintura buscaba…

—Qué les parece si las invito a comer… Ya es hora… Perdón, lo que quiero decir es que… Pues mmm… A esta hora normalmente salgo a comer… O sea… Bueno, ufff, ya me hice bolas jajajaja, perdón, es que aquí muy cerca hay una cantina que es de las más antiguas de México y las botanas y la comida son deliciosas y supongo que a las damitas les causa curiosidad conocer una cantina…
—¡jajajajaja, te tengo una noticia, hace muchos años ya que las mujeres podemos entrar a las cantinas…!
—Sí, sí, claro pero esta es una cantina que conserva toda la atmósfera de antes y pues no deja de ser interesante…
—Qué tendría de distinto… ¿solamente hay baños con mingitorios o algo así?

Definitivamente hoy no era su día… Dijera lo que dijere, quedaría peor cada vez… Sin embargo, después de un nuevo silencio denso como la niebla de la huasteca, la sonrisa en el rostro de ella fue como un bálsamo delicioso… El “vamos pues a conocer esa cantina tan especial” lo impulsó a brincar del sillón ruidosísimo de su escritorio tomándola del brazo inmediatamente para invitarla a salir… La amiga, a los pocos metros de haber caminado, se disculpó argumentando que tenía una junta laboral muy importante y tenía que dejarlos… “¿podría pedirte que llevaras a mi amiga Selene a su casa después de comer?” “por supuesto, la llevo a donde ella me pida…” “No, no ¡cómo crees! Si no puedes, será otro día” “No, amiga, yo sé que quieres ir a comer a la cantina y no quiero estropear nada” “por favor, si me permites yo te llevo… Soy un caballero” “eso no me preocupa” “anda, amiga, te lo pido de corazón, él te lleva ¿sí?” “No, vinimos juntas y juntas nos vamos” “Selene… Te lo suplico, yo sé por qué te lo digo… Ve a comer y luego él te lleva, anda…” “cómo tú decidas, pero quería que me acompañaras…” Y finalmente ahí estaban, rodeando su silencio con el escándalo de las risas, los platos y el azotar del cubilete vespertino… A esa cita, siguió otra… Y otra… Y otra más… Hablaban de todo y de nada… Ella de cuando en cuando lo miraba de ese modo, ese modo tan especialmente erotizante y erotizado… El estremecimiento no se podía evitar… Y el día de la cena en La Montagne, finalmente la abrazó al darse la primera oportunidad… Se llenó de su aroma, se llenó de su esencia y ella fue ahora quien se erizó, podía sentirlo en esa piel suave, tersa, tibia, deliciosa…

—Quiero llenarme de ti… mmmmm… Quiero llenarme de ti…
—Jorge Javier…
—Dime…
—Ya…
—¿Ya…?
—Sí, ya… Pero no lo que estás pensando sino al contrario. Ya basta, eso fue lo que quise decir…
—No, hermosa, no estaba pensando nada, simplemente no entendía…
—¡Ay, por Dios… Hombres…! No quiero que me beses…
—¿No quieres que te bese?
—No quiero que me beses… Todavía…
—De acuerdo, así será… No te besaré… Todavía. Pero déjame aspirarte, llenarme de tu aroma y de tu esencia…

