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CARTA A MI AMIGO DE SIEMPRE

Por jueves 30 de abril de 2020 Sin Comentarios

LILIA INZUNZA GIL

Querido amigo de páginas infinitas, entrañable amigo de textos varios a la espera en cualquier rincón de la casa, leal y sabio amigo…

Me dirijo a ti en franca osadía (mira que dedicar un escrito a quien lleva en sus hojas textos magistrales), atendiendo un deseo y una acción de agradecimiento a la generosidad con la que me recibes siempre que acudo a ti, prodigándome tu sabiduría.

No puedo dejar de recordar nuestros primeros encuentros. Contaba yo con muy poca edad, sin saber leer aún, tú ibas dentro de una bolsa de ixtle que llevaba una vecina al encaminarse a la escuela primaria de mi pueblo. Te veía tan bello, en tu portada lucía el rostro moreno de la mujer que representaba la Patria, sosteniendo a la enseña nacional, le pedí entonces a Carmelita me permitiera verte, ella te puso en mis manos y al tocar tus páginas sentí esa fascinación que todavía despiertas en mí.

Era tal mi deseo por tenerte, que mi madre concentró algunos libros de mi casa en el buró de mi cama, sin embargo, yo deseaba ese, el del hermoso rostro moreno que me subyugó desde el primer momento, por lo que mi madre hubo de buscar algunos libros de texto que ya hubiesen sido usados en el ciclo escolar anterior y te ofreció como un tesoro a mis manos y a mis ojos.

En esos primeros encuentros contigo, disfrutaba enormemente sentir la textura de tus páginas, olerte, ver tus ilustraciones tan bellas y las letras que iban formando frases, párrafos, textos, que en ese momento yo no podía, no sabía leer…

Le pedía a mi madre, algunas veces a la buena Chila, me dijeran lo que ahí se expresaba, y ellas pacientemente lo hacían, dando significado a lo que mis ojos veían.

Mi fascinación fue creciendo al igual que mi necesidad de aprender a leer, no veía el momento de entrar a la escuela para conocer las letras y empezar a descubrir todo el conocimiento que guardabas y que me podrías compartir. Llegó pues el momento en que te recibí emocionada en el aula de primer año de mi inolvidable escuela “Benito Juárez”.

¡Por fin mis libros!, ya era tiempo de aprender el alfabeto, sus letras, ya podría saber lo que tú me ofrecías.

Y empezó el caminar diario a la escuela, llevándote siempre conmigo, atendiendo en el aula la indicación del maestro: “abran su libro en la página…”

Nuestra relación se fue fortaleciendo, me regalaste de Amado Nervo, los versos primeros que recité con entusiasmo: “Qué miras por la ventana, miro el sol que ya se va y me dice hasta mañana!, di madre, ¿volverá?”

También me obsequiaste de José Martí: “Cultivo una rosa blanca en junio como en enero, para el amigo sincero que me da su mano franca”.

Ah!, y ¿cómo no recordar al vate Rubén Darío, con su exquisito poema a Margarita Debayle: “Esto era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes”

Regocijabas mi espíritu infantil con rimas, era como escuchar la belleza, cuando en el aula, la maestra nos ponía a leer a coro esos inolvidables versos.

Con suma paciencia me fuiste contando la historia de mi hermoso México, me hablaste de los aztecas, de los mayas, de los toltecas, de la riqueza de sus tradiciones, de la conquista de estas tierras y del tiempo en que éramos una colonia de España. También me relataste la lucha que encabezó el cura Hidalgo para lograr la independencia de nuestro país.

A ti te debo el saber acerca de nuestra madre naturaleza, de geografía, biología, matemáticas.

Me llevaste a conocer la trágica historia de Hans Giebenrath en la novela “Bajo la rueda” y a sumergirme en las profundidades de la psique de Harry Haller en “El lobo estepario”, obras del gran escritor Hermann Hesse.

Amado amigo, te convertiste en el guía de viajes de aventuras al adentrarme en la intemporalidad de Comala y en la complicada genealogía de los Buendía en Macondo.

A través de ti, también he disfrutado la profunda narrativa de Fiódor Dostoyevski, en el análisis de la complejidad de Raskólnikov, y qué decir de la dualidad sacra y profana presente en los magistrales cuentos de la sinaloense Inés Arredondo.

Una y otra vez reafirmo lo importante que has sido en mi vida, en mi formación académica y cultural, llevándome de tu mano por los senderos del conocimiento y del goce espiritual.

