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Un Icono Urbano de Mocorito

Por domingo 22 de mayo de 2011 Sin Comentarios

Por Francisco Gonzalez Gastélum*

De acuerdo a datos irrefutables es posible afirmar que cuando menos dentro de los siglos XX y XXI Mocorito ha renacido con enorme ímpetu cada cincuenta años, se puede sustentar que durante la primera década del vertiginoso 1900 la población tuvo un despegue fabuloso, evento que se repitió en los 6O del mismo período y de nuevo se reedita en la primer década del nuevo milenio.

A inicio del segundo lustro del siglo pasado se presentaba en Mocorito un gran dinamismo económico fincado sobre la base de la explotación de minas de oro, plata y cobre, ubicadas en las comunidades, de Cerro Agudo, Palmarito, Magistral, San Miguel, Bequillos, San Benito y Bacamacari.

Es necesario precisar que no todas las minas se trabajaban al mismo tiempo, ya que de ser así, la expresión de, “Esto vale un Potosí” no se hubiera hecho para referirse a la riqueza que los españoles sacaron de las minas de Cerro Rico de Potosí, Bolivia (otrora Alto Perú) y probablemente nuestro querido Mocorito se nombraría “Mocorito Potosí”.

Adicional a la riqueza localizada en las entrañas de las localidades del hoy municipio de Mocorito, rumbo a las vegas del río y a la altura del poblado de Potrerillos se encontraba en producción el trapiche de la “Hacienda Tres Hermanos” adquirido por el ingeniero don Antonio Echavarría en desventajosa negociación con el “Jefe del Clan Inzunza”, el coronel Manuel Inzunza. Relata también el historiador mocoritense don José Ramón Velázquez que el visionario don Antonio Echavarría y en la idea de crear en la “Hacienda Tres Hermanos” una gran cadena de producción agroindustrial, amplió los terrenos para el cultivo de caña de azúcar, instaló una bomba para riego de estos terrenos, construyó canales de riego, adquirió equipo para extraer ixtle del henequén, obtuvo un molino harinero, instaló una planta para elaborar alcohol y no obstante toda esa inversión, el propósito final de don Antonio era el de cons­truir en esa finca, una fábrica de azúcar.

Si lo anterior no era suficiente para afirmar acerca de la dinámica económica de aquella época, Mocorito tenía una ventaja adicional generada por su ubicación dentro de la ruta del camino real mexicano, lo que permitía que sus habitantes estuvieran comunicados con poblaciones tanto del norte como del sur del estado, beneficios que llevaron a Mocorito a convertirse en núcleo mercantil de una amplia región, al grado de que a esta se acudía desde otras latitudes para hacer operaciones comerciales como contratos jurídicos.

Cabe también mencionar que en ese entonces la jurisdicción de Mocorito comprendía lo que hoy son los municipios de Angostura y Salvador Alvarado, “independizados” el primero en 1916 y el segundo en 1962.

EL FERROCARRIL SUD PACIFICO EN MOCORITO
En la primera década del siglo pasado y dados los recursos que en infraestructura estaba incorporando a la nación el general Porfirio Díaz, entre ellos la construcción de ferrocarriles por todo lo ancho y largo del territorio nacional, y estando en ejecución el tendido de vías del ferrocarril Sud Pacifico como el que en Mocorito se vivía en un satisfactorio contexto económico, las fuerzas vivas de la región, las del estado, incluso los directivos de la compañía encargada de realizar los trabajos correspondientes, daban como un hecho que por esta pujante población cruzaría, como se cita en las novelas de letritas de Indios y vaqueros de la colección Estefanía, el humeante “Caballo de Acero”. Esta lógica como la del tejido de bonanza ya comentado, animaron al visionario empresario don Pedro Inzunza Gaxiola a invertir en la construcción de uno de los íconos urbanos de esta localidad, el “Hotel Inzunza” (hoy Hotel Misión) el cual fue inaugurado el mes de marzo de 1908.

Independientemente de su nuevo nombre es válido expresar que el Hotel Inzunza, hoy Hotel Misión, es el más antiguo “hotel viviente” de la región.

EL MOCORITO A MEDIADOS DEL SIGLO XX
Comentaba al inicio de esta colaboración que Mocorito se revitaliza cada medio siglo, como lo hizo en los años 50 de la pasada centuria, época en que sus habitantes como uno solo se unieron para superar deficiencias que mermaban no solo la calidad de vida de la población de ese momento sino que se atentaba con el futuro de las siguientes generaciones, me refiero en primer lugar a la educación de los jóvenes que egresaban del nivel primaria y que por no existir una escuela secundaria en la localidad, y que no obstante sus buenas calificaciones, la mayoría de ellos no continuaba sus estudios.

Con emoción los padres de familia cuyos hijos habrían de padecer la no existencia de oportunidad para continuar estudiando, como uno solo juntaron sudor y esperanzas para levantar las paredes donde funciona desde entonces la escuela secundaria “Lic. Eustaquio Buelna”. Esta sinergia debiera de repetirse con mayor frecuencia entre los mocoritenses, todos juntos por un mejor Mocorito, que esta población se libere de los padecimientos que hemos permitido se acumulen y nos limitan a mejores posiciones.

Acciones de este tipo deben de imitarse porque si bien es verdad que el mal ejemplo cunde, también es cierto que aglutinando el tejido social en la realización de acciones que generen el bien común, podemos crear en la población un maravilloso círculo virtuoso que nos ayude a ser mejores en muchos aspectos como sucedió en los años 50, cuando surgieron los patronatos pro agua potable y luz eléctrica y que gracias a ellos Mocorito se revitalizó de nuevo. Igual como sucedió durante la primer década de 1900 se presentaba a mediados de este siglo en la entonces villa de Mocorito en panorama muy alentador constituido por las acciones ciudadanas que dieron pie a que los jóvenes que egresaban de la primaria pudieran continuar aquí mismo sus estudios en el nivel de secundaria, que la población contara con mejores servicios de agua potable y energía eléctrica.

