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Ingenio Rosales de Costa Rica, Sinaloa

Por domingo 23 de marzo de 2014 Sin Comentarios

Por Nicolás Avilés González*

pag 15 nicolas aviles1Te dejé hasta el último y fue a propósito, pero sabes y lo sabes bien que los últimos serán los primeros. Quizá te preguntaste qué es lo que pasa con este malagradecido que no se ha acordado de mí, ¡pero como no, si eres el personaje central de este relato, tanto que sin ti, estas polvorosas tierras de la costa sinaloense no hubieran tomado agua!

No se habría formado simplemente Costa Rica, por lo tanto, nunca hubieran arribado hasta aquí: tú,  él, ellas, nosotros, ustedes, todos los que vinieron de diferentes rincones de la geografía estatal y nacional, todos los que creyeron en ti y de estos, todos los que después aquí nacimos, los que somos de Costa Rica.

Sin tu presencia, imposible, nunca se hubiese decidido unir a tu destino tantas personas que venidas de muchos lugares se impresionaron con tu gallarda figura. Sin ti no hubiera decidido quedarse Avilés y Petra González y con ellos, todos los que luego nacimos.

Quizá hubiese visto la luz en El Rosario, de donde son ellos, en Mazatlán, Hermosillo o quizá ni hubiese nacido, pero el caso es que aquí estoy y fuí uno de tus tantos frutos como muchos otros; ¿sabes? tienes hasta tataranietos aunque no te hayas enterado.

Fuiste un padre generoso y desde el principio alimentaste a  tus hijos, creo que en esto se te fue la vida, pero además  endulzaste exigentes paladares de México y del  extranjero con tu azúcar color de luna, con tu azúcar color de plata. Dulce que a diario regalabas porque naciste para dar.

Te recuerdo vigoroso, palpitante, orgulloso de tu actividad y para esto  albergabas a cientos de obreros en tu enorme cuerpo, los cuales a diario desfilaban por el ancho camino que va desde la puerta hasta el batey;  mismo que los metía y sacaba de tus múltiples departamentos.

Este vaivén se repetía tres veces al día y así fue por casi cincuenta años. A unos se les veía venir desde el batey con rumbo a la puerta de salida, con loncheras vacías entre sus manos, se les veía satisfecho por haber cumplido con su turno de ocho horas.

pag 15 nicolas aviles2Los veía conversando, riéndose, gesticulando, otros cabizbajos  pero poco a poco acercándose hacia el reloj checador de Pepe Ceballos, el mismo clamp que un día fuera de don Enrique Milán; otras veces los veía alejarse de la entrada, paso a paso  hacia las grúas rumbo al batey, ahí donde estaban los cerros de caña quemada que te proveían los campos aledaños  para que te alimentaras, esta  era tu desayuno, tu comida y tu cena.

Muchas veces, después de husmear desde la puerta, vi la enorme espalda de mi padre caminar junto aquella tropa, rumbo a los molinos donde te alimentabas. No cesaba tu apetito, no cesaban tus ganas de regalar miel.

En este afán te mostrabas exigente con tus hijos y los ponías a laborar en serio a Nacho Tampico, Memo Valdez, Pascual Sosa, Juan Díaz Peña, Carlos Ontiveros, Iguana Cervantes, Chencho Urías, Atole López, Niño Martínez, Pullas Bodart, José Torres, Matorro Sainz, Horacio Olmeda, Lucio, Arsenio y el Negro Ríos, Pedro Tirado, Chuy Heras, Bernardo Téllez, Heriberto Gaxiola, Atilano Salazar, Vicente Nevarez, Benito Moreno, Fernando Liera, Froilán Arroyo, Carlos Hermosillo, los cuates Abitia, mi tío Arnulfo, mi hermano Paco y a mi padre Nicolás Avilés y a cientos que se me olvidan y reconozco que es por mi escasa memoria; les pido disculpas. Todos los que recordé y más que no, fueron los que soportaron tus ruidos, tu humo, tu olor a caña curtida por cincuenta años. Si, por cincuenta años, yo que nunca creí que se terminaran los movimientos de furgones y de tráileres que llevaban azúcar, nunca creí que  Ricardo Pérez, que  el Chuy el tonto y el Mudo pararan de llevar los lonches de tus obreros ¡te creí inmortal!

Maldito tratado…

pag 15 nicolas aviles3Tampoco creí que silenciaras tu silbato y que  ya no des las horas, que no despidas a tus hijos muertos y que ya no llores el año nuevo. Tú que orgulloso de tus enormes pulmones y tu gran garganta saludabas al nuevo día y despedías con tu llanto el año viejo, ¿acaso sigues en el aire y  estoy  sordo y por eso no te escucho o quieres que crea que te quedaste mudo? ¿Sabes? extraño el tizne que incesantemente vertías sobre el caserío aunque de esto no eras responsable, la culpa fue de otros; te hicieron chaparras las chimeneas y más de alguna vez te noté apenado sobre todo cuando no alcanzabas a soplar el hollín fuera del pueblo y  nos bañabas casi a diario. Más de alguna vez te creí maloso por lo que nos hacías, pero te confieso, hoy ya extraño lo extraño. ¿Para dónde te lo llevaste?… Ahora estas como las víboras o como las iguanas viejas, mudando tus cueros secos, ¡te estas quedando desnudo a propósito! o será el aire que te desgarra las vestiduras  y no te quieres dar cuenta, ¿estás viejo acaso?, sabes que los viejos se tornan desvergonzados y a estas alturas ya no te importe quedarte bichi.O quizá ya te moriste y no me he querido dar cuenta, pero esto no lo acepto mejor pienso que estas chocheando, esto es lo que prefiero padre mío. Escucha lo que te voy a decir; vas conmigo, como sacarte de mis huesos si fuiste mi todo, mi vida, mi sustento, ¿sabes?

¡He decidido que te mueras junto conmigo!

*Docente facultad de Medicina / UAS

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