Después de cada encuentro contigo, no soy la misma, algo en mí cambia, algo en mí crece, algo en mí se afina, y me hace descubrir aspectos propios que desconocía. El diálogo contigo me devuelve a mi interior con más agudeza.

El gran autor Ítalo Calvino escribió: “El aspecto en el cual el abrazo y la lectura se asemejan más, es que en su interior se abren tiempos y espacios distintos del tiempo y del espacio mensurables”.

Coincido totalmente con esta comparación que hace Calvino: cada vez que me concentro en tu lectura, es como si me abrazaras y me llevaras a disfrutar de ese tiempo y espacio que se plasma en tu obra.

Y así, en los diálogos contigo, puedo decir que he vivido muchas vidas, he viajado a lugares inimaginables y he traspasado los límites del tiempo.

Tu historia, según Svend Dahl, en su obra “Historia del libro”, se divide en tres etapas: antigüedad, medioevo y modernidad.

La etapa antigua inicia en China y Egipto, con la utilización de la corteza del papiro para escribir sobre ella y almacenar estos escritos en rollos que se transportaban hasta Grecia y Roma, donde inicia el esplendor del libro antiguo, dando lugar a la etapa medieval, en la que se empieza a utilizar para tu confección, el cuero tratado y curtido, destacando en esto, la ciudad griega de Pérgamo, dando origen a la palabra pergamino. Es entonces cuando se te empieza a dar la forma de cuaderno, llamándolo códex y asignándole título a los textos y enumerando las hojas, siendo resguardado en Monasterios y Universidades, debido a tu alto valor y gran peso y volumen, protegiéndote con guarniciones de latón en la esquina de tus tapas y con broches de metal para mantenerte cerrado.

La etapa moderna en tu devenir histórico, está marcada por el uso del papel en tu elaboración, que, aunque se inventó alrededor del siglo II d. C. en China, se mantuvo en secreto hasta que en el siglo VIII los árabes se dieron cuenta y en el siglo XII lo difundieron por Europa.

En los siglos XIV y XV, Florencia y Venecia, fueron las capitales europeas del libro.

En 1440, el alemán Johannes Gutenberg inventó la imprenta, suceso que se convierte en un parteaguas en tu historia y por consecuencia en la historia de la humanidad. La primera vez que viste la luz como libro topográfico, fue en 1449, con el título de “Misal de Constanza” y la segunda vez, en 1456, con “La Biblia de Gutenberg”.

Después de estos sucesos, tu presencia en muchos países se hizo más fácil y menos costosa, propiciándose toda una industria editorial y la creación de bibliotecas públicas como recintos fundamentales de cultura.

Actualmente, la revolución que se ha dado a nivel mundial con respecto a la informática y redes de comunicación, ha operado cambios radicales en la manera de almacenar y transmitir información, lo que ha originado debates acerca de tu futuro como el libro tradicional que todos conocemos.

Sin embargo, y de manera personal, no creo que estos medios puedan sustituir la fascinante experiencia de sentir tu textura y percibir tu olor. Poder tomarte del librero y abrir la página que nos recuerda el separador, que ahí detuvimos nuestra lectura, mientras nos recostamos cómodamente en el sillón y regulamos la luz de la lámpara, para recibir de ti, la luz del conocimiento.

Mi gran amigo, mi entrañable compañero, celebro con júbilo tu día, hoy, 23 de abril, fecha instituida a propósito del nacimiento y/o fallecimiento de los célebres escritores Miguel de Cervantes, William Shakespeare, Garcilaso De la Vega y otros más, y agradezco tu compañía especialmente hoy, en el marco de esta cuarentena ocasionada por el covid 19 y por la que he vuelto a mi hogar y familia, la que me ha obligado a explorar en mi interior y a buscar en ti la sabiduría necesaria para enfrentar como siempre las vicisitudes que se presentan en mi vida.

Larga vida y abundancia de tinta en tus páginas!

Referencias

-Calvino, Ítalo. “Si una noche de invierno un viajero”. Edit.
Siruela. 6ta Edición. 2002. España.

-revistadelauniversidad.mx/articles-files/f0dbb13

Jiménez, María. La imprenta de Gutemberg. Centro: IESO
AZAGRA.http://blog.educastur.es/logos/2009/04/23/laimprenta-de-gutemberg/

*Lic. en Psicología, Promotora Cultural y Docente
de la Universidad Autónoma de Occidente, U R Guamúchil

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