Nacional

Preguntas al Gral. Antonio Rosales

Por domingo 20 de abril de 2014 Sin Comentarios

Por Gilberto J. López Alanís*

pag 4 Gilberto J1Se acerca el 150 aniversario de la Batalla de San Pedro donde el Coronel y Gobernador de Sinaloa Antonio Rosales Flores  venció a la expedición naval y militar del imperio de Maximiliano I, el 22 de diciembre de 1864.

Algunos sinaloenses nos preguntamos sobre el significado de tan contundente victoria y sus consecuencias para la causa soberana de la república, y que mejor oportunidad, la de preguntar al artífice de tan afamada proeza para intentar una respuesta que permee nuestro tiempo.             Así que una de estas tardes, sentado en una banca de la plazuela Rosales saliendo del edificio del antiguo Colegio, lo vi venir; erguido, de caminar pausado, vestido con elegante traje militar, pulcro, recién afeitado, con las relucientes insignias ganadas en varios combates, botas a media pierna negras y macizas retumbando en el adoquín haciendo eco en el conjunto y saludando a los paseantes que no daban crédito a lo que veían. Lo saludé y al contacto me asombró la tibieza de su mano, sus penetrantes ojos grises y para iniciar lo invité a caminar.

–Don Antonio, permítame molestarlo en su aparente y eterno descanso. ¿Por qué los franceses desembarcaron en Altata y a que venían?

–Los invasores habían ocupado las principales ciudades del país, principalmente las capitales de los estados, y tomar Culiacán, donde existía una Casa de Moneda, era dominar totalmente el Norte Mexicano; Culiacán era el objetivo, así que el Comandante de la Escuadra del Pacifico, dispuso desde el 10 de diciembre, despachar una expedición militar al mando de Gazielle, con el fin de tomar la ciudad.

–General; ¿Cómo agrupo a sus huestes y con qué armamento combatió?

–Yo venía combatiendo a los traidores desde el sur de Sinaloa; había ensayado la estrategia de presentar frente y retroceder para envolver al enemigo, tal como lo hice con el Tigre de Alica, y otros grupos, usando tácticas guerrilleras. Todo esto según el terreno donde se desarrollaba el combate. La posibilidad de adquirir armamento era muy escasa, el Presidente Juárez, había tenido fracasos de aprovisionamiento militar y sus enviados a la frontera de los EE UU, no habían respondido a la confianza depositada. Por nuestra parte, el armamento se adquiría en la confrontación con el enemigo. Teníamos dificultades para adquirirlo, las arcas del gobierno estaban vacías; los comerciantes estaban hartos de tantos préstamos militares y tantos años de lucha nos tenían sumidos en la miseria.

–Entonces como entusiasmó a la milicia que lo acompañó a combatir a los extranjeros que habían desembarcado en Altata?

–Mis efectivos militares fueron pocos pero muy experimentados y fieles; hombres curtidos en la lucha; en Culiacán, encontré una pléyade de jóvenes que ambicionaban dejar huella en la defensa de la patria. Apenas unos meses atrás, en marzo, Mazatlán había derrotado a fragata La Cordeliere, y el entusiasmo que provocó tan insólito bombardeo flotaba en el ambiente de Culiacán y ya sabe Ud. la rivalidad que existía y existe entre los pata saladas y los culichis.

Arengué a la raza del mercado, a los aguadores, trabajadores de los sembradíos, los arrieros y gambusinos, aparte de algunos señoritos de las familias pudientes que se rebelaron ante el autoritarismo de sus padres y del señor cura. También surgió en Culiacán una bandera y par de plebes con corneta y tamborcillo que insuflaban el ánimo patriótico. Querían defender Culiacán, única capital republicana que no había sido tomada por el Imperio.

–¿Por qué no los esperó a las orillas de la ciudad, donde se supone que llegarían cansados de la travesía desde Altata?

pag 6 jaime irizar2–Hubiera sido un error; ellos así lo esperaban, con la intensión  de obligar e incorporar elementos de pueblos aledaños; como tuve noticias de esta incursión, tuve tiempo de reconocer el terreno desde el puerto hasta Culiacán y decidí que en el pueblo de indios de San Pedro Colomoto debiera desarrollarse el combate donde podríamos vencerlos, por las condiciones del campo a lo que no estaban acostumbrados; su planeación militar era muy sofisticada pero irreal; no sabían de choyas, alhuates, espinas, sabandijas, hoyos, hondonadas, ramas, ni del ulular de la plebada, que les tenían un odio exacerbado; aparte traía en mis filas indios flecheros de arriba de Culiacán. Gané la iniciativa. Incluso en las cartas que me mando Carmona, el 20 de diciembre, ofreciéndome garantías y prebendas si defeccionábamos, encontré que su ánimo estaba muy decaído, pero  su ambición sobre la Casa de Moneda  le nubló el entendimiento. El momento era nuestro.

–Como empezó el combate?

–Les dimos un primer entre cerca de Navolato y se engancharon, nos los fuimos trayendo con pequeñas escaramuzas, sin exponer mucho ni anunciar el contingente que teníamos hasta que ya entrados cerca de San Pedro, antes de llegar, quedaron atrapados en un corredor natural donde su caballería poco pudo hacer, hicimos descargas con nuestros fusiles a la distancia convenida y ante la imposibilidad de seguir con esta ofensiva, lanzamos la infantería a la lucha cuerpo acuerpo, no les dimos tiempo de nada, el ardor de los plebes, el toque del corneta, las flechas de la indiada y la bizarría de los oficiales les quebraron la formación y el alma. Enterraron las bayonetas en la arena del río y se declararon vencidos. La oficialidad intervino para volver al orden y evitar una masacre; Culiacán se había salvado.

–Como entraron a la ciudad?

En orden, con la bandera en alto, al redoble de unos tambores que salieron de no sé donde, entre vítores de la gente de Culiacán, que se juntó en la plaza de armas. Escogí la casa de Moneda para albergar a la oficialidad y a los heridos. El Dr. Ignacio Praslow, se hizo cargo del hospital con un sequito de señoritas enfermeras y señoras muy eficientes que atendieron a todos por igual.

–Que pasó después?

El 23 de Diciembre rendí el parte militar explique lo sucedido al Ministerio de Guerra y anuncié las promociones que estaba por otorgar. El presidente Juárez conoció nuestra victoria la ponderó como muy importante, incluso vaticinó que ya nada podía detenernos, y me otorgó el Grado de General de Brigada. Perdoné a la oficialidad enemiga; a la tropa le ofrecí lugares en nuestras fuerzas y me preparé para entregar la gubernatura; mi tarea estaba cumplida. Defendí a Culiacán con el concurso de sus habitantes y esperé los acontecimientos. Algunos heridos fallecieron en el hospital militar, entre los que se encontraron mexicanos, suavos y franceses.

— Que recuerdos tiene de la ciudad capital de Sinaloa?

–Quiero mucho a Culiacán, es la ciudad que me ofreció la oportunidad de ser su Prefecto, y su Comandante Militar; donde conocí virtudes y defectos de sus  habitantes, donde me enamoré de unos preciosos ojos mestizos que mi miraron cuando una intensa luz me cegó entre las torres de la parroquia de Álamos.

–General permítame otra pregunta.

–Ya no tengo tiempo, se está escaseando la luz, y sin ella no existo, convócame más delante…

*Director del Archivo Histórico de Sinaloa.

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