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DE LUCHO GATICA AL “NEGRUMO”

Por viernes 30 de noviembre de 2018 Sin Comentarios

FAUSTINO LÓPEZ OSUNA

Acabo de enterarme por las noticias, que murió el cantante chileno Lucho Gatica, quien a mitad de la década de los años 50 del siglo pasado se consagró con la interpretación del bolero “Dios no lo quiera”, del inspirado cantautor culiacanense Enrique Sánchez Alonso, “El Negrumo”.
Para llegar a este punto, tuvo que pasar mucha agua bajo el puente. Sánchez Alonso, desde muy joven, abrazó su vocación con la guitarra, en el ambiente de la bohemia culiacanense que se vivía en el Mercadito Izábal. Ahí se conocieron él y Pedro Infante. Ambos en la plenitud de su juventud y con una hambre infinita de alcanzar el ”triunfo”, que todavía tardaría. Para sobrevivir, “El Negrumo” se convirtió en el acompañante a la guitarra de Pedro, en cuantas cantadas les salían, en fiestas particulares. En una ocasión que asistieron a amenizar una reunión familiar en Guasave, a su regreso, la avioneta que los transportaba se enganchó en el alambre del cerco de la parcela. Por poco quedan ahí mismo. A Pedro se le colocó de por vida una placa metálica en su frente. Al tiempo, Pedro alcanzó el éxito discográfico y cinematográfico. Enrique Sánchez Alonso siguió picando piedra con su guitarra y componiendo. Desde sus inicios, le cantó al terruño que lo vio nacer, dedicándole a Culiacán un bello danzonete: “Culiacán, linda tierra de Humaya/ mi cantar se hace a ti con amor”/, que llegó a formar parte del repertorio de todas las Bandas de Sinaloa de aquella época.
Pero las editoras de música en la ciudad de México le cerraron sus puertas. Por su prestigio, él se decidió por la Promotora Hispano Americana de Música (PHAM) a la que le llevaba canciones y canciones de su inspiración. Y nada. Hasta que un día Enrique Sánchez se cansó y les dijo que hicieran lo que quisieran con sus canciones. Y ya no quiso saber más de ellos.
Pasaron los años. Hasta que un día, estando Sánchez Alonso bebiendo cerveza con amigos en el establecimiento “El Guayabo” (¿o “En el tejabán de los suspiros” que tanto gustaba a José María Figueroa?), de Culiacán, escuchó por la radio “Dios no lo quiera”, con el cantante de más éxito del momento, Lucho Gatica. Se lanzó a México para ver lo de los derechos de autor y, para firmar el tema con la PHAM, puso como condición que también le grabaran el bolero “Corazonada”. Y Así sucedió. Y así ganó México el aporte de un gran cantautor. Fue contratado de manera casi permanente, para amenizar, de traje y corbatín, la cena de los asistentes al famoso restaurante del hotel Del Prado, de la avenida Juárez, frente a la Alameda Central de la Ciudad de México (que desaparecería por el terremoto de 1985). Al poco tiempo su bolero “Dios no lo quiera” fue el tema y título de una película con Silvia Pinal. Pese al éxito, Enrique Sánchez Alonso, siempre fue un hombre sencillo y modesto, solidario y franco. Nunca olvidó las veces que por las noches “mojaba la almohada” llorando de impotencia al no conseguir ninguna grabación. Y, aunque jamás pronunció media palabra de reproche porque nunca le grabó quien más había ayudado en la juventud, Pedro Infante, algo de aquella ingratitud del paisano, guardó para siempre.
Yo tuve la fortuna de haberlo encontrado en la ciudad de México entre 1961 y 1963. Él me orientó y apoyó en mis pininos como compositor “comercial”. Lo asombró y entusiasmó que desde mi primer canción presentada en la PHAM me fuera contratada. Aunque, como un buen padre, me hizo comprender que lo primero que tenía que atender, era el estudio. Yo no podía defraudar a mis padres, dijo. Siempre tendré la satisfacción de que las circunstancias que se presentaron en nuestro encuentro, permitieron que él supiera de qué tipo de canciones rancheras estaban solicitando las grabadoras. Y sirvió para que la idea de mi canción recién contratada “Donde te apriete el zapato”, le diera pie a su extraordinaria “Una pura y dos con sal”. Alguien ha de saber a la inspiración de quién se debió él éxito y la consagración del chileno Lucho Gatica, recién fallecido.

*Compositor, licenciado en economía

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