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La óptica del ojo, el agua, y el encanto del aire

Por domingo 27 de noviembre de 2011 Sin Comentarios

Por Dante Medina*

Los videntes son aquellos que ven lo que los demás no vemos.

Miguel Ángel solito ve más que todos nosotros juntos. Y es que nosotros miramos, por costumbre, las cosas que están detrás del aire. Miguel Ángel ve el paisaje con el aire: lo que parecen deformaciones de los edificios, las bahías, los árboles, las personas, son en realidad imágenes que están comulgando con el aire, se integran a él, viven detrás de ese espejo transparente que les da un encanto que las transforma ante el ojo.

La pintura de Miguel Ángel es realista y al mismo tiempo mágica: nos muestra más de lo que sabemos ver. Nos enseña a observar que antes del fondo de lo que existe está lo que nos permite verlo: el ojo es un duende. Y en la obra de Miguel Ángel la pupila nos hace muecas, porque en la juguetonería halla el escondrijo de lo poético, que es un gesto parecido a mirar con antojo.

De fotografía interior calificaría yo el atareamiento de este artista. En un instante de su línea, en un espacio minúsculo de su trazo, supo abrir una fisura por la que se coló en sus lienzos un caleidoscopio ordenado según las curvas caprichosas del mar: desde entonces, lo suyo es que el aire se comporte como agua.

Por eso sus personajes se curvan sin columna vertebral, por algo sus construcciones arquitectónicas eluden la línea recta siguiendo el movimiento del agua, y sin duda por mucho este gran pintor se complace en hacerle, con la óptica de su ojo, un ruego amoroso al aire: que finja ser agua, para embellecer el paisaje.

Y nosotros nos quedamos perplejos. Encantados de ese aire que nos recuerda que antes fuimos peces.

Lo más revelador de la obra de Miguel Ángel es que le recuerda a mi ojo (como sin decirlo: discretamente) que el aire y el agua, aunque nos dejen ver el mundo que está en ellos de manera distinta, son -si nos guían los pinceles de este artista- hermanos gemelos.

*Doctor en Letras Románicas por la Universidad Paul Valéry, Francia.

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