Hoy-No-Es-Mi-Dia2Y al final, la cercanía era distinta… Su mano en el talle primorosamente femenino, su tibieza… Podía escuchar su respiración un poco agitada y la abrazó… “No… No soy una mujer fácil… Nunca se te ocurra invitarme a un hotel, porque ese día es el adiós… Sobran mujeres para llevarlas a hoteles, yo no soy de esas…” “Ni yo lo he pensado…” y al subirse al auto, los abrazos y el llenarse de nueva cuenta de su aroma y ella entornando los ojos y la caricia en la belleza calcinante de sus muslos bellos que involuntariamente franquean la entrada a sus manos amorosas, las manos varoniles de “dedos largos, de pianista”… y la boca entreabierta y los labios que se acercan a milímetros y de nueva cuenta la advertencia de no besarla… Los latidos taquicárdicos resonaban en un fortísimo delicioso… “Son bellísimas tus piernas” “son gorditas” “son preciosas” “¿te gustan?” “muchísimo… La suavidad de tu piel es primorosa…” “la cuido mucho… Mi ropa interior me la compro en Victoria…” “debe verse increíble en ti…” Y la falda sube para mostrarla… La caricia que llega a los rincones secretos y provoca un gemido exquisito… “Qué ganas de beberte, de beberte toda hasta el derretir…” “Sí me derrito ¿eh? Si me bebes por supuesto que me derrito…” La frontera de encaje finalmente es vencida y la caricia penetra para recoger sus humedades… “No debí haber tomado tanto vino, estoy enojada contigo, te estás portando muy mal… Entiende, quiero que cuando ese beso se de, sea por amor, no por mero deseo, quiero sentirlo así” “Es que así es, pero está bien, no se dará hasta que tú así lo sientas” “No, se trata de que así lo sientas tú…” y en el siguiente encuentro, ese beso y la intensidad que se incrementa geométricamente, la respiración agitada, el gemir que se escapa de sus labios carnosos, suaves, tibios… La caricia va llevando la falda hacia arriba… Tibios y trémulos, los bellísimos muslos ceden ante la impetuosidad de la caricia… La seda que cubre el centro del universo, va cayendo poco a poco y la mirada del hombre que se inflama y la mirada de la mujer que se derrite… Él se sienta, ella lo acepta entre las piernas… Los labios sedientos viajan por la suavidad incomparable de su paisaje hacia la cañada secreta… Culmina al fin el recorrido entre el aroma exquisito y el sabor tibio, humedecido… Ella, en un cambré repentino, cae hacia atrás deteniéndose con las manos en el escritorio… Él bebe ya de manera franca de su mágica fuente… Las mareas se desbordan, el cuerpo bellísimo se estremece cada vez más y de pronto, brotan los agudos excelsos, notas que una soprano coloratura envidiaría por su exquisitez, por su emoción, por su técnica impecable donde la voz brota desde el fondo del alma que se entrega… Las mieles se derraman inevitablemente sobre la lengua serpentina que las recoge con toda deleitación al tiempo que las manos viajan por el lienzo tersísimo de las piernas que aprietan ahora, se cierran aprisionando como pidiendo que el beber continúe por siempre… Las manos de ella se crispan entre los bucles negros y jalan, jalan, jalan intentando una cercanía que funda en un solo ser a ambos… Y poco a poco, la calma… Las caricias se dan ahora en una ternura apacible después de que la mar se desbordara en las arenas calcinantes… “Es… Es increíble… No lo hubiera pensado jamás… “ “Sí, es increíble… Y delicioso…” “Es verdaderamente fascinante…” “Sí, fascinante, erótico y delicioso…” “¿Erótico y delicioso…?” “Sí, delicioso, en verdad delicioso… Un erotismo que no había sentido jamás…”

—¿Por qué erótico y delicioso? Ya me perdí… ¿no lo habías sentido antes? Es decir, entiendo la fascinación al estar pintando pero no el por qué sea erótico y delicioso… Y mucho menos entiendo que digas que no lo habías sentido jamás… ¿Cómo refiriéndose a qué…?
—Sí, Yo tampoco entiendo… A ver, Jorge Javier, por qué no nos explicas de qué estás hablando, por qué dices todo eso…

En ese momento se dio cuenta que todo era producto de la ensoñación… Se había dejado en el vuelo maravilloso de la fantasía por ella y al darse cuenta de que todo lo había imaginado, fue como regresar una cinta de audio a gran velocidad mientras su rubor adolescente le hacía sentir las mejillas calientísimas… Después de disculparse y balbucear mil salidas posibles, las carcajadas y el “pues en qué universo estabas” “en quién estabas pensando” le llevaron a repetirse una vez más… “Definitivamente hoy no es mi día…” No quedaba más que la despedida y el intento de lograr verla de nuevo…

—¿Cómo me dijiste que te llamas…?
—No te lo había dicho… Pero con gusto te lo digo. Me llamo Selene…

Después de releer a Baudelaire y comparar su elegancia en la narrativa erótica con lo abrupto de los trabajos de Appolinaire y la necesidad de mi propio discurso narrativo.

*Cantante, compositor y escritor.

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