Nacional

Intervencionismo en Épocas Globales

Por domingo 13 de octubre de 2013 Sin Comentarios

Por Iván Escoto Mora*

La no intervención y la autodeterminación de los pueblos, han sido principios rectores, por lo menos en teoría, de la política internacional. Sin embargo, tendríamos que replantearnos sus alcances e intenciones frente a una realidad que, derivada de vínculos globales cada vez más estrechos, hace imposible dejar de participar y, de un modo u otro, incidir en la vida de los países que ocupan las parcelas contiguas en el vecindario mundial. En ese contexto quizá sería relevante preguntar: ¿qué intenciones se persiguen cuando se decide intervenir o no en un conflicto internacional?

A manera de ejemplo, probablemente resulte útil hacer referencia a la reciente crisis diplomática protagonizada por la República Árabe Siria, Rusia y EEUU.

El Estado sirio es presidido actualmente por Bashar al-Assad, quien heredó de su padre el poder en el año 2000. A partir de 2011, periodo coincidente con la llamada Primavera árabe, una serie de manifestaciones políticas se gestaron al interior de la república árabe, encabezadas principalmente por dos grupos opositores al gobierno, por un lado el Ejercito libre de Siria y, por el otro, el Consejo Nacional Sirio (Milenio, 2013).

Desde entonces, las expresiones de rechazo hacia el presidente y su gobierno han ido en aumento, por su parte, las medidas represivas emprendidas por Bashar al-Assad, también se han recrudecido. Así, en medio de tenciones políticas internas, se llegó al 21 de agosto de 2013 en que la prensa internacional amaneció con la noticia de un ataque químico con gas sarín, el cual dejó un saldo de 1,500 muertos en Alepo, ciudad ubicada al noroeste de Siria.

El Presidente Bashar al-Assad asegura que los responsables del ataque son los rebeldes insurrectos. Éstos, a su vez, culpan al gobierno sirio. Sin importar el bando que se escuche, lo relevante es el número de decesos. Según informes revelados por Navi Pillay, Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, desde marzo de 2011 hasta abril de 2013, los fallecimientos originados por la guerra civil siria sumaron aproximadamente 92 mil 901 muertes.

Ante semejantes hechos, la comunidad internacional no puede quedar impávida, desde luego podría afirmarse con toda claridad que los acontecimientos ocurridos en Siria corresponden a una amenaza a la paz mundial, la pregunta es: ¿Cómo se debe intervenir?, y tal vez, con mayor precisión: ¿qué intenciones se tienen al intervenir en el conflicto?

Ante la avalancha de muertes producidas en Siria y ahora, la amenaza de una guerra química, resulta imposible que la comunidad internacional se abstenga de intervenir. Sin embargo, los términos en que tal intervención tendría que darse, no pueden quedar al arbitrio de quienes han decidido, motu proprio, arrogarse las facultades de policías del mundo.

La administración de Barack Obama resolvió emprender, en un primer momento, acciones militares contra el gobierno de Bashar al-Assad. Esta determinación no ha logrado consumarse en virtud de la mediación de Rusia, quien propuso al gobierno sirio una inspección sobre su arsenal militar y la destrucción inmediata de todas las armas químicas que se encuentren. En días pasados, el planteamiento ruso fue acogido y avalado por resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por el momento no habrá guerra.

La intervención militar contra Siria se encuentra en pausa, en parte por los compromisos asumidos por Bashar al- ssad respecto de la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en parte también, por la crisis presupuestaria que sacude a los EEUU, la cual hace inentendible al pueblo norteamericano la postura gubernamental que prioriza la guerra antes que la salud.

Frente a semejantes circunstancias, pareciera que, en términos generales, las decisiones que implican detonar guerras o postergarlas, se fincan en términos de lo que la balanza económica disponga, sería interesante analizar, como parte de las determinantes del conflicto, los vínculos comerciales entre Rusia y Siria o las circunstancias político-financieras que actualmente experimenta el gobierno de los EEUU.

Estas consideraciones nos hacen pensar si las idea de bienestar, de paz y cooperación, no son sino la expresión de anhelos bien intencionados que en el fondo se encuentran subordinados al rubro del mercantilismo, el financiarismo y, en términos generales, la perspectiva económica.

Eduardo Galeano afirma que el desarrollo es el resultado del subdesarrollo ajeno. En el fondo la noción de “guerra” presupone esta idea, unos son los vencedores y otros los perdedores desde la perspectiva económica y política, aunque desde la dimensión humana la derrota sea totalizadora.

También sostiene el escritor uruguayo que ninguna riqueza es inocente, nosotros podríamos decir lo mismo de la guerra y la paz. En el estado actual de cosas, ambos términos acaban por ser conceptos más fundados en la volátil conveniencia del lucro, que en la intención real de construir condiciones sostenidas de desarrollo y bienestar generalizado, quizá las guerras dejarán de existir el mismo día en que la codicia quede abolida del espíritu humano. ¿Será esto posible?

*Abogado y filósofo/UNAM.

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