el Encuentro CUENTO

el encuentro cuento

Por: Alberto Ángel “El Cuervo”

Se encontraron de frente, repentinamente… Habían pasado muchos años… O muchos meses quizá o tal vez días… La memoria había dejado de ser algo prioritario en su agenda de preocupaciones pendientes…
Un errático “¿Cómo estás…?” se escapó haciéndole sentir estúpido… Un automático “bien, gracias… ¿Y tú…?” les hizo sonreir…

El silencio, larguísimo silencio, estuvo a punto de hacer brotar la ya casi insoslayable “me dio gusto verte… Cuídate…” Pero para su fortuna, ella terció

—¿Tienes tiempo de que tomemos algo…? Hace ya tanto tiempo… Supongo que hay mucho que contar en ambos…
—En ambos dos, diría el de las botas jajajajajajaja
—Así es, jajajajajaja…
—Pues, podríamos ir al lugarcito aquel… mmmm ¡uy, no recuerdo el nombre, no es posible…! el… mmmm ¿el qué…? Jajajajaja
—“El Jardín del Edén”, jajajajajajaja ¿qué diría el Dr. Freud de ese aparente olvido?
—No lo sé… Yo soy conductista jajajajajajajaja…

—Bueno, pero incluso los representantes máximos del conductismo como por ejemplo el mismo Skinner, han reconocido alguna vez la profundidad y acertividad de la teoría freudiana psicoanalítica…
—Ahí sí habría qué ver… Eso sería motivo de toda una disertación que pienso no nos llevaría a nada…
—Pues la verdad… No estoy de acuerdo… Se puede tener una discusión dialéctia que en teoría nos podría aportar mucho, pero… Pues, como siempre te sitúas a la defensiva y la verdad es que yo no intento atacarte…

—¿No intentas atacarme…? ¡Por Dios… Nos acabamos de encontrar no hace ni diez minutos y ya me hiciste enojar con tus descalificaciones! Como siempre… Como siempre… Pero la culpa es mía, por necia…

Una vez más, lejos de buscar puntos en común, parecía que intentaba alejarla…Sabía de sobra que en ese y otros puntos bien sabidos, jamás habría un acuerdo, lejos de ello más bien sería la manera más segura de alejar a uno del otro… Lo sabía bien, y sin embargo buscaba o parecía buscar el producir una escalada que los condujera al enojo incontrolable…

Intentó serenarse… Si quería motivar el regreso, desde luego que no sería enfrascándose en una polémica así… En ese silencio larguísimo que se hizo en complicidad, trataba de encontrar alguna temática amable, interesante para los dos por medio de la cual pudieran sortear este nuevo distanciamiento que quizá evidenciaba la imposibilidad de permanecer juntos…

—¿Cómo están los críos…?

—¿Los críos…?
—Tus hijos, pues…
—Mis hijos… La manera en que te refieres a ellos… Como si fueran animalitos… Nunca los aceptaste…
—¡Estoy intentando buscar un tema cordial… No te enojes por todo caray…!
—¡Vaya… Ahora soy yo la colérica, después de que insultas a mis hijos llamándoles animales tengo que responderte amorosamente…!
—Ni estoy llamándoles animales a tus hijos ni tienes que responderme de ninguna manera… Mira, disculpa que me haya atrevido a invitarte a tomar un cafecito pensando que podríamos pasar un rato agradable, pero veo que fue mala idea… Tal vez lo mejor es que nos despidamos aquí…

Se detuvo… Nuevamente silencio… Nuevamente ambos a la espera de que el otro tomara la iniciativa… Nuevamente ambos en actitud de hielo y duda infranqueable… Nuevamente buscando la forma de recomenzar… Habían pasado cosas difíciles…

Muy difíciles… La muerte violenta de sus compañeros les hacía sentir culpables y el intento de justificarlo no era lo suficientemente válido para eximirlos de ello… La culpa permanecía por más raciocinio que ambos intentaran poner sobre el análisis de los hechos… Y tal vez había razon de sentir culpa…

La verdad, ese jueguito de sentirse la reencarnación del Che Guevara o intentar convertirse en nuevos Comandantes Marcos, sólo les había dejado dolor, llanto, frustración… Un sabor a culpa se agolpaba en la garganta inevitablemente mayor cada día en vez de amainar… La forma de combatirlo era agrediéndose uno al otro…

Así había sido desde el día de la balacera… Muchas veces él, había soñado despierto que caía junto con sus compañeros y así se convertía en mártir, en héroe y no quedaba en entredicho como un posible traidor dado que no había estado presente…

Muchas veces ella, agradecía finalmente que se hubieran quedado dormidos abrazados en esa desnudez deliciosa, en ese abandono que agota…

Finalmente, era lo que les había salvado de la muerte y le importaba un comino si los consideraban traidores o no… Lo amaba…

Y eso le llevaba a bendecir el hecho de haber llegado tarde… Ya solamente, a lo lejos, ocultos, habían sido testigos de cómo fueron sacándolos semienvueltos en trapos ensangrentados… Contaron seis cadáveres…
No sabían qué había pasado con los otros dos compañeros… Tiempo después, se enterarían de su aparición en la sierra con otros grupos.

* Interprete, pintor, autor

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