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Un Deporte Muy Practicado

Por domingo 30 de septiembre de 2012 Sin Comentarios

Por Jaime Irizar Lopez*

Estoy casi seguro de que Dios, dentro de su diseño perfecto de la vida, nos da en cada una de las etapas que vivimos, un sinnúmero de distractores, ocupaciones, problemas y actividades para que no tengamos demasiados momentos de ocio que nos lleven a pensar en lo efímero de nuestra estancia en el mundo; y para que no llene la idea de la muerte, esos espacios mentales vacíos, generándonos ansiedades y angustias, y así de esta manera, evitemos caer fácilmente en la depresión o en la locura. La convivencia con amigos es, según los expertos, la mejor estrategia para evitar la muerte prematura que propicia la soledad. Esta práctica, como el hablar de todos, está muy extendida en mi pueblo. No tengo la menor duda, que hablar de los demás es un deporte mundial, y creo sin temor a equivocarme, que en mi terruño hay suficiente talento en esta disciplina como para competir con muy buenos resultados en cualquier olimpiada de este tipo.

Un día, cuando estaba de visita en el café de mi pueblo, escuche que alguien afectado duramente por los comentarios vertidos sobre su persona, se quejaba lastimosamente sobre esa situación con un amigo que tiene la fama bien ganada, de ser un buen consejero; quien al respecto le respondió con mucha calma y sabiduría: “No te preocupes en exceso Manuel, ni lo tomes tan a pecho, en la vida todos hablamos de todos. A veces nos enojamos mucho al enterarnos de lo que ‘amigos o enemigos’ hablan o dicen de nosotros. Pero con gran frecuencia ocurre que, es mucho más grave aquello de lo que no nos enteramos, porque las reglas generales de la civilidad, la cortesía y las franca intención de no meternos sin necesidad en problemas, nos mantiene, a los ciudadanos sensatos- que somos los más-, callados y siempre al margen de estos menesteres.

¿Por qué te asombra y agobia tanto que hablen mal de ti? si también es un deporte que se practica con libertad entre familia. Si ahí, donde el lazo de sangre y afecto regula, estrecha las relaciones y marca las pautas entre sus miembros, también se habla o se puede hablar mal de uno, qué podemos esperar de los demás que ni parientes son y que no tienen el compromiso de una formación intrafamiliar similar y el peso moral de la autoridades familiares que sancionan conductas impropias. Así es la vida, entiéndela y no sufras tanto, nadie sabe mejor la verdad como el que miente; y nadie te conoce mejor que tú mismo.

No porque te digan que eres muy inteligente y te agrade se te llenará el cerebro automáticamente de neuronas funcionales y se elevará al grado de genialidad tu coeficiente intelectual, ni tampoco desaparecerán las que tienes, ante un comentario duro alusivo a una supuesta estupidez. Sin ofender a los presentes…”, le dijo en broma para destensar el momento mi viejo amigo. “La gente de casi todos los pueblos utiliza la crítica durísima hacia sus semejantes en aras de minimizar sus talentos y virtudes, para sentirse superior al aludido y atenuar con ello las angustias que son el producto del conocimiento profundo de sus propias limitaciones. Equivocar el camino de la superación personal es un acto a veces demasiado frecuente. Quien a diario quiere superarse a sí mismo, no se fija en los demás, se ocupa más bien en llenar sus horas con estudio y trabajo, y entiende temprano que la descalificación y la diatriba no reditúan nada bueno y no abona ni un ápice a su propósito de ser mejor.

Los convencidos de la ‘superación virtual’ no hacen nada efectivo ni real para crecer, se concretan a descalificar y minimizar, para arrastrar según ellos con la palabra a los otros a su mismo nivel, o mejor aún, al nivel de más abajo y de esta manera sentirse mejor. Creen tontamente que sin rumbo y sin esfuerzo pueden llegar a lugares de privilegio. Las palabras por sí solas no cambian realidades. Eso deja que lo crean los políticos, tú no te enganches en tonterías Manuel, y deja que el viento pase.”

Bueno o no el consejo, el caso es que el estado de ánimo del afectado no cambió para nada, porque así es la condición humana, y porque es más grande la verdad que reza que en gran medida la opinión que se tiene de nosotros influye sobremanera en la autoestima, el honor y en nuestro entusiasmo y que la mayoría de las gentes procuramos modificar ciertas conductas sociales o personales, sólo cuando estas pueden afectar nuestra imagen o reputación, o el cariño y la confianza de los que queremos. Aún así, con todas estas consideraciones, tengo por cierto que nadie permanece tibio cuando se entera de lo que se ha dicho sobre él, y que es una consecuencia obligada tras esta perversa acción, el transitar por la amarga experiencia que significa vivir en el infierno que brinda un pueblo chico con tantos mitotes grandes que duelen y afectan a todos por igual.

*Doctor y escritor.

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