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¡ESOS CHUPAPIEDRAS!

Por jueves 15 de agosto de 2019 Sin Comentarios

ENRIQUE HUBBARD URREA

“¡A ver, a ver! ¿Por qué dices que El Rosario tiene una marca insuperable en materia de embajadores?” Me preguntó Juan S. Millán. Nos encontrábamos charlando durante una de mis visitas a Culiacán siendo él gobernador, cuando le presumí de que El Rosario tenía ese record sobre el cual me cuestionaba. “Porque tenemos más embajadores per cápita que ninguna otra ciudad”, respondí enfático, “si se toma en cuenta que somos dos embajadores y el centenario mineral cuenta con unos 15,000 habitantes, eso nos da uno por cada 7,500”, rematé. La carcajada no se hizo esperar, “de veras que somos distintos los rosarenses”, reflexionó.

Y es cierto, la gente de El Rosario es en verdad distinta, especial, no solamente por ese inventado record, sino por muchas otras razones. El Rosario ha dado personajes históricos relevantes, como deja constancia la figura de Don Pablo de Villavicencio El Payo del Rosario; también artistas vieron su primera luz en mi tierra, empezando por la inolvidable Lola Beltrán, así como toda la familia Infante (con la excepción de Pedro, nacido casualmente en Mazatlán, pero cuyos años formativos los pasó en Guamúchil y de ahí se sentía); incluso en materia deportiva, pues era rosarense mi tía Irma Urrea Murray, que llegó a ostentar el título de campeona mundial de boliche, primera (y única) mexicana en haber alcanzado ese galardón, amén de ser integrante del Salón de la Fama del Boliche. Y no debemos olvidar a Horacio Llamas, primer basquetbolista mexicano en la NBA (Liga profesional de los Estados Unidos).

Horacio Llamas

Y eso es sólo el principio. ¿Cuántos lugares conoce usted que puedan presumir de haber sido lugar natal de uno de los elementos clave del movimiento sandinista que derrocara a Somoza en Nicaragua?, me refiero al “comandante” Víctor Manuel Tirado (a) El Chito. Efectivamente, “El Chito” Tirado (también somos confianzudos) participó en el movimiento que cerró el amargo capítulo de la historia nicaragüense conocido como la dictadura de Somoza. Luego, al triunfo de la revolución, se incorporó al gabinete con el rango de Ministro y hasta la fecha radica en Managua.

Comandante Víctor Manuel Tirado

Hago aquí un breve paréntesis para comentar que, por algún extraño designio del destino, El Rosario se ha ligado de manera inusitada con Nicaragua. Además del ya citado personaje habría que recordar que Don Francisco Apodaca y Osuna, nativo de Cacalotán, Rosario, Sinaloa, fue
embajador de México en Managua y entre su equipo iba otro rosarense, Rigoberto Lizárraga Rendón. Yo mismo, cuando era Cónsul General de México en Sao Paulo, Brasil, recibí la encomienda de hacerme cargo de los
asuntos de Nicaragua pues carecía la hermana república de una representación en aquella metrópoli. Visto así, fui Cónsul de Nicaragua durante tres años. Lo dicho, rara y memorable vinculación es esa.

Por ahí se rumora que el propio Sandino tenía raíces familiares en El Rosario, pero me temo que eso no lo puedo verificar

Pero volvamos a nuestra narración. La diplomacia ha sido característica distintiva de los “chupapiedras”, aunque no me refiero aquí a la conducta cotidiana de sus habitantes, cuya conducta probablemente es todo lo contrario de la definición clásica. No, me refiero a que el número de
rosarenses que ha incursionado en la diplomacia es admirable y tal vez poco conocido.

Sabemos que la literatura se ha enriquecido con la obra de Don Enrique Pérez Arce, amén ser uno de dos gobernadores; y sin duda resuena en esa materia el nombre del poeta Gilberto Owen. Sin embargo, poco se habla de
la carrera diplomática de Owen. Sirvió en los consulados de Nueva York, Detroit y Filadelfia; luego en la embajada de México en Perú, donde cometió un error diplomático serio al inmiscuirse en política local, lo que motivó que lo enviaran a abrir el consulado en Guayaquil, Ecuador. Más tarde regresó al Consulado en Filadelfia donde falleció.

