Nacional

El café… manjar del mundo

Por domingo 8 de mayo de 2011 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel El Cuervo*

Como siempre, el cafetín está más o menos solitario a esa hora… Mi querido amigo, mi carnal, Valente Pas­tor, ordena un expresso y un expresso cortado para mí… Es un verdadero oasis el sótano con sus libros, sus mesi­tas de cafetería antigua, sus leyendas de hombres célebres en las paredes… Y la charla con el Vale… Descubrimos el lugar, por accidente. En esa vorágine de superficialidades que nor­malmente encontramos en un centro comercial, de pronto vi la escalera descendente…

—A dónde abajo…
—Acá, hay un sótano, vamos a sentarnos ahí… No hay gente y está muy agradable… Vente, que nos traigan el café abajo…
—No, si no hay gente a lo mejor tampoco hay servicio allá abajo…
—Pues nada perdemos con preguntar…

El sótano de la cafetería, estaba abierto al público, y sí ha­bía servicio abajo, más aún, tenían otra barra donde podía­mos ordenar… Cuatro libreros con títulos interesantes de al­gunas editoriales donde destacaban los títulos publicados por la Universidad de Guadalajara, aguardaban para completar la magia de ese rincón junto con las leyendas en las paredes… Un buen café y un buen amigo, son dos tesoros que la vida nos regala… El café, es bebida mágica que potencia energía y palabra justa… Mientras haya un café y una charla interesan­te, no hay nada más por pedir… Y estando ahí, como siempre, la imaginación voló… Me transporté hacia aquel afamadísi­mo café en Pamplona, Navarra… España… El célebre “Iruña”, donde el afamado escritor estadounidense Ernest Hemin­gway acostumbraba pasar las tardes. Me senté después de la agitadísima noche pamplonesa de los sanfermines… Frente a mí, estaba sentado Hemingway… Y charlábamos eufórica­mente yo, parsimoniosa y curiosamente él…

—¿Cómo habrán descubierto el café…?
—Hay una leyenda…
—Qué bien, debe ser muy interesante… ¿de dónde es esa leyenda?
—De Etiopía, lugar de donde el cafeto viene…

Kaldi, un joven pastor etíope… Llevaba todos los días a pas­tar su rebaño de cabras… Las dejaba caminar libremente y ya para el atardecer, con su flauta de carrizo las llamaba con una música dulzona que las cabras reconocían para emprender el regreso… Una tarde, las cabras no respondían al llamado de la flauta de Kaldi y fue a buscarlas. Ante su sorpresa, las cabras retozaban eufóricas y con una energía extraña para el final de la jornada. Observó entonces que estaban comiendo unas mo­ras de arbustos que se daban en la región. Cortó entonces el joven unas cuantas moras y decidió comerlas. Momentos más tarde, sintió una energía que le invadía de manera que no había experimentado antes con ningún alimento… Llevó unas moras al convento y los monjes ante lo relatado, las pusieron a cocer… Cuando probaron ese caldo extraño, de inmediato lo escupie­ron por el sabor tan desagradable, pero parte del caldo que tiraban, cayó en un comal sobre la estufa haciendo brotar un aroma incomparable que al absorberlo les llenaba de una agra­dable sensación… Se les ocurrió entonces a los monjes, tostar el café, dando como resultado ese grano, esa doble semilla de las moras que al molerlo y hervirlo con agua, produjo esa be­bida que verdaderamente revolucionaría el mundo entero… El consumo del café, se hizo costumbre en el mundo árabe… Ante la prohibición del alcohol, el café era el sustituto ideal. Pero fue también prohibido por considerarlo un estupefacien­te. No obstante la prohibición, la gente siguió consumiéndolo con tal vehemencia, que revocaron la ley y permitieron que se consumiera libremente. El café fue llevado a España y de ahí a prácticamente todos los rincones de la tierra… Era el café, en un principio, bebida que se consumía en lugares exclusivos para los varones, y se consideraba, como hasta la fecha, el pun­to de partidas ideales para todo tipo de charlas tanto ilustrativas como mediadoras y motivadoras de negocios y creatividad… Fueron surgiendo lugares para beber café y charlar. Así surgió en Londres curiosamente, ya que los ingleses son básicamente bebedores de té, el primer “café” de occidente, gracias a un emigrante árabe que estableció ese negocio. Ha habido mu­chos lugares que han gozado de gran fama… En Venecia, por ejemplo, surgieron prácticamente a la par, dos lugares que has­ta la fecha gozan de una fama internacional: El Florian Café y el Lavena Café… En esa época, los venecianos no gustaban de los extranjeros, de los turistas… Y los obligaban con su conducta a no asistir a lugares donde se reunían los nacionales… Así, el Flo­rian se hizo de clientela nacional y se convirtió en competencia franca del Lavena que se veía siempre repleto de los turistas y en general de extranjeros avecindados en la ciudad de los ca­nales… Dentro de los comensales importantes, asistía al Lave­na cotidianamente, Wagner el compositor alemán y se cuenta que ahí escribió Tristán e Isolda y otras obras… Al mismo tiem­po que Wagner escribía y llevaba un taller de composición en el Lavena, Giuseppe Verdi el gran compositor italiano, hacía lo propio en el Florian de la misma manera… Durante años, cada quién iba a su respectivo café y a sabiendas que en el café de enfrente iba el otro, jamás cruzaron la calle para intercambiar palabra alguna… A ese grado era tan definida la postura vene­ciana en torno a los extranjeros… Muchas historias se tejen al­rededor de los lugares donde se bebía café. En Inglaterra, por ejemplo, se dieron muchas manifestaciones de asociaciones femeninas que pedían la prohibición del café porque “cuando llegan nuestros maridos a casa, lo único que tienen duro son las narices” eso argumentaban las buenas señoras… Y lo que sucedía es que los cafés ingleses de la época, se veían repletos de prostitutas y después del café era casi obligado el intimar con ellas… De tal manera que llegando a casa, cuando la mu­jer intentaba seducirlos, la respuesta era: No puedo ahora, me tomé un café… Al igual que en Venecia, Londres o Pamplona, en México hay varios cafés afamados en donde surge la charla inteligente o no, interesante o no, pero charla al fin… Refugio de poetas y artistas en general, el café Havana, por ejemplo en la ciudad capital de México donde tantas veces he comparti­do con mi hermano poeta Mario Arturo… Y claro aquel Iruña de todo recuerdo en Pamplona donde revivía a Hemingway en mis monólogos vespertinos…

—Hemingway…
—¿Como?
—Heminway, Ernest Hemingway…
—Qué tiene que ver con lo que estamos platicando… Pues que con él me tocó platicar acerca del origen del café y de cómo llegó a convertirse en esa bebida mágica que propicia la charla y la energía… Y no sólo en eso sino en una gran indus­tria que en la actualidad produce cerca de 70,000 millones de dólares al año de ganancias… Café, que viene de qahwa que significa vigorizante… Y bueno, no sabían hasta donde llega­ría el café, verdadero manjar del mundo…
—Bueno, pues con todo el vigor entonces, saca la cartera y paga el manjar del mundo que nos acabamos de tomar…

*Cantante, compositor y escritor.

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