Nacional

Los sueños de la razón pesadillas son

Por domingo 23 de noviembre de 2014 Sin Comentarios

Por Faustino López Osuna*

Ya no recuerdo de quién es la frase que cito como título, pero a la luz de los últimos acontecimientos nacionales, se queda corta. De pronto todo mundo habla de la corrupción, pero no se menciona qué y quiénes la causan. Igual sucede con la inseguridad, que más parece efecto que causa, porque tampoco se dice qué y quiénes la provocan.

A la caída del bloque socialista y del fracaso del socialismo  científico, como se lo llamó, se desecharon todas las palabras de connotación marxista para tratar sobre la estructura económica y de la superestructura política, social y cultural de la sociedad.

Para no ser bloqueados (los conversos) en el acceso en la escala social, se regresó a considerar que solamente existen tres clases sociales: la alta, la media y la baja y se desechó el conocimiento objetivo, por comunista y ateo, de que nuestras sociedades están formadas por campesinos, obreros, etc. Otro tanto ocurrió con el análisis de la explotación del hombre por el hombre, por provocador y anacrónico.

¿Qué otras palabras de la economía política quedaron en desuso, con su consiguiente mutilación científica?

Lumpen. Conjunto de población marginada (apartada de la sociedad). Proletario. Persona que vive de un trabajo manual pagado a jornal. (Para la monarquía: plebeyo, vulgar). Lumpenproletariado. En la terminología marxista, grupo social formado por los marginados y que se caracteriza por no tener conciencia de clase, lo que facilita su manipulación por las clases dominantes (y por los partidos políticos, dirían algunos).

Plusvalía. Aumento del valor de las cosas. Aumento en el precio de un trabajo motivado por dificultades en el mismo. En la doctrina marxista, diferencia entre el valor de los bienes producidos y el salario que recibe el trabajador. Depauperar. Verbo transitivo del latín depauperare: Empobrecer.

Perturbador y no menos escandaloso (en tanto que escándalo, del latín scandalum: indignación que excita el mal ejemplo) es cómo se reparte la riqueza que produce México en un año: del 100 por ciento, el 90 por ciento va a parar al 10 por ciento de la población, y el 10 por ciento restante se reparte en el 90 por ciento de la población.

Cifras oficiales. Producción y repartición legal, de acuerdo al pacto social: el suscrito por la patronal o el gobierno de un país y la clase trabajadora. Dicho de otro modo: el Estado de Derecho (Instituciones, Constitución, Leyes, Reglamentos y Normas derivadas) garantiza la seguridad en la obtención de las utilidades pactadas de las empresas, nacionales y extranjeras.

Y mientras tengan esa seguridad en el lucro (legal) no les interesa la inseguridad provocada a la población por el crimen organizado, pues es, simple y sencillamente, problema del gobierno. Y viene el eufemismo: aunque la repartición de la riqueza como se describe es depauperante (con su carga acumulada de odio, rencor e indignación sociales), los tecnócratas y economistas vulgares la consideran “justo pago al capital por arriesgarse a invertir y crear empleo”.

No nos negamos a la razón. A los tres factores de la producción (tierra, trabajo y capital) ha de pagarse lo que les corresponde.

Pero donde algo no anda bien, es que el factor al que menos se le paga es al trabajo, que es el único que produce riqueza. Está demostrado que los mexicanos son buenos para  producir riqueza, pero muy malos para redistribuirla. Privilegiando al capital, el Estado de Derecho ha venido violando por décadas la Constitución en el apartado laboral, manteniendo un injusto salario mínimo que no cumple con su propio postulado.

Por otra parte, un análisis muy general sobre lo que le está sucediendo a más de un partido político en México con la irrupción de delincuentes en sus filas, nos obliga a pensar que ante la necesidad de incrementar el número de militantes, se les infiltró el lumpenproletariado, por no haber establecido filtros en el reclutamiento que obligara, ya no a tener conciencia de clase, sino a conocer siquiera la ideología del propio partido. (De ahí también los changos maromeros, como los conoce el pueblo).

Pero como los hay que se dicen católicos sin haber leído jamás la Biblia y los hay también que se dicen mexicanos sin jamás haber leído la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, qué importa. Como quiera se tienen que gastar los recursos que les asigna el INE, así vayan de por medio tragedias espantosas, irritantes y vergonzantes, como la de Iguala.

¿Acaso los dirigentes nacionales de tal o cual partido no se enteraron (en algún curso político) que tanto Vladimir Ilich Lenin y Fidel Castro Ruz (en Rusia y Cuba, respectivamente) cometieron el error, al triunfo de su Revolución, de abrir al pueblo en masa las puertas del Partido Comunista y muchos con el carnet en la mano, desde adentro, se dedicaron a hacer lo mismo que cuando andaban de anticomunistas, pero ahora saboteando a la Revolución? Tuvieron que cerrar por años el reclutamiento, depurar y reeducar a los que quedaron. ¿En las actuales circunstancias, se aplicará aquí algún corrector o no se hará nada por temor a perder el registro?

¿O siguen sin considerar que los sueños de la razón pesadillas son?

*Economista y compositor.

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