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LO QUE NO SE DICE DEL EMPERADOR MAXIMILIANO

Por miércoles 15 de julio de 2020 Sin Comentarios

CARLOS LAVIN FIGUEROA

La historia la escriben los vencedores a conveniencia, con adiciones y sobre todo con omisiones, esa es la que nos enseñan en la primaria, es la versión oficial con la que muchos se quedan, porque es más fácil engañar, que admitir haber sido engañados, siempre se debe aprender, y también desaprender que es más complicado.

Desde la consumación de la Independencia en 1821, una monarquía era la idea para México, el imperio de Iturbide fracasó por razones propias de una nación naciente donde todavía había conflictos, aunado a que los independentistas no estaban preparados para gobernar. Además del imperio, hasta la llegada de Maximiliano en 1864, hubo 42 periodos presidenciales en sólo 40 años,no había orden.

Durante ese periodo, México había sufrido el Tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848 firmado al final de la Guerra de Intervención Estadounidense, en ese documento, México cedió -no vendió- más de la mitad de su territorio a los Estados Unidos, área que ahora comprende la totalidad de los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, gran parte de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma, con este tratado el país del norte, pasó a tener más del doble de su entonces territorio, y México perdió 2,378,539 km² más de la mitad, 100 mil mexicanos pasaron a ser extranjeros en su propia tierra. Como compensación, mas no en pago, el gobierno de Estados Unidos pagó 15 millones de dólares en oro por daños de guerra que con ese tratado se daba por terminada, cantidad pagada después con el oro extraído de la California adjudicada. Para colmo en 1853 vendría la venta de La Mesilla de 77 mil kilómetros cuadrados, y solo nos quedaron 1, 964, 375, menos de la mitad. El mayor éxito de los mexicanos fue conservar la Baja California que casi también se pierde, lo mismo que Sonora y Chihuahua.

La Guerra de Reforma entre 1858 y 1861 había dejado al país en la ruina. El gobierno liberal del presidente Juárez, había dictado leyes que afectaban a los mexicanos conservadores, por si fuera poco, por medio del tratado “MacLane-Ocampo” que Juárez firmó, se vendía a perpetuidad –en lo que quedaba de nuestro país- el derecho de varios accesos y pasos libres a los estadounidenses y sus tropas, atravesando el territorio mexicano tanto por el norte como por el Istmo, con ello se entregaba la soberanía nacional. Por fortuna ese tratado no fue aprobado por el senado estadounidense, ya que la Guerra de Secesión que estaba en su apogeo, beneficiaria a sus enemigos del sur.

Ante eso, España, Francia e Inglaterra acordaron intervenir el gobierno de Juárez con el pretexto del incumplimiento prolongado de su gigantesca deuda, Inglaterra y España con sus tropas ya en México, declinaron ante las propuestas del gobierno “liberal” de Juárez, pero Francia estaba decidida a convertir a México en una potencia que pudiera contrarrestar el poder y la influencia de Estados Unidos que estaba ganando territorios en América.

Esas pérdidas de territorio y acuerdos denigrantes, fueron la principal razón, por la que el Congreso Mexicano pidió un gobernante europeo para administrar el país, comisionando a notables mexicanos para el caso, a propuesta de Francia, fue Maximiliano con el apoyo de toda Europa para frenar el expansionismo amenazante de los Estados Unidos, lo que
no convenía a Europa.

Así, es como Maximiliano llega a México, recién había visitado Brasil un próspero imperio gobernado por la familia real portuguesa, eso lo animó a aceptar el trono mexicano. Ya instalado como emperador es quien da nacionalismo e identidad a los mexicanos, revivió el recuerdo de los olvidados héroes de la Independencia, mandó a hacer los retratos de Hidalgo, Morelos y otros que no eran conocidos; dió el Grito por primera vez en recuerdo del inicio de la independencia y lo hizo en Dolores Hidalgo; mientras Carlota en la Ciudad de México presidia el primer desfile para esos festejos y colocaba la primera piedra de lo que sería el monumento a la Independencia -en la Plaza de la Constitución- del que solo alcanzó a construir su base o zócalo que permaneció por muchos años, desde entonces así se le conoce -por extensión, este nombre de “zócalo” pasó a otras plazas del país- ordenó los bustos de Hidalgo, Morelos, Iturbide y Guerrero que se colocarían en las esquinas de ese monumento. Ordenó una escultura en memoria de Morelos, colocada en la Plaza Guardiola frente a la Casa de los Azulejos en Ciudad de México. Dio impulso a la charrería, fue en Cuernavaca donde él, estrenó y puso de moda el traje de charro de gala con botonaduras de oro y plata.

Expidió una ley agraria. Dio personalidad a los ayuntamientos, reconoció el derecho de los pueblos y sus ejidos y expresó terminante que “los terrenos necesarios para dotar a los pueblos de un ejido legal, los proporcionará el Gobierno, aun si tuvieran dueño, los comprará para el caso”.Ordenó obligar a esos dueños acaparadores de tierras a la venta forzosa y, en caso necesario, llegar a la expropiación.

La justicia social y agraria que asistía a los pueblos fue reconocida por Maximiliano, fue una novedosa y tremenda acusación en contra de las clases acaparadoras de la tierra, que, habían mantenido vivo el espíritu de rebeldía entre las masas rurales explotadas que serían causa de la futura Revolución Mexicana, su gobierno no alcanzó a culminar su proyecto. Para hacer llegar esta ley a los pueblos y hacerles comprender sus derechos, se publicó en castellano y en náhuatl.

Maximiliano era de buena fe y más liberal que Juárez, los Habsburgo, eran entonces la familia real de más tradición y renombre de Europa, instruidos para gobernar, lo habían hecho con éxito por cientos de años en varios países que siempre conservaron independientes. En Europa se apostaba por un México fuerte para contrarrestar el expansionismo del norte.

La guerra la ganó Juárez tanto por la ayuda de los Estados Unidos, como por el retiro militar europeo que apoyaba a Maximiliano, Carlota estaba en Europa pidiendo ayuda que le fue negada por Napoleón III, lo que la volvió loca, incluso recurrió al Papa. Con la caída de Maximiliano se perdieron los festejos de la Independencia -que se retomaron hasta el gobierno de Porfirio Díaz- sus políticas en favor del pueblo quedaron truncas.

Historiador y cronista de Cuernavaca

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