Este escenario animó al matrimonio formado por don Reyes Inzunza y doña Lupita Lugo, a invertir en la total remodelación de la finca que habían adquirido anteriormente, el Hotel Inzunza, reinaugurándolo en 1963 con una segunda planta. Previo a los inicios de su transformación vivieron en este inmueble la familia conformada por don Ángel González y doña Lucía Cuevas, quienes trabajan un restaurante y alquilaban habitaciones tanto para clientes de paso como para “abonados” permanentes. De acuerdo con lo que informara doña Lucia Cuevas (mi tía Lucía), en ese entonces los propietarios del inmueble de apellido Inzunza, tenían como su representante para el cobro de la renta a don Jesús Montoya.

De cada rincón de la enorme finca de ese entonces guardo tiernos y grandes recuerdos ya que en ella jugaba con mis primos Jorge Hilario González y Ángel Jaime Sotelo tanto a las canicas, el tacón o el trompo, a las escondidillas o a los bandidos, los buenos contra los malos. Imposible olvidar que en el patio de la vivienda estaba un enorme árbol de mangos el cual, amigablemente en temporada de producción y como producto de una corriente de aire adornaba el suelo y nos proveía de esa deliciosa fruta.

En ese mismo patio de la centenaria finca y para regocijo de los adultos de la población, y pueblos circunvecinos se realizaban entre otros dos bailes tradicionales, el de “Fin de año” y el “Las fieras”, eventos siempre amenizados por las mejores bandas y orquestas del momento. El “Baile de las fieras” tenía como principales asistentes y protagonistas a los comerciantes del mercado municipal, siendo una de sus particularidades el que las paredes del “Salón” se adornaban con pendones con figuras de aquellos animales que eran el apodo de los locatarios participantes del evento anual.

En un momento dado de la fiesta previo toque de atención, don Julián Verdugo quien era el “domador” de las fieras, chicote en mano invitaba a que una a una, las fieras desfilarán por la “pasarela” con el aplauso y la algarabía de todos los demás asistentes.

LA REMODELACIÓN DEL HOTEL INZUNZA
Para realizar los trabajos de remodelación del hotel, don Reyes Inzunza contrató a varios “maestros de obra” destacando por su dedicación y sapiencia del arte de la construcción, don José Arce Apodaca y don Jesús Jiménez, quienes con la ayuda de la plomada y el nivel, dirigieron con precisión la construcción de esta magna obra.

Existe la máxima de que, no hay gran obra donde no se presente un accidente y en edificación de esta no hubo excepción pues, ante el asombro del resto de los albañiles el señor Juan Valenzuela (con todo respeto “Juan Clara)” se desplomó hasta el suelo desde los altos andamios.

Del ese accidente Juan logró salvar la vida, pero se fracturó una pierna cuya secuela le quedó como parte de su historia de hombre trabajador como de las anécdotas de este edificio. Durante la gran recepción que por motivo de la inauguración del hotel se ofreció en la “Terraza Bar” de éste, la cual por cierto tenía una agradable vista hacia la extinta “Alameda de Mocorito”, tocó a Pedro, el hijo menor del matrimonio Inzun­za Lugo leer a nombre de la familia un emotivo mensaje.

Curiosamente esta nueva época del edificio en comento también forma parte de una lapso de la vida familiar de los González Gastélum ya que, el moderno restaurante que integraba parte del conjunto de hotel le fue concesionado totalmente equipado al matrimonio formado por don Francisco González y doña Mélida Gastélum de González.

Otro dato que resulta curioso en relación a los González Gastélum es que, ambos fueron bautizados por doña Lupita Lugo de Inzunza y en tal virtud, todos los hijos de ese matrimonio respetuosa y cariñosamente nos referíamos a ella como la “Nina Lupita”.

EL MOCORITO DE FINES DEL SIGLO XX E INICIOS DEL SIGLO XXI
Ya para finalizar el siglo XX se aprecia una nueva y vigorosa de etapa de desarrollo en Mocorito, tanto por la calidad de sus servicios como su embellecimiento urbano, cuenta actualmente con tres escuelas de nivel preparatoria y un centro universitario dependiente de la Universidad Autónoma de Sinaloa donde se imparte conocimiento en algunas carreras de nivel superior.

Prácticamente todas las calles tienen carpeta a base de concreto hidráulico y la comunicación terrestre hacia algunas poblaciones se hace por caminos pavimentados, adicionalmente se inició el tendido de una primera etapa de la carpeta asfáltica sobre los caminos hacia las cabeceras de las sindicaturas de San Benito y El Valle.

El centro histórico de la ciudad ha sido favorecido con fuertes inversiones para su rescate como su embellecimiento, de tal suerte que ello le ha permitido alcanzar el status de “Pueblo Señorial”, etapa previa al nombramiento de “Pueblo Mágico”, calificación obtenida al haber cumplimiento con los preceptos que establece la SECTUR.

Además de propietarios el hotel Inzunza cambió de nombre para llamarse “Hotel Misión”, el nombre es lo de menos, lo que es un hecho es que en Mocorito se cuenta con un hotel de una altura tal como ser el mejor y más moderno de toda la región. De haber continuado con su mismo nombre este tendría en su leyenda: “Hotel Inzunza 1908-1963-2010”.

*Presidente Grupo Mocorito.

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