Gilberto Owen

Otra coincidencia más: también fue cónsul en Filadelfia otro rosarense, Don Antonio Espinosa de los Monteros, quien además fue embajador de México en los Estados Unidos de 1945 a 1948. ¿Llevan la cuenta de los diplomáticos?
Pues aún faltan.

Como mencioné antes ,Francisco Apodaca y Osuna fue embajador en Nicaragua, pero también lo fue en Líbano y Finlandia. Carlos González Magallón, actualmente retirado y residiendo en Guadalajara, fue embajador en Yugoslavia y en Nueva Zelanda, amén de haber servido como cónsul en Osaka, Japón; Albuquerque, Nuevo México, Nogales, Arizona y Houston, Texas.

Por cierto, coincidimos en Texas pues a la sazón estaba yo cómo titular del Consulado General en Dallas. Creo digno de hacer notar que durante tres años hubiesen estado en manos de rosarenses los dos más importantes consulados de México en el Estado de Texas, y de segundo y tercer lugar después de Los Ángeles y Chicago en toda la Unión Americana. Mi natural modestia me impide abundar en los detalles de mi propia carrera, baste mencionar que anduve rodando por el mundo y solamente me faltó servir en África, después de haber estado adscrito a Norte, Centro y Sudamérica, Asia y, para una conferencia internacional, también en Europa.

Cuando presumía yo de que teníamos el más alto número de embajadores per cápita, me refería a él y a mí mismo, pero en realidad siempre hubo otros rosarenses en el servicio exterior, no necesariamente sólo como
embajadores. Orlando Espinosa de los Monteros continuó la tradición familiar como agregado cultural en varias naciones; Rigoberto Lizárraga realizó una larga carrera administrativa que lo llevó por todo el mundo, desde la propia Nicaragua (una coincidencia más), Jamaica, Líbano y terminó su carrera en el consulado en Phoenix, donde coincidió con otro rosarense, mi hijo Alan Hubbard Frías. Alan ha servido en Phoenix, Arizona, en San Bernardino, Calif., en Albuquerque, Nuevo México; luego en Toronto, Canadá, en Laredo, Texas y se encuentra actualmente, por
segunda vez, en la embajada de México en Washington.

Laguna del Iguanero, ruinas de la iglesia y el Cerro Yauco

Ya lo ven, no sólo surte el mineral de diplomáticos al servicio exterior, también los une de una u otra manera, las coincidencias son notables.

Falta todavía destacar la importante contribución de índole internacional efectuada por otro notabilísimo chupapiedras, me refiero al Dr. Guillermo Gosset Osuna, reconocido como Sinaloense Ejemplar en el Mundo. En
efecto, Guillermo dedicó su vida al estudio de la medicina y muy particularmente a la Medicina Pública.

Para muestra basta un botón:

Fue consultor de la Organización Mundial de la Salud en Pakistán, donde contribuyó a erradicar la viruela, hazaña que repitió en Somalia, donde además logró acabar con el último brote de ese mal por allá por 1977. También fue Consultor en Epidemiología para la zona Fronteriza de México y Estados Unidos en la oficina de campo de la Organización Panamericana de la Salud, misma labor que también realizó en Honduras y República Dominicana.

Se trata de otro tipo de diplomacia, pero tanto o más meritoria que la de los diplomáticos antes señalados.

Claro que no significa eso que TODOS los rosarenses sean diplomáticos, imposible ignorar la abundancia de locos, vagos, ocurrentes y chuscos. Mi papá decía que, a diferencia de otros pueblos, El Rosario nunca tuvo el loquito ese que todos conocen y toleran, así que nos tuvimos que turnar todos para llenar el cargo dignamente. Créanme que en ese rubro lo hemos
logrado a satisfacción, pero eso tendría que quedar para una segunda colaboración, si es que la hay.

*Embajador de México en retiro

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