Nacional

Una ciudad donde morir

Por domingo 4 de agosto de 2013 Sin Comentarios

Por Víctor Roura*

Antes de comenzar a impartir su taller literario, escuchábamos el saxofón de Evodio Escalante durante largos minutos. Es conocida su relación con la música, al grado de que ahora toca jazz en serio, al lado del pianista Alberto Zuckermann. De aquella época, cuando yo asistía a sus sesiones escriturales en la Casa del Lago, en la Ciudad de México –hacia mediados de los setenta de la centuria pasada–, ha quedado una huella en mi libro, el primero de ellos, publicado en 1977: Reflexión tardía, cuando aludo que un poema de Evodio Escalante me había dado la idea para crear estos renglones: “Dobló la calle, las personas lo miraban azoradas. Él permanecía apacible, como si su hazaña se repitiera a cada momento, el viento horadando fronteras sin remordimiento. Las gentes se arremolinaban, no alcanzaban a pronunciar palabra, la ira crecía: no podían continuar su paso: la calle torcida, como vestimenta desgarrada,, laberinto desnudo, se los impedía”.

Una-Ciudad-Donde-Morir

No terminé el curso. Acaso fui unas cinco veces. Pero recuerdo con cariño aquellos momentos. Cuando le comenté esto a Evodio Escalante hace unos días en Durango, al encontrarnos en el Festival José Revueltas, alcancé a percibir un extrañamiento, porque seguramente no recordaba que yo había tomado con él un taller literario. Duranguense notable, estuvo en su Durango –en la segunda semana de julio– como invitado de honor, y allí dio a conocer un nuevo libro: Crátula, ¡luego de tres lustros de su anterior volumen! Es un poemario, su reciente creación: “Todas las maldiciones que yo pueda / Decir se quedan cortas / Ciudad prostituida / Y palidecen / Ante tu / Propia maldición viviente / Eres la cloaca que al cielo se levanta / Del inmundo fornicio / De Cortés y la Malinche / De Cuauhtémoc / Y algún soldado regio cuyo nombre / Era a la vez de león y sodomita / Y, sin embargo, majestuosa lumbrera / De cemento y acero / De viaductos y espurios monumentos / Aquí me quedo a vivir / Aquí quiero la muerte”.

El poema se intitula “Ciudad de México”: de la perfidia al romance El poeta Evodio Escalante lo escribió después de leer el famoso poema “Alta traición” de José Emilio Pacheco: “No amo mi patria / Su fulgor abstracto / es inasible / Pero (aunque suene mal) / daría la vida / por diez lugares suyos / cierta gente / puertos, bosques, desiertos, fortalezas / una ciudad deshecha, gris, monstruosa / varias figuras de su historia / montañas / –y tres o cuatro ríos”. Evodio también se planteó una ciudad monstruosa, prostituida, pero amada, al fin. Una ciudad donde morir.

*Periodista y editor cultural.

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